Capítulo 15

1K 101 22
                                          

Ser espía tampoco era como lo pintaban las películas. Menos si tu objetivo de escudriño era el rector de El Refugio.

Los últimos días me la había pasado observando a Amos de cerca y, a pesar de no descubrir casi nada, me di cuenta de que no sabía nada sobre él. O sea... nada.

¿Qué era?

Había supuesto que un ángel, pero... ¿y si no? El Refugio era un albergue sobre todo de ángeles asesinados, pero también había demonios, así que podía ser un demonio, ¿verdad? Un castigador era lo que suponía hasta el momento, ya que no veía distintivo en él. Se la pasaba la mayor parte del tiempo en su despacho y solo salía para ir a la Habitación de Refuerzo o para ir al baño. Y también me percaté de que nadie entraba a su despacho sin que él no estuviera dentro, por lo que me decidí pasarme por allí esta noche cuando estuviera en su habitación, durmiendo.

—¿Qué clase de comida es esta? —se quejó Karina frente a mí revolviendo con su cubierto las raciones de arroz y menestras en su plato.

—Vamos, Karina, no está mal —le dije.

—No, claro que no, si fuéramos perros. —Soltó el cubierto y recostó su quijada en la mano, bufando. A su lado vi a Dotch mirarla con algo de molestia en sus ojos—. Extraño la comida de El Refugio.

—Sabes que no podemos darnos muchos lujos, Karina —le reprendió Elena dando un bocado de su comida. Se contuvo de hacer una mueca, pero en sus ojos se le notaba: no gustaba de la comida aquí.

Me imaginé que como se la habían pasado toda su vida viviendo con lujos y banquetes de comida ahora les resultaba asqueroso una comida del tipo casera. La verdad era que no le llegaba ni a los talones de lo que se preparaba en El Refugio, pero como había dicho Elena, ya no estábamos rodeados de lujos. Teníamos que subsistir con lo que tuviéramos y los chefs tampoco podían hacer magia con sus manos.

Yo, la verdad, estaba bien con mi comida.

—Si no comes te morirás con los entrenamientos —le recordó John. Y tenía razón, Damian no se apiadaba de ninguno; ni siquiera de la chica que le gustaba.

Tuve que reprimir una sonrisa al recordarlo.

—¿Algo que me haya perdido? —canturreó una voz a mi derecha.

Di un respingo y el cubierto se me fue de las manos. Le lancé una mirada asesina a Damian. Éste se encogió de hombros y siguió engullendo. A un costado sentí su mirada, pero no fui capaz de buscarla, sino que bajé la mía a mi plato.

Me sentía mal, realmente mal desde el día que me había besado con Damian, y desde entonces evitaba a Drake siempre que pudiera. Trataba de hacer lo mismo con su hermano, pero no me resultaba muy fácil escabullírmele cuando tenía que entrenarme con él cada dos días y menos si se empeñaba en sentarse a mi lado en la mesa cada vez que íbamos a comer.

—Ya que lo mencionan, ¿cómo van los entrenamientos? —preguntó Amos en el extremo izquierdo de la mesa.

Al igual que en El Refugio, el comedor estaba dividido con varias mesas, y nosotros siempre nos sentábamos en la principal, con Amos.

Damian tomó un sorbo del agua antes de hablar.

—Muy bien, señor. Elena, John y Karina están por pasar al nivel tres, y Brooke aprende rápido.

Sentí mi pecho hincharse de orgullo.

Amos dio un asentimiento.

—Bueno, han avanzado más rápido que en El Refugio, eso está más que claro.

Me atreví a echarle una miradita a Drake. Miraba su plato fijamente y revolvía la comida al igual que Karina, pero estaba segura de que él no lo hacía porque no le gustara.

Caelum ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora