CAPÍTULO 7: Baile de Máscaras

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Salí del gimnasio para darme un baño rápido antes de ir al club

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Salí del gimnasio para darme un baño rápido antes de ir al club. Era un sitio clandestino, ubicado un nivel por encima del suelo, lo más alejado posible de la alta montaña de Hefesto para ocultar lo que sucedía dentro.

Se trataba del único sitio en el que podíamos ser nosotros mismos, liberarnos de la rutina y la presión que vivíamos a diario en la isla. Así que solté mi cabello, dejándolo caer suavemente por mi espalda como olas doradas, por fin liberado de sus ataduras.

Lista para salir, me calcé unas altas botas y entré al cuarto de mi hermano. Seguía vacío.

Cuando había vuelto del gimnasio, me había dirigido a gritarle a Pólux por su imprudencia pero él ya se había ido, probablemente anticipando mi reacción cuando me enterara de la fiesta.

Pasé a buscar a mis amigas y nos dirigimos hacia la fiesta. La verdad es que me encantaba ir al club, pero un dioscuro desaparecido sonaba como la antesala a una tonelada de problemas.

El edificio del club parecía abandonado, no tenía ningún cartel ni indicio de lo que había allí dentro para evitar miradas indeseadas. No todos conocían la ubicación de Icaria, sólo los privilegiados sabían en donde encontrarlo y cómo ingresar. Estiré mi brazo y jalé del hierro que sostenía un pintoresco farol ubicado en la fachada del edificio. La puerta se abrió, revelando una multitud de personas, muchas más que la cantidad habitual, bailando y gritando en medio de las luces negras que creaban un efecto perturbador en el ambiente. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y tuve un presentimiento, pero no estaba segura de qué. Sentí como si ya hubiese vivido ésto.

Mis amigas me arrastraron inmediatamente hacia dentro, una mesa llena de máscaras se ubicaba junto a la puerta. Todas las fiestas de Enopión implicaban cubrirse el rostro o usar algún tipo de disfraz. De hecho, no creía haber visto nunca el rostro del anfitrión de Icaria.

De inmediato, tomamos una máscara cada una para cubrir nuestros rostros, puesto que ya habíamos hecho ésto antes en otras fiestas, aunque con temáticas mucho menos escalofriantes que ésta. Yo elegí un antifaz rojo bordado con cuentas doradas esparcidas por el delicado encaje, mientras Ariadna se puso una máscara azul que parecía estar formada por llamas danzantes. Psique eligió un antifaz rosado con forma de mariposa. Típico.

Una vez listas para la fiesta de máscaras, nos dirigimos hacia el centro de la pista a bailar juntas. Mientras caminaba, observaba las paredes fluorescentes que armaban formas extrañas alrededor de la sala, como si fuesen máscaras grotescas de monstruos acechando en la oscuridad. Un sinfín de estrellas brillantes caían elegantemente del techo. Los pelitos de mi nuca se pusieron de punta al ver la habitación y traté de sacudirme el escalofrío que me había invadido al ingresar. La decoración era bellísima y creaba una ilusión mágica, pero por alguna razón no podía evitar la sensación de déjà vu.

Había demasiada gente y me era imposible encontrar a mi hermano entre la multitud, así que decidí tratar de relajarme, muy segura de que lo encontraría en algún momento de la noche para regañarlo. Pero justo en ese momento, disfrutaría de la fiesta y despejaría mi mente de toda la tensión construida durante la semana.

La Prisión de los SueñosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora