Capítulo 12 / Rastreando al enemigo

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AVISO DE SENSIBILIDAD: El siguiente capítulo podría ser ofensivo para algunas personas sensibles a los temas que se abordan en el mismo. Se recomienda discreción al leer y abstenerse de boicotear o poner comentarios ofensivos referentes a este capítulo o a toda la historia completa en sí. Se recomienda esta lectura únicamente a la gente con mentalidad abierta a temas controversiales. El objetivo de esta lectura no es otra cosa más que de entretener. El autor no está ni a favor ni en contra de los temas que se proponen en esta historia.


Al día siguiente

24 horas después de la amenaza

Mientras tanto, dentro de alguna cabaña ubicada lejos de la ciudad, yacía Abel tirado en el suelo, amarrado y aparentemente dormido. Cuando en ese momento, alguien le tira agua fría, haciéndolo despertar repentinamente.

— Despierta cabrón—dijo esa persona—. Es hora de que hablemos.

Aunque tosiendo y reaccionando debido al agua fría, Abel pudo pronunciar palabra.

— ¿Ha... ha... hablar? ¿D-d-d-de qué?

— Ya sabes cariño, de nosotros. ¿O qué? ¿Ya no te acuerdas? ¿O es que las copas de ese día te fregaron el puto cerebro de pendejo que tienes?

— ¿C-c-cuales copas? ¿D-d-d-de qué estás...? —. Y grande fue su sorpresa cuando vio a la persona con la que ahora estaba hablando—. ¿Ámbar de la Rouge?

— Veo que aún si te acuerdas—dijo Ámbar.

— Así que fuiste tú la que me secuestró—dijo Abel bastante sorprendido—. Pero, ¿por qué?

— Te acuerdas de mí, ¿pero no de lo que me hiciste, maldito desgraciado? —reprocha ella.

— ¿Te hice? ¿Pero de qué me ha...? —decía él a la vez que iba haciendo memoria—. Ah, ya... Creo que ya...

— ¿Ya estás haciendo memoria, ¿verdad? —dijo ella a la vez que tomó una botella de vidrio de una mesa que se hallaba cerca—. Pues ve escudriñando más a la vez que te voy escudriñándote con esto, cabrón—y se la fue metiendo en su boca, misma que se la fue metiendo y sacando, metiendo y sacando, como si le fuera a hacer un oral con dicho objeto—. Esto era lo único que querías de mí, ¿no maldito?

Abel no podía ni siquiera gemir debido a la ya tan metida botella que tenía en su boca.

— Y todavía hay más, Abelito—decía ella, a la vez que le desabrochaba el pantalón y se lo bajaba—. Hay algo más. Tengo que admitir que me gustó mucho esta parte, porque hacía mucho que no me lo hacían. Pero ahora te lo voy a hacer a ti, para que te vayas acordando de cómo me sentí esa noche en que me la metiste—. Le quitó la botella de vidrio de la boca.

Abel tosía, pero al cabo de unos segundos logró recuperar un poco de aliento, para poder articular palabra.

— Espera Ámbar, ¿qué carajos vas a hacer? Te... recuerdo que eras tú la que quería hacerlo, nunca te forcé a coger conmigo esa noche—decía Abel, como presagiando lo que le estaban por hacerle.

— ¿Ah no? Ah, pero me agarraste estando bien peda, ¿no? Te aprovechaste para seducirme y después cogerme, para después largarte como el pinche cobarde que eres. Me cogiste y luego me dejaste allí, en la cama, como novia de rancho después de su noche de bodas.

— Pero esa noche tu querías hacerlo, Ámbar. Nunca... nunca te obligué a coger. Y eso de que estabas peda, tú misma te habías puesto hasta... hasta la madre con el alcohol. ¡Niega eso, Ámbar! Atrévete siquiera a negarlo.

La pasión de Ania (Versión Corta)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora