Capítulo 44: Contratos

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Narra Erika

El colosal navío urgió entre el agua de nuevo desde hace mucho tiempo, milagrosamente sostenido por la magia de la hechicera, evitando que los restos mohosos y destartalados se soltaran. En cuanto nos pusimos en marcha y navegábamos ya a alto mar, mi cuerpo fue sintiéndose de nuevo mío poco a poco.

A pesar de la terrible sensación de volver a tener conciencia en mi misma, no note nada más. Ni siquiera un sobreexceso de maana, donde solo era necesario una dosis más de lo que estoy acostumbrada para sentirme abrumada.

Quizás la bruja no había cumplido, y mis poderes seguían en el mismo estado. O incluso nulos. Intente sin éxito prender una chispa chasqueando mis dedos, acercar un trozo de madera hacia mi con telepatía o cualquier pequeño hechizo ya controlado, pero no hubo rastro de magia.

— ¿Donde están mis poderes? —reclame a la bruja, a pocos metros de mí dirigiendo el timón del barco—. ¿También mentiste en eso?

— Notó un ligero mal gusto por tu parte, querida. He permitido que estés revoloteando libremente. —replicó, levantando una ceja y mirando por el rabillo del ojo—. Obviamente, tus poderes en mi barco están limitados a 0. No soy estupida, sabes.

" No, por supuesto que no..."

— No, por lo que veo lo soy yo por aceptar tu maldito trato. No debí fiarme de ti.

— No debiste pero lo hiciste. —rimo ella.

— Tsch... bruja. —susurre.

Tampoco deseaba caldear los ánimos. No me convenía volver a convertirme en una estatua y sumirme en sus manos, así que preferí alejarme de ella y dejarla tranquila mientras yo inspeccionaba el lugar.

Todo se mantenía destartalado hasta los camarotes. donde se podía ver el agua del mar entre los huecos de la madera podrida, aunque sorprendentemente y por ayuda de la magia el agua no se adentraba al interior.

Las camas (o lo que quedaba de ellas) eran simples soportes con mantas deshilachadas y podridas. Si era cierto y su uso no había retornado hacia 1.000 años, me horrorizaba la idea de dormir allí.
Para mi desagrado, la noche había caído sobre nosotras en un tiempo sumamente veloz.

Cuando fui a asomarme a la parte delante del barco, una peste a pescado me echo para atrás como una bofetada. Repugnada, me dirigí hacia el foco de tal repulsivo olor.

— Mira quien está aquí para la cena. —canturreó la bruja entre dos pares de peces muertos, comiendo parte de uno completamente crudo—. Sírvete.

Los miré con desagrado y con el estómago clamando por algo de comer;

— No tendrás... ¿algo para cocinarlo?

Me miro confundida y suspiro revoloteando las pestañas y girando los ojos.

— Tu estómago sigue siendo el de una humanucha, debí suponerlo. Que molestia.

Me lanzo un cuchillo, un trozo de madera relativamente seca y un par de piedras. No supe cómo reaccionar y quede observando los objetos durante varios segundos sin saber exactamente qué hacer.

— No puedes... ¿hacer fuego?

— ¿Fuego? ¡Ha! —escupió de golpe la médula de un pez, dejando el esqueleto en el suelo—. Soy una bruja de mar, niña, ¿como puedo hacerlo?. Además, dirás  que no sabes hacer un fuego para alimentarte, los humanos lo utilizáis siempre.

Estúpida Faelienne [ELDARYA] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora