• Una sensación de acidez tomó como rehén a mi estómago, pretendiendo a toda costa, regurgitar mis fluidos internos. La repugnante propuesta que Slender me había ofrecido provocó el aturdimientos de mis órganos sensoriales, a la vez que perturbó las funciones vitales de mi cerebro.

Me hallaba en la obligación de encontrar el plan perfecto para ayudar a destruir a aquel maldito gusano y de esa forma huir de tanto calvario, pero antes de deshacerme de su asquerosa existencia, debía arrebatarle toda la información referente a la localización exacta de la dichosa vía férrea donde mi amado Jeffrey pretendía cometer suicidio.

-Está bien- exhalé, mientras la transpiración viajó a través de mi frente. - Estoy dispuesta a entregame a ti, más no lo haré sin antes estar segura de que cumplirás con tu palabra.- afirmé cuando el corazón me palpitaba violentamente.

De un brinco vertiginoso, Slender levantó su cuerpo en el aire y luego ordenó a sus viscosos tentáculos a que me acorralasen en una gélida esquina de la habitación.

-¿No confías en mí, preciosa?- declaró sumamente excitado cuando aproximó sus dedos por encima de mis mejillas.

Las ganas de vomitar continuaron perturbando mis entrañas, hasta el punto de tornarse indoblegable.

-Claro que no cariño, sólo quiero estar segura nada más.- advertí fingiendo una sonrisa cómplice para después añadir- Primeramente deseo ver las pruebas y luego me entregaré a tu merced. No desesperes, todo tiene su tiempo.

Seguidamente, sus tentáculos retrocedieron con dirección a la cama donde comenzó a desnudarse poco a poco.

-Está bien Preciosa, tú ganas- aseveró, a la par que se rebuscó entre los bolsillos de su pantalón- Cuando acabes con tu "labor" y te comportes como una verdadera mujer, te daré el mapa donde se encuentra el trayecto del ferrocaril, y así, puedas salvar al idiota de Jeffrey.- se echó a reír con descaro, intentando burlarse.

Instantáneamente en mi subconsciente, se desató una vorágine de voces demoníacas que me ayudaron a crear un plan perfecto.

-¡Demuestrame que es verdad!, ¿Dónde está el mapa?- vociferé embravecida.

Slender elevó uno de sus tentáculos al aire por donde sostenía una lámina de aspecto antiguo que tenía inscripta la dirección y trayecto del mentado ferrocarril.

-Aquí está- murmuró.

En ese preciso instante comencé a manifestar fuertes taquicardias producto del miedo y la extrema angustia que padecía. ¡No encontraba otra alternativa para poder salvar a mi amado Jeffrey!.

-Tú ganas- le dije, mientras incrusté mis pupilas en su rostro de aspecto amorfo.

De repente, Slenderman empezó a acariciarse con ayuda de las palmas de su mano, induciendo a lujuria bestial propia de su naturaleza.

-¡Desnúdate!, házlo lentamente.- ordenó encolerizado. Entretanto me dispuse a desabrochar la pijama que traía puesto. En tanto alcancé a sentir una repulsión incontrolable que incitó a las arcadas y al vértigo.

Era inevitable continuar con aquel humillante juego sexual, pero no debía darme por vencida, pues la vida de Jeffrey se encontraba tendida en mis manos.

-¡Maldito seas, depravado!- exclamé en mis adentros cuando el odio tomaba potestad de mi mente.

Caminé hacia la cama con pasos lentos y pausados tratando de palpar las piernas de aquel horrible monstruo.

-¿Quieres probar?-- preguntó cuando me jaló del cabello y condujo mi boca hacia la suya, pero por fortuna, equivé la cabeza a un costado procurando no rozar mis labios.

-¡Espera!- grité con repulsión- ¿Te gustaría ver más de mí?- pregunté un tanto nerviosa, mientras intentaba ganar más tiempo para pensar en un plan.

Slenderman empezó a impacientarse, al propio tiempo me propinó una bofetada tan brusca que me arrojó por el quicio de la puerta.

-¡Apresúrate, zorra sucia que no tengo todo el tiempo!- pegó un grito cargado de furia.

Con suma dificultad logré incorporarme, mientras percaté algunas gotas de sangre manchadas en mi hábito.

-¡Diablos!, me hizo una herida en la cabeza.- asentí en voz baja. Entretanto comencé a incrementar la velocidad de mis pasos, tratantado de huir hacia el oscuro pasillo que conducía a la cocina.
Allí dentro, lograría hallar algunos cuchillos que me servirían de arma improvisada.

Los feroces relámpagos que gobernaron en el cielo desataron portentosos destellos que iluminaron a todos los rincones oscuros de la casa, debido al corte de energía eléctrica.

-¿Dónde diablos Jane guarda los malditos cuchillos?- musité con los nervios a flor de piel.

Emprendí la búsqueda implacable de algún objeto cortante que me permitiese apuñalar y aniquilar al maldito gusano.
¡Sólo necesitaba un cuchillo de carnicero!.

A lo lejos empecé a escuchar misteriosos ecos que nacieron de fuertes pasos.

-¡Slenderman!- pensé asustada, en tanto me oculté por debajo de la mesa.

Fue allí cuando alcancé a visualizar un extraño artefacto similar a un destornillador, arrojado en el suelo.

-¡Ésto podrá servirme!- exclamé, cuando lo recogí.

Aquello no era un simple cuchillo. Más bien, era un Picahielo hecho de acero puro con seis puntiagudos dientes que terminaban en forma de aguja, el arma perfecta para mi salvación.

-¡Prepárate maldito energúmeno porque de aquí no saldrás vivo!- concluí a la vez que un chorro de sangre emergió desde mis fosas nasales.

Jeff, mi peor pesadilla©¡Lee esta historia GRATIS!