15 de marzo

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Querido Phillip:

Lamento haberte dejado tan abruptamente en la historia. Es algo doloroso recordar como te dije antes. Pero en fin, hoy es un nuevo día y no dejaré la bella costumbre de escribirte una carta.

Isabel me encontró y me llevó a la Granja de los Tordos, un pequeño lugar al parecer no tan alejado de las Cumbres donde una familia muy adinerada vivía. Los Linton.

Isabel y Eduardo Linton vivían solos en esa gran mansión junto con una ama de llaves llamada Elena y un ayudante llamado José. Isabel al encontrarme, me llevó a su cuarto y empezó a hacerme todo tipo de preguntas. Debo decir le costó mucho trabajo, ya que yo no estaba consciente de lo que pasaba hasta media hora después de llegar a la Granja. Cuando pudo finalmente hacerme decirle algo de información, se quedó congelada. Yo no entendía por qué. Me tomó del brazo y me jaló hacia un gran jardín justo al fondo. Pude diferenciar dos amantes unos cuantos metros de nosotros. Sin embargo; un gran árbol los cubría y no reconocí ninguno de los dos rostros.

Aliceme dijo Isabel con la voz cortada- TÚ y yo tenemos cosas que hablar. Esa mujer ha venido a visitarnos desde hace un tiempo. Estoy desesperada, mi hermano está muy raro desde que ella viene... Tú... la conoces.

—¿Y quién es?—dije. Mi corazón comenzó a latir muy fuerte cuando uní sus palabras con los recientes acontecimientos en mi vida. No podía ser. No podía ser.

—Esa señora, es tu madre.

Di unos cuantos pasos más hacia adelante. Mis manos temblaban pero quise comprobar por mí misma lo que Isabel afirmaba. Estando ya a solo unos cuantos pasos de la pareja, suspiré. El señor Linton pareció escucharme y volteó directamente hacia donde yo me encontraba. Sus ojos azules se fueron directamente hacia los míos. Sentí de inmediato cómo la sangre empezó a subir a mis mejillas. Era alto, fuerte, de tez blanca y guapísimo en verdad. Tarde más de diez segundos en despegar mis ojos de ese hombre.

—Eduardo ¿Qué sucede?—Pronunció entonces la mujer que él abrazaba.

Eduardo sonrió en mi dirección. Un cosquilleo recorrió todo mi cuerpo en cuanto vi esa sonrisa perfecta.

—Hay alguien ahí—dijo con la voz más bella que había escuchado. Encajaba perfectamente con todo él. Elegante, gruesa y firme.

Fue entonces cuando vi el rostro de mi madre volteando hacia mi dirección. Su rostro se llenó de asombro. Tan pronto me vio, se alejó de Eduardo Linton más rápido de lo que un halcón vuela por el cielo.

—Alice, ¿Qué haces aquí?

—La abuela murió—le contesté con la voz más calmada que pude.—Mi padre me ha mandado a buscarte.

—La encontré recostada en la hierba mientras iba de camino a Himmerton esta mañana—dijo Isabel, uniéndose a nosotros. —Estaba muy mal, y llevaba horas sin comer. No tenía idea de que era su... hija, hasta que ella me lo vino a decir. Ahora veo que la señorita no mentía.

Mi madre se quedó sin habla. Parecía paralizada.

—No me habías mencionado que tenías una hija mi querida Cathy, que escondido te lo tenías. No cabe duda que cada día me sorprendes más.— Eduardo comenzó a reír—Es de verdad, muy hermosa. Lamento tu pérdida, pequeña—me dijo entonces.

Las piernas empezaban a temblarme. No entendía la razón de mi reacciones ante cada movimiento de Eduardo Linton. Sentí de nuevo mis mejillas enrojecer y una sonrisa salió de mi rostro hacia su dirección. Él me la devolvió, causándome vueltas en la cabeza.

—No es nada. Vengo por mi madre. Es lo único que quiero.—Pronuncié de una forma increíblemente rápida. Apenas acaba de terminar la oración cuando me preocupé. ¿Habré sonado muy ruda? ¿Y si lo ofendí? ¿Y si dejaba de pensar que yo era hermosa?

—No tengo intenciones de irme—dijo mi madre, ya más recuperada.—Ya volveré después, no era necesario que vinieras hasta aquí, Alice.

—Mi padre de verdad quiere verte—Le dije a mi madre, con la esperanza de que volviera conmigo o en su defecto, me dejara quedarme. Me aterraba demasiado volver a salir después de aquella última vez.

—¿Por qué no te quedas unos días, Alice?—me dijo Eduardo. Hay mucho lugar aquí y te prometo que te la pasarás muy bien.

Mi madre no dijo nada y se apresuró al interior de la casa. Al parecer estaba avergonzada. Isabel le siguió y yo me quedé sola con Eduardo Linton sin quitarme los ojos de encima y yo de él. De verdad, estaba fascinada. No podía dejar de verlo. Sus ojos eran tan hermosos, su cuerpo tan atractivo, su voz tan angelical, sus mejillas eran de lo más adorable.

No se cuanto tiempo pasamos viéndonos el uno al otro. El tiempo se detuvo de repente. Apenas y llevaba cinco minutos de conocer a este hombre y mis más grandes deseos ya estaban en acercarme más hacia a él. ¿Qué loco suena no, Phillip? Sentía una enorme atracción por el hombre que había tenido a mi madre lejos de casa. Sentía atracción por quien acaba justo de soltarla de un abrazo y puedo jurar antes de un beso, y por alguna extraña razón, él había escogido quedarse observándome en lugar de correr tras ella. Esto no iba a traer cosas buenas y yo lo sabía. Pero era tan... atractivo que mi cerebro apenas y lograba comprender los recientes hechos. Solo estaba él, enfrente de mí. El tiempo se había detenido y mi corazón nunca había palpitado más fuerte que en ese momento. Habían pasado cinco minutos, y sentía haberme enamorado a primera vista. Tal y como en las historias que solía contarme la abuela. Eduardo Linton entonces me invitó a conocer la casa. El infierno que vivía tal parecía haber tenido un tiempo de luz. Jamás me había sentido más feliz mi querido Phillip. Pero como mencioné antes, los hechos eran los hechos y mi atolondrado cerebro no se imaginaba la locura que cruzaría mi vida a partir de ese día.

Pronto llegaremos al presente, estás a punto de conocer mi vida actual. Como podrás darte cuenta, cinco minutos pueden ser demasiados preciados para alguien. Cinco minutos pueden hacer la diferencia. Cinco minutos, tales como el momento en el que te conocí.

Espero oír de ti pronto.

Alice

Querido Phillip:Where stories live. Discover now