• Afuera continuaba lloviendo terriblemente, como si el cielo estuviera desahogándose por tanto dolor oculto.
A lo lejos, pude visualizar las pequeñas gotas de agua que se deslizaban através de los cristales de la ventana. Entretanto ingresaban a mi habitación, provocando un gran diluvio.
Los fantasmagóricos fulgores celestiales hacían de las suyas, pues comenzaron a parpadear desde lo más alto e iluminaron el interior de mi alcoba donde me hallaba abatida y apesadumbrada por la preocupación.

Mi corazón no poseía la capacidad suficiente como para admitir la decisión que mi amado Jeffrey intentaba cometer. ¡La culpa mía!, ya que su vida se encontraba tendida por el frágil y traicionero filamento de la muerte. Fui una maldita inconsciente al haber hecho añicos sus sinceros sentimientos, pues mi estúpida indiferencia lo hirió mucho más, como si un montón de flechas traspasaran su corazón enamorado.

—¡No te imaginas cuanto lo amo!— suspiré a la vez que una desgarradora punzada creció en mi pecho— Jeffrey es lo más preciado que tengo; es el aire que respiro, la sangre que proporciona vida a mi cuerpo y sobretodo es mi único primer amor en este mundo decadente.— declaré sumamente acongojada cuando una gran cantidad de lágrimas cayó por mis mejillas, similar a las aguas de una cascada.

Soy como toda mujer que, cuando se enamora perdidamente del hombre equivocado, compromete su propia alma en manos de aquel buen conquistador. Sin embargo, cuando el desamor decide desembarcar en nuestras vidas, se transforma en una ráfaga de viento impetuoso que arrebata todo a su paso, incluyendo la más ínfima ilusión anidada en nuestros corazones.
Nuestro mundo interno se desmorona y caemos inerme en un maremágnum de malos pensamientos que nos incitan a la depresión, pues el primer amor siempre duele cuando se marcha para nunca más volver a ocupar el obscuro vacío que dejó.

Aquella criatura monstruosa, inclinó su cabeza con dirección a la ventana donde se plasmó el reflejo de su abominable aspecto.

—¡Vé y sálvalo!, tú eres la única persona que puede impedir su muerte— afirmó cuando sus tentáculos rozaron mis hombros.

Por dos largos minutos, quedé absolutamente estupefacta al procurar ordenar mis ideas, pues había algo extraño en Slenderman que me inquietaba bastante.

—¡Está bien, lo haré!, estoy decidida a arriesgar mi propia vida por la de Jeffrey— vociferé al mismo tiempo que limpié mis mejillas con la seda de mi suéter— ¡Por favor, llévame junto a él, no me perdonaría si le llegase a ocurrir algo malo!

Con una habilidad increíble, Slenderman, volteó la cabeza hacia atrás, tratando de ocultar su rostro.

—Lo siento, temo decepcionarte, pero las vías del ferrocaril están a las afueras del bosque y yo tengo estrictamente prohibido transpasar los límites del bosque, porque mi vida correrá peligro en manos de los cazadores.— respondió con la voz cargada de terror.

—¿Por qué dices eso?, ¿Acaso Jeff no es tu amigo?. ¡Debes ayudarme!.— cuestioné bastante angustiada, mientras la duda me devoraba por dentro.

El repugnante monstruo propinó un giro sobre sí mismo dispuesto a huir cobardemente por la ventana, como si fuese una gallina.

—¡No insistas!— gritó enfadado— ¡Soy un ser sobrenatural!. ¡No pertenezco a tu maldito mundo, por ende, estoy en constante peligro al ser asesinado por los de tu especie. Lo siento Nicky, pero tu mundo no es compatible con el mío— finalizó justo antes de brincar hacia en jardín.

Repentinamente comencé a manifestar poderosas arcadas e inexplicables mareos, producto de los nervios y la constante desesperación.

—¡No me abandones Slenderman!, necesito de tu ayuda. Por favor no dejes que Jeffrey muera por culpa mía. ¡Díme que puedo hacer para que puedas acceder a mi mundo!— grité desesperada.

Slenderman agitó sus largos y acuosos tentáculos en el aire, para luego aproximar su abominable rostro hacia el lóbulo de mi oreja.

—Nicky...— me susurró al oído, mientras arrojó un suspiro atestado de maldad— Sólo existe una manera en la cual yo podría ingresar a tu mundo y así echarte una mano.— dijo  al esbozar una sonrisa espeluznante.

Casi inmediatamente, el impacto de un poderoso rayo provocó que las paredes y el suelo temblaran, dejando tras su paso la estela de un temor asfixiante.

—¡Haré cualquier cosa con tal de salvar a Jeffrey!. ¡Díme que debo hacer!— clamé.

Inesperadamente comenzó a desabrocharse los botones de su camisa blanca, entretanto se aflojó el nudo de la corbata.

—Debes...— pausó cuando me rodeó con sus tentáculos— ¡Realizar una ofrenda y sacrificar algo valioso tuyo!.

Por una fracción de segundos quedé atónita a causa de la impresión, mientras perdí el equilibrio y di algunos pasos hacia atrás.

—¿Qué quieres tú de mí?— respondí absolutamente invadida por el temor.

— ¡Tú cuerpo y alma!.— vociferó luego de arrojarse a la cama con total impunidad.

Jeff, mi peor pesadilla©¡Lee esta historia GRATIS!