Despues de tanto tiempo.

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-¿Puedo decirte algo?

-Claro que sí.

-Me gustas- Luis toma mi mano y continúa- desde que te ví por primera vez, me enamoré de ti- estoy prerpleja y solo lo observo- ¿Quieres ser mi novia?

Tenía 16 cuando cúlmine mi ultima relación, ahora tengo 20 y pies desde entonces no he tenido relación amorosa con ningún chico; después de la muerte de mis padres, decidí ser mas conservada, no salía, preferiría más estar en casa, tranquila y asimilando el hecho de que vivo sola en una mansión de tres de dos plantas, completamente grande.

Estaba envuelta en mis pensamiento, no sabía con exactitud que responderle a Luis, yo quería seguir sola, pero un lado de mi decía que debería estar con él, que el me protegería y que no permitiría que nada me pasara.

-Si- dije en un susurro casi inaudible, solo para el y para mi. A continuación agarra mis caderas acercando me un poco más a el, mientras que poco a poco se acerca a mis labios para besarme.

El camino a casa fue algo muy agradable, hablamos sobre nosotros, de su vida y de lo que ha perdido, entonces me entero de que sus padres también murieron cuando apenas tenia 13.

*1 mes después*

-¿Como amaneciste, princesa?

-Perfectamente- digo y me percato de que mi novio lleva una gran sonrisa en su rostro.

Cuando llevábamos una semana de relación, decidimos vivir juntos en la misma casa, en mi casa, ya obviamente no me sentía sola, y me siento bien al saber que Luis es mi novio. Aun me gusta Anthony pero definitivamente ya lo ando olvidando

-Te tengo una sorpresa ¿la quieres ver?- dice y extiende su mano hacia mi para que la tome y gustosa lo hago.

No me sentía, amada desde hace muchos, después de tanto tiempo, sola, sin amigos, encerrada, me siento como una niña a la cual le dan su caramelo favorito en una gran cantidad. Al llegar a la cocina con Luis me percató de que en la gran mesa del centro hay un par de globos, un plato con desayuno constituido por huevos tocino y pan tostado, y al lado de lo globos una cajita alargada.

-Wow- digo sorprendida de ver el esfuerzo de Luis para mi -¿hiciste esto para mi?- Pregunto y el ríe.

-No, fue para la vecina; obvio que es para ti amor.

Al escuchar aquellas palabras, siento mis mejillas arder, diablos, este chico me adora en si, me encanta la forma en la cual me trata, es muy tierno, y atento.

-Gracias, cariño. - digo y me giro hacia el para abrazarlo fuerte y besarlo.

-No me agradezcas, lo que sea por mi princesa. - termina y vuelvo a besarlo.

Desayunamos juntos luego recuerdo la caja pequeña que hay sobre el mesón, la tomo en mano y la abro es una hermosa cadena con encrustes de diamante en forma de corazón.

-es...es hermosa- digo y lo abrazo fuerte.

-Eso no es todo, princesa...

Adiós Virginidad.¡Lee esta historia GRATIS!