De miedos y enigmas

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Un sonoro quejido abandonó la garganta de Fiorella en cuanto el despertador le indicó que sus horas de sueño habían llegado a su fin. Bostezó varias veces hasta que le lloraron los ojos, mientras se removía las grandes legañas que no le permitían abrirlos del todo. Decidió realizar algunos ejercicios de estiramiento antes de ir a prepararse un café bien cargado que la sacara del amodorramiento. Varios minutos después, salió al balcón para tomar aire fresco y entrenar sus habilidades vocales. Una enorme sonrisa se acomodó en su semblante cuando recordó los regalos inesperados que ese hábito había traído a su vida.

Aún le resultaba increíble el hecho de que su canto a cappella hubiera sido uno de los factores que contribuyó a que volviera a ver a Mauricio. Si ella no tuviese esa costumbre, quizás él no se habría percatado de que vivían en el mismo edificio. Solía marcharse más temprano que ella hacia su lugar de trabajo y muy rara vez les coincidía el momento de encontrarse al regresar a sus hogares. A pesar de que eran vecinos, sus caminos podrían no haberse cruzado nunca más.

¡Cuánto agradecía las dichosas coincidencias que la habían llevado hasta el joven Escalante! De no haberlo conocido, existían altas probabilidades de que sus viejos miedos continuaran atormentándola con mayor frecuencia que antes, arraigándosele aún más en el espíritu. Si bien no había logrado dejar el pasado atrás por completo, las visitas del otrora insistente dolor de la culpa eran cada vez menos recurrentes. La terrible desconfianza que antes se interponía entre ella y el muchacho ahora era casi inexistente. Ambos habían comenzado a abrir las puertas de sus corazones y eso aún la conmovía.

Con aquellos hermosos sentimientos a flor de piel, la muchacha decidió entonar una balada muy especial en esa fresca mañana. Cada estrofa rebosaba de frases apasionadas de parte de una chica para el hombre de su vida. La forma en que el amor y la admiración habían sido plasmados en esa composición podía robar suspiros hasta llegar directo al alma. Eso era justo lo que ella deseaba. Tras calentar la voz, las palabras comenzaron a fluir como un manantial de miel.

I never met a man quite like you, doing all he can, making my dreams come true. You're strong and you're smart, you've taken my heart and I'll give you the rest of me too. You're the perfect man for me, I love you, I do. Mmm, I love you...

La tonada alegre y la romántica letra de aquella canción que había sido interpretada por Jennifer Hudson para la película Dreamgirls eran la viva expresión de las emociones de Fiorella. Ya no le atemorizaba gritar a todo pulmón que estaba muy enamorada de su novio. El fuerte afecto que sentía por él iba haciéndose más poderoso cada día. Mauricio le ofrecía mucho más de lo que ella había esperado recibir y se lo entregaba de forma sincera.

No todos sus cantos matutinos iban dedicados a él, pero esa mañana en especial sentía más deseos que nunca de hacerle llegar su amor a través de una canción. Como solía hacer cuando quería darle a entender que el mini concierto del día era para él, la chica se giró para mirar hacia arriba antes de comenzar a imprimirle su sello personal a la melodía elegida.

Una sonrisa entusiasmada la recibió desde el piso once. A Mauricio siempre le ilusionaba escuchar las letras que ella escogía para obsequiárselas a él. Al poco tiempo de que su novia comenzó a cantar, el rostro del varón pasó de la alegría a la estupefacción. Aunque no estaban tan cerca el uno del otro como para asegurarlo, la jovencita casi podía jurar que el muchacho estaba temblando en ese momento. A medida que la canción avanzaba, las mejillas de su vecino se convirtieron en el lienzo de una amplia gama de colores.

Las tonalidades en su piel pasaron de la palidez que antecede a un desmayo hasta el rubor propio de la vergüenza incontrolable. El pecho del chico se movía un poco más rápido de lo normal cuando se alejó de la barandilla. Sin previo aviso, el inquilino del apartamento cincuenta y dos desapareció del balcón, justo antes de que la artista pudiese entonar el último verso de la balada frente a él.

Fiorella a cappellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora