La Cabaña en la Cima

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No era que podías llegar a ese lugar al sobrevivir los altos árboles, tampoco era la emoción de pasar horas entre la naturaleza, era lo que se encontraba al final de la arboleda lo que en realidad atraía a todos aquellos que escuchaban sobre ella.

                                                            ***

Después de pasar horas intentando encontrar la casa, al fin salías a tu destino. Sí, era una casa pero no era como cualquier otra, detrás de ella podías divisar el mar. Verás, esta construcción se encontraba en la cima de una montaña, por qué aunque no lo notabas ibas subiendo y subiendo mientras atravesabas los frondosos árboles que la ocultaban.

            Se encontraba allí casi desafiando la gravedad, era una hermosa casa de altas ventanas rectangulares, estaba hecha de un material como el mármol, era blanco y parecía duro como el diamante pero a leguas se notaba no era algo de este mundo. Llegué hasta la entrada de ese hogar, tenía miedo de entrar porque quizás sólo se mantenía en pie y no caía hacia atrás, hacia el fondo del barranco y contra las olas del mar, que se podían escuchar a los lejos, era probable que no cayera porque tenía el peso justo, ya el suelo bajo ella se había acostumbrado y por eso no cedía, ¿pero qué pasaría si yo entraba? ¿Y si caía a una muerta segura? Fue entonces cuando la puerta se abrió, mientras yo me encontraba allí frente al portal sopesando mis opciones.

-¡Hola! -me saludó con alegría la menuda figura de una persona, me tomó un momento reconocer que a pesar de su baja estatura no se trataba de un infante, era un hombre con algunas canas ya visible en su cabellera enrulada y corta-. ¿Qué tal? -dijo aun con una sonrisa.

-Hola -dije al final, recordando mis modales-, ¿qué es este lugar? -lo cuestioné.

-¿Quieres pasar? -me ofreció con un gesto de la mano y apartándose a un lado, lo dudé seriamente. No lo conocía, no sabía que había dentro, bien podía haber una docena de opciones aterradores esperando detrás de esa puerta, el hombrecillo seguía mirándome con amabilidad y no quise ser maleducado, por ello con un soberano esfuerzo y pidiendo a todos los espíritus del universo que me guiarán, di un paso adelante, la casa rugió por un segundo y casi me devolví corriendo pero al calmarme noté que nada se movía y cuando miré hacia abajo noté que lo que había sonado era el peso de mis botas montañeras sobre el piso, que estaba hecho de una madera oscura y brillante. Con más confianza, di un paso más y al notar que mi corazón latía con más tranquilidad y mi instinto se había calmado, me interné en la casa detrás de la arboleda con más serenidad.

     Escuché la puerta cerrarse detrás de mí y por poco di un respingo. « ¿Qué te pasa?» me regañé, «Sólo ha sido la puerta».

-¿Has subido por la arboleda? -me interrogó el hombre, yo asentí mirando alrededor, me encontraba en lo que solo podía ser la sala de la casa, un mueble frente a un ventanal, al otro lado se divisaba una pequeña cocina y enfrente se abría un pasillo hasta el fondo de la casa, al final del mismo se hallaba una ventana igual de rectangular que el resto y desde allí se podía ver el amplio paisaje que se extendía detrás de la casa. El mar, el cielo, y los pájaros que pasan de cuando en cuando frente al ventanal.

-¿Vive solo? -pregunté mientras me indicaba que lo siguiera, entrando en lo que definitivamente era una cocina.

-No -replicó mi anfitrión moviéndose con agilidad por el pequeño espacio, yo me senté sin más esperando a que él hablara primero, nuevamente-. Mi nombre es: Jacobo -se presentó.

-Un placer -respondí-, soy Julio.

-Encantado de conocerte, dime… -empezó mientras se volteaba con una tetera en mano, ya caliente, aun no sé cómo lo logró en tan poco tiempo-. ¿Te gustaría escuchar una historia interesante?

Detras de la Arboleda¡Lee esta historia GRATIS!