Capítulo 12 - Futuros padres (En edición)

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Mi cabeza dolía montones.

Tanto, que no me permitía pensar con claridad.

¿Cuando fue la última noche que no me alcoholice?

Mi espalda dolía como el demonio, dormir en un sofá en vez de en una cama de agua produjo un cambio notable.

Lo único que podía oler era mi propio sudor, y mi aliento a cerveza; no importa cuanto dinero tenga para poder emborracharme con tragos caros, continuare tomando cerveza, de la misma que tomaba en mi adolescencia.

Me senté en el sofá y observe a mi alrededor, unas cuantas cosas rotas, un par de chicas durmiendo en el suelo en poca ropa, sin duda no me impresionó.

Ninguna de estas se despertó, y no tenía la intención de despertarlas yo. Luego lo haría alguna de las del servicio de limpieza.

Me levante del sofá y busque a Charles con la mirada, mi buen mayordomo.

Abandoné la sala de estar y me adentre en la cocina.

- ¿Despertó, señor Márchese?- la voz gruesa y raspada del hombre me hizo sobresaltar.

Aunque la presencia repentina de él me habla tomando por sorpresa, pude hablarle con un estupendo y natural sarcasmo.

- No- me burle-, camino dormido.

El hombre no hizo ningún gesto de risa o diversión, o siquiera un mínimo gesto de fastidio hacia mi. Ni un gesto de desprecio. Nada.

Después de tenerlo durante dos años y medio, había comenzado a sospechar que mi eficaz mayordomo Charles carece de emociones. Una especie de robot humano.

- ¿Requiere algún tipo de pastilla o algo para que le quite el dolor de cabeza?

Charles me conocía bien, aunque no es muy difícil identificar cuando alguien tiene resaca.

Y allí fue cuando noté que Charles conocía todo de mi, pero yo solo conocía su curriculum y su nombre.

Observe al hombre y pregunte en vos alta, sin la verdadera intención:

- ¿Con su familia es así de frío?

Fue la primera vez que observe algo humano en Charles. La primera y, sospechaba que sería la última.

También fue la primera vez que le pregunte a alguien que trabaja para mi sobre su familia o cuestiones personales.

Observo mis ojos durante unos segundos. Un pequeño brillo lleno de dolor se intercalo en la mirada vacía y fría que siempre poseía.

No respondió, sin embargo me ignoro, fue la primera vez que hacia eso. Siempre pensé que Charles era el mayordomo más eficiente, ya que nunca lo he escuchado compartir con nadie sus experiencias personales.

Es grato creer que no tiene vida a parte de su trabajo; se que no es un pensamiento del todo humilde y humano. Al menos acepto que soy una persona egoísta, soberbia, orgulloso y altivo.

- Quiero la pastilla de siempre, Charles.

Él hombre que rozaba los cincuenta años, volvió a observarme a los ojos. Ese pequeño resplandor de dolor había desaparecido. No sabia si eso era bueno o malo.

- Iré a buscarla- hizo una pequeña pausa que todo el mundo pasaría por desapercibida-, señor.

Su tono de voz era el de siempre, lo que me fastidió, ¿no puede tener un día bueno? ¿O uno malo? ¿No puede dejar de ser el mismo por un momento?

Dejé de pensar en mi mayordomo y me dirigí hacia mi sala de ejercicio. Mi gran departamento, para ser más específicos, un penthouse, tenía una hermosa vista de la gran cuidad, nada menos que New York. Hace bastante había decidió venir a vivir aquí, para ser exactos dos años.

Cómo Ocultar un Secreto a Todo el Mundo © HISTORIA COMPLETA (En edición)¡Lee esta historia GRATIS!