34.- Somos hermanos

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Derek se la pasó con su humor asqueroso toda la tarde, no me dirigía la palabra al menos que necesite algún ingrediente; no tenía idea de que le pasaba y porque se comportaba tan extraño, esto era estresante.

— ¿Se puede saber qué te pasa? —le pregunté ya exasperada

—Saliva por la garganta, creí que era obvio

— ¿Por qué estas así?

— ¿Así como?

—No te hagas el que no sabes, estas más frío, me respondes secamente y no me has dirigido la palabra en toda la tarde.

—No le veo el problema —dijo encogiéndose de hombros

—Eres imposible —dije soltando un gruñido y dejándolo con los sándwiches

Fui hacia los cambiadores y me quite el uniforme, después de todo ya solo faltaban 15 minutos para que termine mi turno. Tome mis cosas y me dirigí a la puerta trasera encontrándome con el Sr. Smith

—Aún no es la hora de salida —me anunció cruzándose de brazos

—Lo sé, tan solo que me sentía un poco mal y le pedí a Derek que me cubra, dijo que no había problema —finalicé esto con una dulce sonrisa, de esas que son más para engañar a uno mismo que a los demás

—No es muy creíble, pero lo pasaré por esta vez. Espero que no sea un pretexto para irse de fiestas —sonreí negando la cabeza y me despedí de mi jefe con la mano.

Mi bolsillo vibro asustándome levemente, desbloque la pantalla y leí el mensaje de Dan  

“Prepárale un sándwich con queso extra a la hermosura de tu hermano ;) ”

“Estoy en la puerta, no me hagas esperar y que yo recuerde solo te tengo a ti de hermano”

“</3 Auch, eso dolió”

“Solo ven rápido, olvide mi chaqueta dentro y no pienso entrar”

El claxon de Dan sonó apenas envié el mensaje. Sonreí al entrar a su cálido auto, moría de frío.

— ¿Lista para la mejor cita de tu vida?

—No hagas esto más repugnante de lo que es —dije colocándome el cinturón

—Tú le quitas la diversión a todo —gruño poniendo en marcha el auto

***

— ¡Ya estoy lista! —grité asomándome a la habitación de Dan

—Estás loca, no he comprado un vestido por gusto

— ¿En serio lo compraste? —gruñí cruzándome de brazos

—No pongas esa cara —dijo estrujando mis mejillas y dándome paso a su habitación —estas lista para…

—Muestra el bendito vestido de una vez

—Bien, señorita gruñona —abrió su armario y allí estaba lo que temía, aunque siendo sinceros no estaba nada mal, de hecho era lindo — ¿Qué opinas?

—No esta tan mal como lo esperaba, al menos me hiciste caso en lo de no quinceañeras necesitadas

—Soy un genio, lo sé —dijo estirando los brazos —ven y dale un abrazo a tu sexy hermano —le hice caso y deje que me apachurre un buen rato

—Iré a ponerme el vestido, no me extrañes —le lancé un beso y fui a mi habitación

El vestido era bastante casual, lo cual me agradaba, no era nada escandaloso y eso era perfecto. Me lo coloque e intente subirme el cierre, jamás logré saber cómo hacerlo sola.

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