Efímero

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Recuerdo que me senté al pie de las escaleras, ya de noche y solitario. Prestaba atención a las risas del bar junto a mí, cuando de pronto, vislumbré un cigarrillo, aún fumable, en el suelo. Alzaba un hilo de humo que se perdía a la altura de mi vista y pensé que ese cigarrillo podría ser una alegoría para la vida: primero se enciende, se aviva, alguien te respira y finalmente te vas apagando hasta que todo tú te transformas en humo y te pierdes en el aire.

Después saqué mi libro de poesía, pero no era el momento ni el lugar adecuado. Las palabras no me llenaban y pensé: esto podría ser el amor. Primero lo asimilas y piensas que te gustará, pero conforme avanzas te das cuenta que la luna no brilla lo suficiente esa noche o que el rugido de los autos no deja que escuches el grito de tus pensamientos y al final nada te sacia.

Entonces llegó un muchacho bien vestido que a la oscuridad y penumbra parecía más fantasma que hombre; tomó su teléfono con fuerza, y comenzó a gritarle a la nada acerca de como no la quería ver nunca más, cómo todo ya había acabado y en cómo quería que ésta se largara de su vida para siempre. Me afectó un poco, imaginé la situación y pensé: Ese podría ser yo. Primero te enamoras y piensas que compartir los cigarrillos y los libros con esa persona será lo mejor que te podrá pasar, dices que no te lo mereces pero en realidad quieres más. Y los cigarrillos se acaban antes de que puedas sentirte feliz, y los libros jamás describirán a la perfección tu sentir. Y te das cuenta que todo acaba y te conviertes en ese fantasma de aquel que quiso y ya no, o de aquel que quiere que le quieran porque siente que se merece algo mejor.

Colgó y me miró. Y lo miré a él. Y se alejó. Viendo toda aquella situación, pensé en que eso podría representarlo todo: en lo efímero de la vida. En la brevedad del tiempo, en la insatisfacción de las personas y en la esperanza de que la luna esa noche sí brille un poco más. Así que me dije a mi mismo: "jamás caeré en quel pozo". Me levanté y me fui. Pero todos sabemos que tarde o temprano nos consumimos y nos volvemos cenizas.

Al cigarrillo se lo llevó el viento.

Al cigarrillo se lo llevó el viento

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