Capítulo 2

55 10 3

El día se aproximaba hasta el punto de estar a una semana de la celebración. Estaba de los nervios y no podía pensar en otra cosa que no fueran los posibles errores que podrían ocurrir. Y aunque con la ayuda de mi familia y parte de la de Luke, a la que había decidido recurrir a insistencias de este, había sido un gran acierto, la duda siempre estaba ahí. Cerré los dosieres llenos de información, contrataciones y contactos de la post-boda, y me alejé de la mesa. Llamé a Luke para hablar con él unos minutos y darle las buenas noches. Luke había pasado poco tiempo por casa ya que quería dejar todo listo antes de nuestra larga luna de miel. Un mes nos íbamos a dar, un mes del que yo no sabía ni el o los destinos a los que nos dirigiríamos. Luke decía que suficiente tenía preocupándome por la celebración de la boda falsa, que él se encargaba de todo lo demás... Yo, con esa tensión, no podía.

- Esta noche tengo el último concierto de estreno. Justamente ahora iba a ir a la última prueba de sonido.- dijo con la voz algo ahogada. Seguramente estuviera corriendo de un lado para otro.- Te echo mucho de menos. Te prometo que mañana, cuando vuelva, nos iremos a cenar al mejor restaurante de la ciudad.

-Ya sabes que mientras estés conmigo podemos pillar unas hamburguesas y patatas... o unas pizzas! Hace mucho que no como una, me apetece una cuatro quesos... Tan solo pensar-lo se me hace la boca agua.

Luke se rió y seguidamente oí que alguien le hacía callar.

-Me saldrás barata.- dijo bajando la voz.- porque a esta invito yo, eh.No me hagas de nuevo lo de quitarme la cuenta de las manos. Mira, creo que pagaré por adelantado y todo. - Hubo un momento de silencio en la línea y volvió a ponerse al teléfono.- Cariño, te tengo que dejar que me reclaman. Te quiero.

-Y yo.

Dejé el teléfono sobre la mesa y miré al techo. Sabía que aquella noche se me haría larga si me iba a ir a la cama tal y como estaba. Le ehcé una mirada al reloj. Tampoco era muy tarde. Las nueve. Me levanté de la mesa y, decidida, pasé por la cocina para coger mi bolsa de deporte. Francesca, nuestra cocinera italiana que ya estaba sacando del horno la cena, me miró extrañada.

-Fran, si no te importa cenaré más tarde. Necesito salir un momento.

Nada más pronunciar aquellas palabras, dos de los guardaespaldas que ya podía etiquetarlos como míos, aparecieron por la puerta. Siempre alertas. Julen y Thomás, dos hombres bastante grandes y con pinganillos, de negro (que parece que es el uniforme oficial de guardaespaldas) y una pose muy imponente.

La bolsa de deporte cayó sobre el parquet a la vez que repasaba todo el polideportivo con la mirada. Estaba desierto al ser última hora de un domingo cualquiera. La sala estaba completamente ordenada, y parecía nueva tras la limpieza y reorganización del espacio al que había invertido aquellas últimas semanas. Los espejos reflejaban a una mujer muy diferente a la que se había encontrado un año atrás. Llevaba la misma ropa, las mismas zapatillas de baile, el mismo peinado... pero la chica que conoció inesperadamente a Luke en un ensayo corriente no era la misma a la que llevaba un anillo de compromiso en aquel momento. Tenía, por decirlo así, una presencia más madura. Me sentía poderosa, fuerte y confiada en mi misma. Y aquello se reflejó en la hora y media en la que ni me paré a beber agua, en la que dejaba la playlist en marcha y bailaba aleatoriamente canción tras canción, sin preocuparme de mirar el reloj. Y es que, cuando algo te gusta, cuando algo te apasiona, el tiempo en si no existe. No entiendes de minutos, horas o días, de futuro, presente o pasado. O al menos no te importa. 

Cuando me dejé caer al suelo, exhausta, cerré los ojos y dejé que la canción "You & I" de John Legend me arrastrara. Y es que pocos entienden aquel momento en blanco que uno vive tras un buen entreno, tras sudar todo el estrés o preocupaciones, exhalándolo por la boca y dejándolo ir. 

Y de golpe la música dejó de sonar.

La luz se apagó.

Y mi corazón se aceleró.



BailandoWhere stories live. Discover now