CAPÍTULO 3: Cartas del destino

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Comenzamos a avanzar por un pasillo iluminado tan sólo por esa misteriosa luz verde

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Comenzamos a avanzar por un pasillo iluminado tan sólo por esa misteriosa luz verde. Mi cabeza no paraba de dar vueltas sobre lo que acababa de suceder... y lo que nos encontraríamos al final de este pasaje. Podría no ser nada pero también podría ser todo lo que estaba esperando.

—¿Por qué no viniste antes?— preguntó Pólux, interrumpiendo mis pensamientos.

—¿Qué?

—Conocías la existencia de este sitio en donde posiblemente encontrarías lo que buscabas. ¿Entonces por qué no viniste antes?

—Oh —respondí, comprendiendo finalmente lo que me preguntaba—. Este sitio se hallaba en el límite de la isla, ya sabes, el límite que está inmensamente custodiado. No podía venir sin que me descubrieran. Pero una lluvia de fuego tiende a ahuyentar incluso a los guardias. Tengo que darte las gracias por eso, hermano— comenté, codeando de forma juguetona a Pólux.

—Los guardias nunca te han detenido antes— observó mi hermano, imperturbable ante mi intento de humor para cambiar de tema.

Suspiré.

—No conocía con exactitud la ubicación de la trampilla. Tenía que dar vueltas alrededor buscándola y hubiese sido imposible no ser descubierta.

Pólux pareció contentarse con esa respuesta, si es que su tranquilo silencio era prueba de ello. Si tenía que ser sincera conmigo misma, diría que había tenido miedo. No de los guardias, sino de tener esperanza. Y luego ser desilusionada. No podía soportar la pérdida, no otra vez.

Ese mismo miedo era el que me invadía en ese momento. Intenté pensar en otra cosa para ocupar mi mente.

—¿Estás mejor? —le pregunté a Pólux, notando que ya no se veía adolorido.

—Lo estoy ahora que he tomada el elixir.

Me detuve en seco.

—¿Tomaste el elixir? ¿Por qué harías eso? Esa cosa es puro veneno.

El elixir de sanación era muy útil para contener las heridas y detener cualquier tipo de dolor. El problema era cuando se acababa su efecto: la herida atacaba con el doble de fuerza.

—No lo sé, Lena, ¿por qué lo haría? Supongo que para evitar caer desmayado del dolor.

Bajé los hombros derrotada. Por supuesto que tenía razón. Aún estábamos en medio de la nada, en un sitio desconocido bajo la superficie y sin saber cuándo llegaríamos a una sala médica para curar su herida. No podía continuar sin algún tipo de cura, aunque fuese momentánea. Sin embargo, no duraría mucho.

—Mejor apuremos el paso —comenté, y Pólux estuvo de acuerdo.

El pasillo parecía interminable, caminamos por un buen rato hasta que mi hermano señaló hacia arriba. Levanté la vista para observar una piedra sobresaliendo del techo. Una piedra verde brillante. Y no era la única.

La Prisión de los SueñosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora