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México llama al mayor.

—¡Hola, México! Tenía tiempo sin saber de… —el mexicano lo interrumpe.

—Ya sé putón, Arge y yo queremos tu ayuda.

—¡Oh! Dime qué es —dice interesado y dispuesto a ayudar al latino.

—USA secuestró a Vene. —México habla sin más.

El de ushanka se queda un rato en silencio.

—Voy para allá —finalmente dice y cuelga.

Minutos después, llega Rusia.

—Orale ¡dale sus madrazos!

—¡Le das su jetazo!

Rusia toca el timbre.

Mientras tanto el americano ve todo en las cámaras. ¿De verdad lo llamaron a él?

México y Argentina son un simple juego pero con Rusia, por cuestiones de dignidad tiene que salir afuera.

Abre las rejas y Rusia camina firme.

—Esto es discriminación —dice Argentina —¡A él lo dejó pasar!

Los latinos entran con el de ushanka.

USA abre sus puertas y los deja entrar a su casa.

—Welcome to my house! —les da la bienvenida.

—guelcontumaijaus nada ¡Queremos al veneco! —reclama Argentina.

—Está bien, yo me encargo —dice Rusia a los latinos.

Rusia se sienta en un sillón y USA en otro, quedando los dos frente a frente.

—Tienes a Venezuela. —empieza hablando el de ushanka.

—Es mi invitado.

Parece una guerra de miradas. México y Argentina desean tener palomitas.

—Me parece que él no quiso venir.

—Está cómodo y eso es lo que importa.

Silencio incómodo. Argentina desea decir un "uuhhh".

—Mi presidente tiene buenas relaciones con el suyo, si algo le sucede, también me sucede a mí.

—Pues, nada le ha sucedido.

—¿Puedo verlo? —pregunta Rusia alzando una ceja.

—Dejalo, está dormido. Últimamente no ha dormido bien, deberías dejarlo.

—Se más que nadie que él no ha dormido. Dejalo ir, lo trajiste en contra de su voluntad.

—¿Cómo sabes que él no vinó por su cuenta?

—Porque él no confía en ti.

USA lo mira desafiante.

—Aunque sus presidentes se lleven bien. —dice con una sonrisa —Él tampoco confía en ti.

Rusia se queda callado.

—Por eso, no dejaré que te lo lleves. Quién sabe si le haces algo.

El euroasiático suspira muy descontento.

—Quiero hacer esto por las buenas —sonaba como una amenaza.

—Yo también —afirma USA.

Hay una mala aura en el ambiente. Los latinos ya se sienten incómodos.

—Wey ¿y si mientras buscamos a Vene mientras estos hacen sus chingaderas?

—Que va.

Los dos subieron sigilosamente las escaleras y revisaron habitación por habitación.

Entraron a una y vieron al Veneco acostado en una cama con la boca llena de lo que parecía ser chocolate y la mano en un control de Wii. Al parecer no la pasó tan mal.

Argentina da unos golpecitos al otro para despertarlo.

—Marico todavía es temprano —se queja adormilado.

—Pibe, soy yo, Argentina. México y yo vinimos a sacarte de la boca de la vaca —susurra el argentino.

Vene se para derrepente.

—Mamawebos ¡por fin llegan! ¡Me quedé esperando como el propio marisco! ¡Denme un abrazo!

—Yo también quiero jotear contigo pero ya vámonos, no quiero que nos descubran. — lo detiene el mexicano.

Los tres siguieron el mismo camino. El venezolano pregunta sobre porqué Rusia y USA se estaban entrando a coñazos y porqué hablaba de querer petróleo, pero le responden que no tiene importancia.

Ya en la casa de Venezuela, él les agradece.

—Maricos, de pana que gracias, los amo con todo mi odio a Maduro.

—Cual gracias, encuerate —dice México.

—Lo que el dijo.

—Dejense de mariconadas. Abrazo.

Los tres se unen en un abrazo cálido hasta que el argento le aprieta una nalga.

—Mardito —Venezuela le devuelve el apretón.

—¡Yo también quiero jotear! —México aprieta las dos nalgas de Argentina.

Venezuela aprieta una nalga de México y México le devuelve unas palmadas.

Y así se la pasaron mariqueando.
















México y Argentina al rescateDonde viven las historias. Descúbrelo ahora