F I V E

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Tony odiaba ya a su profesora y eso que apenas llevaba una semana recibiendo clases con ella. Pero la odiaba, por que trataba a Tony como si fuese un niño más, y el era más inteligente que el promedio.

Aún así, Tony debía pasar largas horas aprendiendo algo que él ya había leído en la biblioteca de su madre.

Aún así, estaba agradecido de no tener que asistir al escuela, por que todos los niños que se burlaban de él ya no estaban ahí para gritarle "loco" "Rarito" o "¡miren! Tony habla solo".

Su profesora suspiró frustrada al ver que no obtenía atención del niño prodigio de la familia.

—Anthony, descansa mientras voy al baño.—Su profesora se levantó.

Tony estaba gritando de alegría internamente.

—Creo que esto es mejor que ir al escuela, pero he visto ya el teorema de Pitágoras muchas veces.—Tony bufó recostando su cabeza en la mesa.

Y por más que lo vemos, yo jamás lo eh entendido.—Comentó Steve divertido.

—Es muy simple.—Tomó su cuaderno y le comenzó a explicar muy animadamente.

A Steve no le gustaban las matemáticas, de hecho jamás había entendido muy bien las cosas científicas de las que hablaba Tony, pero le encantaba escuchar su voz tan entusiasmada explicando todas esas cosas.

Jamás entiendo, tu cerebro es tan gigante que puedes entender todo eso.—Rió mientras Tony sentía sus mejillas arder.

—Gracias Steve.—Cuando alguien más le hacía esos cumplidos, el respondía orgulloso con un "Ya lo sé." Pero cuando Steve se lo decía sentía tan lindo.

La profesora algo confundida se acercó.

—¿Steve? ¿Que sucede Tony?

—Agh.—Bufó.—Steve es mi mejor amigo, toma clases conmigo.

La señora frunció el ceño pensando que él quería evadir la clase.

—Ya basta, Tony, pon atención.—Escribió algo en la pizarra.

El castaño estaba acostumbrado así que se limitó a seguir en su mundo explicándole a Steve.

Cuando su clase por fin terminó, la profesora estaba bastante molesta.

Habló con María explicándole que ahora Tony ponía de excusa un tal Steve para no poner atención a la clase.

Tony sonrió al oírlas hablar, las espiaba a través de la puerta, supuso que su madre iría a su habitación a hablar con el, quizá le diría que debía poner atención a las clases (cosa que odiaba que le dijeran) pero su madre lo miraría a los ojos. Le pondría un poco de atención así fuese para dar un sermón.

Pero no fue así.

La noche llegó y Tony seguía en su cuarto esperando a su madre.

Tal vez tiene mucho trabajo Tony. Pero yo te puedo leer un cuento para que duermas y sueñes algo lindo.—Ofreció Steve acomodándose a su lado en la cama tomando un libro de cuentos.

—Gracias Steve, me gusta como cuentas historias.—Rió por lo bajo, él le había enseñado a Steve a leer.

María nunca le leía pero Tony siempre se llevaba un libro a la cama por si a su mamá se le ocurría hacerlo, quien sabe que pueda pasar.

Steve leyó el libro respetando perfectamente la ortografía de este hasta que su castaño amigo cerró los ojos y lo abrazó hasta que este pudo dormir.

Finalmente dejó el libro sobre la cama y descansó al lado de Tony.

Invisible boy § Stony Donde viven las historias. Descúbrelo ahora