Capítulo 5: Cartas de amor

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De verdad quisiera decir que el día transcurrió con paz y tranquilidad, pero la verdad es que estuvo lleno de drama

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De verdad quisiera decir que el día transcurrió con paz y tranquilidad, pero la verdad es que estuvo lleno de drama. Ninguna de las chicas se había tomando bien la ausencia de Pólux. Se angustiaron, se preocuparon... y una de ellas incluso se largó a llorar. No hablo de unas pocas lagrimitas. Nop, entró en modo crisis nerviosa como si mi hermano hubiese muerto en lugar de estar descansando en casa. Lo peor fue que la única persona que estaba en el local en ese momento, salió huyendo horrorizada ante tal espectáculo, así que ahora estas chicas estaban haciéndome perder clientes.

Al menos no se habían cruzado entre ellas y eso era una bendición porque lo único que me faltaba era tener dentro del negocio una pelea de uñas y tirones de cabello.

La buena noticia era que no tuve dificultad para diferenciarlas ni preguntarles sus nombres, ellas mismas me los otorgaban al ingresar después de comunicarles lo que le había pasado a Pólux. De hecho, ni siquiera decían hola, ¿cómo estás? o ¿qué tal?. La conversación iba más o menos así:

"¿En dónde está Pólux?" o algún apodo empalagoso e irritante con el que lo llamaban.

"Buenos días a ti también".

Nótese que mi trato con los clientes no era el mejor, el uso del sarcasmo estaba probablemente prohibido en el manual del vendedor. Pero bueno, no estaba para nada cómoda con toda esta situación.

Entonces procedía a contarles que Pólux había sido herido levemente en la lluvia de fuego de la noche anterior y estaba recuperándose, pero que pronto estaría de vuelta. En ese momento era cuando generalmente ocurrían las peores reacciones, seguidas por exclamaciones dramáticas tales como: "¿ha preguntado por mí?", "¿por qué cosas malas les pasan a la gente buena?", o mi favorita: "¡pero si él iba a ser el padre de mis hijos!".

Unas verdaderas joyas estas chicas, no sé de dónde las sacaba mi hermano.

Así que ahora el local parecía un velorio, una de ellas pidió verlo como si quisiera estar cerca suyo cuando abra los ojos por última vez. Como si necesitara de su presencia antes de poder dejar este mundo en paz. La verdad, no sé qué tenían en la cabeza, y tampoco podía imaginarme cómo mi hermano se las había ingeniado para tener tanta influencia sobre ellas. Mientras tanto, el desgraciado retozaba en la cama esperando el momento en que llegue su próxima aventura amorosa.

Sabiamente, no mencioné el hecho de que la lluvia de fuego que lo lastimó fue provocada por culpa suya, por meterse con la mujer del dioscuro que gobernaba la isla. No podía ni pensar en el escándalo que podrían desatar si se enteraran. Así que cerré mi boca y empecé a decirles que Pólux deseaba que se fueran a sus casas para estar a salvo y que sólo así podría tener tranquilidad en su mente. Era mentira, pero se lo creían completamente y hacía que se fueran más rápido. Estaba cansada ya de tanto drama, especialmente cuando volvían al negocio una y otra vez para preguntar nuevas cosas sobre la situación de Pólux.

La Prisión de los SueñosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora