Inmersa en el tiempo de la gota de agua en la caída del círculo

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El aparente desprecio y el alto nivel de exigencia presentado por mi maestra estaban causando estragos en la percepción de mí misma, tanto así, que pasó por mi mente la posibilidad de desistir, de dejar de caminar por la ladera del conocimiento. Ella logró ver que la fuerza de mi convicción había decaído considerablemente, tanto así que me comentó:

"Veo la tristeza de aquella que ya no piensa caminar por la ladera del triunfo, veo lo que siempre he esperado ver en ti, la decadencia de la cobardía, de la falta de disciplina ante la carga constante y colosal, es increíble como aflora esa falta de disciplina en ti. No sé qué ha visto la anciana sabia, al parecer está tan senil que no logró ver en ti lo que para mí siempre ha sido evidente."

Traté de ignorar su palabras, pero algo en mi corazón estaba trizado y sus estimaciones aumentaban ese quiebre en mi alma. Necesitaba sobreponerme ante tanto desgano, se derretían mis sueños y lo peor de todo era que no me importaba en lo más mínimo.

Mi maestra parecía leer mi mente y seguía con su empresa de seguir empujando mi convicción a los confines de las simas de mil abismos, por mi parte comencé a ver todo aquello como una prueba más de mi insufrible aprendizaje, por mi parte, deseaba dejarme llevar por aquella sensación que de alguna manera me hacía feliz. En cambio ella seguía metiéndose en mi cabeza disfrutando de mi frustración:

"Increíble que te guste colmar tu espacio sagrado con la tristeza del fracaso, déjate caer, entrégate a la palabra que derrite el talento, que derrite la esperanza de quien vive de sus sueños, de qué sirve un sueño en la mirada perdida de un ser indisciplinado, deja que te coma la comodidad de lo mismo, la palabra de algodón, el estático sentimiento de piedra, cae y que la palabra caer te acoja sin impacto en la profundidad de la dulce oscuridad, de ahí vienes y ahí llegarás, como te he señalado antes no sé qué vio en ti la anciana."

Comencé a sumergirme en sus palabras como un susurro del bosque, me sentía como la rama desprendida de la sequedad del verano por la mano que trepa sin medida y con la violencia del descubrimiento. En este caso no trepaba, había dejado de trepar, solo deseaba anular todo sentido y sumergirme en el círculo observado y caer en él como una gota de agua, derretirme como una lágrima agarrada de la rama de ese árbol para ser eterna abrazando el acantilado de mi decepción.

Puma Punko tocó mi frente y su impacto desprendió de mí el sigilo de un sueño que no era un sueño y me dijo:

"Cae, déjame seguir en mi crecimiento y contemplación de lo verdaderamente importante, crecer desde otro cuerpo, desde otra vivencia, colosal en el pasado, retirado de lo dubitativo de la fragilidad humana, cae en el laberinto desde donde nunca debiste salir, desde la inseguridad de tu naturaleza, déjame volver a flotar con el verso del significante sin cuerpo, sin mente, sumergido en el todo, un grano de arena del desierto una gota de agua en el mar. Ya no debo perder mi tiempo con tanto ego humano, cae y disfruta de tu caída, tu tristeza es tuya y el que sea tuya te hace horrible ante mis ojos."

No supe que responder, no entendí mucho del porqué deese constante odio hacia mi persona o hacia mi condición de ser humano, lo que sí entendí es que le importaba muy poco que me sobrepusiera ante tanta tristeza y que deseaba seguir haciendo algo de la que fue interrumpida por mi persona.

Le pregunté:

¿Qué es más importante que la vida de una persona?

Me respondió con sorna y odio a la vez:

"La vida de una persona no es importante si no, de hecho debe dejar de ser persona para volverse todo, a nadie le importa una persona, por muy especial que sea si no se proyecta a no ser nada para llegar a ser parte del todo, ya te lo había señalado antes, no has aprendido nada, tus ojos ven desde la superficialidad del concepto, no pierdo más tiempo en explicarte, pierdo tiempo al enseñarte sabiendo que no lo comprenderás."

En ese instante desapareció detrás de unas rocas de unas ruinas, todo se volvió oscuro y cerré mis ojos y me entregué a una profunda contemplación de mis sentimientos y comencé a sentir que me mecía que viajaba por espacios que no eran de este mundo.

