CAPÍTULO 1

"El accidente"


Todavía recuerdo bien la fecha, 20 de enero de 2014. Mi padre, Michael, nos reunió a mamá y a mí en el living de la casa y nos comunicó con un breve discurso que había decidido que era tiempo de que nos tomáramos unas vacaciones familiares; la primera después de cinco largos años de exhaustivo trabajo en la empresa y pocas horas compartidas con nosotras. En ese instante, salté de felicidad y abracé a papá. La noticia me sorprendió mucho porque él no era la clase de persona que simplemente aparecía de la noche a la mañana con algo así, pero como mamá ni siquiera se inmutó con la decisión de papá, me hizo pensar si en realidad era algo que habían acordado entre ambos o si papá lo había planeado solo. Sin embargo, traté de no pensar en eso, y comenzar a disfrutar de la última semana en casa antes de partir a nuestras vacaciones; aunque lo que más me preocupaba era a dónde iríamos, ya que papá omitió todo tipo de detalle acerca del destino elegido. Además, solo faltaban tres semanas para mi cumpleaños y me pregunté si tal vez este viaje tenía algo que ver con mi regalo.

Como las clases habían terminado hacía dos semanas, todas mis amigas se encontraban fuera de la ciudad, lo cual hacían mis días bastante largos y sumamente aburridos, y lo único que me mantenía alegre era la idea de que cada vez faltaba menos para el viaje, exactamente cuatro días menos.

Papá era el vicepresidente de una pequeña empresa en vías de crecimiento que se encargaba del desarrollo de teléfonos móviles, y trabajaba muy duro para que la compañía llegara a ser una de las más importantes del país. No nos dijo a dónde iríamos, solo que empacáramos ropa de verano y mucho protector solar. En mi cabeza rondaba la idea de que papá recordara mis repetitivos y a veces molestos comentarios acerca de cuánto deseaba festejar mi cumpleaños número dieciséis en México, pero también era consciente de que eran muy pocas las cosas que papá sabía de mí, o que al menos lograba escuchar de mis tediosas conversaciones, aunque esa era la impresión que me demostraba su rostro al ni siquiera intentar mirarme cuando quería que se interesase por mis cosas.

Me levanté exactamente a las cinco en punto de la madrugada, y por primera vez en mis cortos años de existencia logré despertarme sin ningún tipo de problema y sin necesidad de que mamá tuviera que llamarme, como lo hacía todos los días para ir a la escuela; en realidad, me levanté tan feliz que ni siquiera me importó que estuviese lloviendo a cántaros, algo que podría llegar a demorar nuestro viaje. Inmediatamente traté de darle los últimos preparativos a la enorme maleta que llevaba y que había sido regalo de mi mejor amiga Sally hacía dos años atrás, pero que nunca tuve la oportunidad de usar. Llené la maleta con todo lo necesario para un clima caluroso, como musculosas, shorts, remeras manga corta, algunos jeans, tres o cuatro bikinis, y nunca estaba de más llevar un abrigo. Al terminar de armar mi maleta fui a despertar a mis padres.

Como de costumbre, mamá ya estaba despierta. La encontré en la cocina preparando café y unos sándwiches para comer en el camino. Me dio un beso en la mejilla y me dijo:

─Qué hermosa que estás Lya. Más hermosa de lo usual. ─Su tono de voz estaba entrecortado y pude llegar a ver que algunas lágrimas querían escaparse de sus ojos color miel.

─Gracias mami, tú también luces más linda que nunca, pero no entiendo por qué la repentina tristeza, ¿sucede algo? ─pregunté un poco intrigada.

─No hija, ¿qué podría suceder? Es solo que he notado que has crecido tanto en el último tiempo y recordé que hace algunos años atrás solíamos salir a comprarte muñecas, juguetes... No lo sé, creo que acabo de darme cuenta de que ya no eres mi niñita, ya eres una adolescente y eso me hace sentir un poco de melancolía.

Después de la vida ©¡Lee esta historia GRATIS!