Capítulo 12

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Liberación de tormentos.

Volvimos a sentarnos en el césped.

El espíritu del hermano muerto de los Holbein me buscaba.

Impresionante.

—Tiene sentido que el espíritu de tú hermano muerto quiera llevarme con él — solté una risa tonta que para nada le causó gracia, Heng permanecía serio, odioso.

—Hablar contigo no tiene sentido— de plano lo dijo.

—Cuando vivía en Cleorn, todos los lunes corría al buzón, era seguro que una nueva carta de papá llegaría. Pero un lunes todo se detuvo, no volvió a escribirme y no le encontré sentido — recordar aquellos cuadros de felicidad en el presente me mantenían triste —. Todo apuntaba a éste pueblo, Piotet.

Asintió.

— ¿Has venido a buscar a tu padre?

—Si Heng, pero ya no sé si quiero verlo.

—Siempre serán nuestros padres Dagna, los amaremos siempre — lo dijo como si también quisiera convencerse a si mismo —. Todos estamos lejos de la perfección.

—¿Estás borracho? ¿alcoholizado?

—Yo diría cocalizado.

Apreté mi estómago fuertemente porque incluso reír dolía. Sus ojos se achicaron al sonreír, pequeñas arruguas formándose cerca de sus párpados, era hermoso, él, ese momento en el que no dijimos ni una sola palabra, solo nos mirábamos, reíamos juntos.

—Se siente como condena — di un resoplido.

—¿Sentir que no debes reír?

—Si.

—Recomiendan mucho reír en medio del dolor — guiñó un ojo—. Garantizado por los expertos.

— Tienes que ayudarme Heng, necesito hablar con Meyer O'lien — y él era mi boleto más cercano.

—Descuida, también necesito averiguar que me esconde mi familia.

La duda entrando nuevamente.

¿Por qué ocultarle cosas a su propio hijo?

¿No era mucho mejor involucrarlo y obligarlo a mentir?

Heng parecía el más confiable hasta ahora. Pero, era una persona, y las personas suelen ser crueles y mentes maestras del engaño.

Conclusión: No confiar ni en mi propia sombra.

—¿Desde cuándo conoces a Admes?

— Mi madre quería que sus hijos nacieran en Londres, cuando cumplió seis meses de embarazo se mudo con mi padre a Inglaterra, tiempo después Kahler nació, me procrearon, crecimos, éramos felices — cerré los ojos, yo experimenté esa felicidad que Heng tuvo, corta, pasada, nada duradera —. Cuando cumplí cinco años, mi mamá murió.

— Ella estaría feliz y orgullosa de verte charlando conmigo — fue todo lo que dije.

— Te golpearía por haberme cocalizado, luego ella te llevaría al psiquiatra, después, éste magnífico hombre tomaría las llaves de su auto e iría a buscarte, robaríamos todos los botes de medicamentos y se los lanzaríamos a los expertos de batas blancas, tu locura acabaría con todos, porque eres increíble Dagna — levantó su vista y me sonrió, encontrándose con mis ojos —. Ojalá mueras uno de estos días.

Reí.

Fue tan difícil creer que ese chico podría ser un cruel humano, todos decían "Alejate de los Holbein" "Son lo peor" "Monstruos. Y yo no estaba completamente segura de ver exactamente un monstruo a mi lado, vi todo lo contrario, un alma rota, esforzándose por no caer más en los viejos y tristes recuerdos.

Estación Holbein ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora