Boulevard de los Corazones Rotos

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Hay quienes dicen que todas las cosas poseen un orden, ya sea natural o establecido por la sociedad, gracias a que nuestros marcos referenciales suprimen de manera parcial o total la capacidad de ver más allá. Y, cuando rompes la barrera y asomas la cabeza para ver qué hay al otro lado de la puerta, te encuentras un mundo de posibilidades y nuevos comienzos sumamente tentadores, sobre todo por lo mal que se ve ante los ojos de aquellos que te han visto creer y creen conocerte más que tú mismo. Cuando, en realidad, consideras que tu vida se ha basado en levantarte por las mañanas tratando de averiguar quién eres o qué quieres ser.

Esto suele ser un disco rayado cuando de relaciones hablamos. No hay ley que diga cómo se comienza de manera correcta, o incorrecta. Las cosas pasas y las aceptas o rechazas sobre la marcha. Vas tirando y aflojando la cuerda y esperas no ser tú el que caiga. Sin embargo, a pesar de que esta aclaratoria, hay personas que tratan de dictaminar de principio a fin el hilo de la historia: Conocerse, enamorarse, casarse, tener hijos y morir.

¿Te suena familiar, cierto?

¿Y qué pasa con aquellas relaciones que no comienzan según el patrón? ¿Qué hay de malo con aquellas relaciones en las que primero hubo sexo y luego amor? ¿Acaso es tan malo escoger tu propia historia? Deja que la vida te mueva y responde a ella, por amor a Dios.

Maldición, vive. Vive y no dejes que te enseñen a vivir; si puedes tener sexo sin amor, también puedes tener hijos sin una relación, o enamorarte después de casarte y morir sin haberlo hecho. Pero vive, vive y siente todo lo que tengas que sentir para que cuando te pregunten quién eres y qué quieres ser, no debas adivinarlo nunca más. Lo sabrás.

—Boulevard de los Corazones Rotos

H. Milagros Llovera.

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