Llegué a una dimensión ubicada en una realidad muy distinta a la que frecuentaba, miré mi cuerpo con sorpresa; estaba inmersa en el círculo de una esfera muy similar a una burbuja, esas que nacen de la vida en las profundidades del mar emulando la boca de la infancia. Dicho glóbulo estaba fabricado de un material muy duro, cristalino, transparente, al tocarlo emitía un sonido agudo impresionante, parecía el canto de alguna ave de diminuta extensión de algún bosque lejano o el canto de algún mamífero del mar.

Esta esfera, producto de mi peso, comenzó a bajar abruptamente, una sensación de vértigo inundó mi corazón, aumentó mi desesperación y con ello mis movimientos. Al rozar la superficie de mi esférica protección con los distintos objetos que acariciaban y arañaban nuestro descenso, comenzó a emitir un hermoso sonido de cristales, me dije:

"¡qué sorpresa! hasta el miedo proyectaba un concierto de agudas melodías."

Mi estado de desequilibrio hizo que bajáramos a profundidades inauditas, el problema era la increíble presión ejercida por el agua en mí, parecía que la gravedad se hubiera incrementado muchas veces. Sentí la presión del ambiente, todo era tremendamente denso, pesado, mi cuerpo parecía siete o diez veces más macizo, obviamente, manteniendo su estructura, era insoportable el dolor que me provocaba dicha presión.

Comencé a escuchar consejos desde el recuerdo del dolor:

"La desesperación y el desequilibrio sólo te llevarán a un miedo lento y doloroso. La naturaleza siempre te pondrá a prueba, antes de hacerte parte de ella, una vez logres controlar tus debilidades, pasarás la prueba y lograrás disfrutar de nuevas enseñanzas, desarrollar nuevas habilidades y tu mirada podrá observar aquello que la mente sólo a olfateado en oníricas divagaciones."

Después de escuchar sus palabras, como caídas de un recuerdo, comencé a respirar profundo y enfocar mis sentidos en mi objetivo primordial.

El dolor se volvió más intenso y la presión comenzó a avasallar de tal manera la burbuja que esta comenzó a crujir de forma estruendosa. Aun así, seguí en mi labor de encontrar el fin al dolor.

Una vibración colosal comenzó desde mis manos y pies, parecía que una ráfaga de luz hubiera nacido del lenguaje de la paz, pensé en el polen de una flor desprendida del ala de la última abeja trabajadora en el último minuto del día, así flotando en la inmensidad de un campo lleno de flores que conformaban la multiplicidad más absoluta de luz, color y deliciosos aromas.

"Esa voz me decía:

"Disfruta del regalo más humilde de las cosas, una caricia, una melodía, todo lo que te rodea puede ser el último regalo de la vida."

Con esa imagen de abrazos de aromas de colores, mi mirada comenzó a disfrutar del dolor al límite de sentir felicidad de bajar en una burbuja a los confines del océano.

Seguí cayendo y haciéndome más fuerte en la caída. La velocidad aumentaba junto con la presión, aun así, mi cuerpo seguía acostumbrándose al entorno agresivo que se me presentaba. No tenía tiempo para pensar y preguntarme:

"¿Qué hacía ahí? ¿Por qué en una burbuja? ¿Hacia qué otra prueba caería? ¿Moriría junto con la presión desmedida y colosal? ¿Qué aprendizaje inconmensurable hará evolucionar mi existencia después de esta experiencia?"

Lo único que debía hacer ya estaba rindiendo frutos, sí lograba controlar el enorme caudal que nacía desde mi interior, que palpitaba el más absoluto y extremo terror, la vida me entregaría una ofrenda magnánima.

Comencé a pensar en lo íntimo de la burbuja, en lo relevante que puede ser el haber coincidido con ella y el poder respirar. Lo milagroso de estar ahí y con vida, de poder aprender de aquella vivencia. Ya no sentía miedo, una increíble paz inundó mi corazón, comencé a reír sentía un placer infinito, sobre todo cuando la burbuja se quebró al impactar el fondo del miedo en el borde de la vida al inicio de la felicidad.

En ese instante, del impacto, me vi desde lejos mirándome a mí misma inmersa en una burbuja en un instante diferente impactando y creando el círculo del tiempo en el lago de la vida.

El Camino del ChasquiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora