Capítulo 40

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Huída

Kagome siguió llorando en brazos de Sesshomaru, había perdido a su único y mejor amigo. Y aunque él se había desvanecido, decidieron velar un ataúd vacío por respeto, los tres creyeron que un velatorio sería lo correcto.

Después de velorio y falsificar varios papeles, se fueron a sus cuartos. Sin embargo Elizabeth salió de su habitación en silencio para ir a la de Naraku, donde sus cosas aún habitaban el lugar, eso por alguna razón la hizo sentir bien. Aún tenía recuerdos de él.

Observó la habitación con detenimiento, sintió el aroma impregnado en su ropa, y luego por curiosidad abrió el primer cajón de su mueble, encontrándose con una pequeña cajita azul en el rincón de este.

Que no sea. Por favor, que no sea eso.

Con las manos temblorosas, agarró la pequeña cajita, teniendo un recuerdo antes de abrirla.

......

La adolescente lo miró confundida cuando él le dijo algo con una sonrisa encantadora.

-¿Tienes una sorpresa para mi?- Sonó emocionada.

-Si. Prometo dartelo cuando todo acabe- Besó los nudillos de ella como todo un caballero, haciendo que se sonroje.

-¿Puedes darme una pista?- Preguntó ansiosamente. Tener un regalo de el hombre que amaba era lo que más anhelaba.

-Solo te diré que espero el "Si"- Respondió mirándola con sus intensa mirada.

-¿El si?- No lo entendió, así que Naraku simplemente río sin querer contestarle- ¡¿El si de qué?!- Volvió a gritar levemente enojada al no comprender.

......

-Te amo, Animalito.

-Te amo, Animalito

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.......

Ahora todo tenía sentido. Cuando abrió la cajita, allí estaba el anillo dorado que él le quiso dar tiempo atrás. Como no eran novios, jamás cruzó por su mente que él querría casarse con ella, y saber de ello horas después de su muerte la destruía por completo.

-Te hubiera dicho que si- Aferró aquel objeto a su pecho mientras nuevas lágrimas volvían a salir- Pero ya no podrás escucharlo- Sollozó- Porque yo te maté. Te asesine. ¡Soy una asesina!- Gritó liberando su poder, viéndose al espejo frente a ella después, el cual comenzaba a tener grietas cuando sus ojos brillaron en un dorado intenso.

......

Kagome fue la primera en sentirlo, así que quiso ir donde su hija, pero fue detenida por Sesshomaru.

-¿Qué haces?, ¡Sueltame!- Gritó forcejeando, pero el daiyokai no cedió.

-Déjala. Ella necesita estar sola- Trató de tranquilizarla, sin embargo ella dudo, mirando la puerta con atención.

-Nos necesita- Trató de hacerlo razonar. Él negó con la cabeza.

-No- Fue honesto- Debe enfrentarlo sola- Eso no la reenfortó para nada.

-Pero...- Trató de objetar, así que Sesshomaru no tuvo más opción que decir lo siguiente.

-Ni siquiera puede verte a los ojos, Kagome- Ella finalmente se rindió al escucharlo. Era verdad, desde que había matado a Naraku, Elizabeth bajaba la vista ante ella al no querer ver como la miraba ahora que había matado a su mejor amigo, además que se odiaba a si misma.

-Cree que la desprecio- Susurró abatida. Elizabeth si había hecho algo muy malo, pero estaba siendo contaminada por la perla, así que jamás podría culparla- Jamás despreciaria a mi pequeña Elizabeth- Con tal sólo mencionarlo se aborrecio a sí misma.

-Con el tiempo te volvera a ver, no la presiones- Levantó su barbilla para poder limpiar con sus dedos las lágrimas que comenzaban a bajar por sus mejillas- En el fondo de su corazón ella sabe que no la odias- Besó su frente con suavidad, animando un poco a la sacerdotisa.

-¿Qué hay de ti?- Él la miró brevemente a los ojos antes de desviar su mirada.

-Solo diré que él no merecía morir, sin embargo se sacrificó por Elizabeth, y le estaré siempre agradecido por ello- Ella sonrió levemente y lo abrazó con fuerza.

Sesshomaru y Naraku tuvieron sus problemas, mayormente el daiyokai no lo soportaba, no obstante, jamás llegó a odiarlo, y con el paso de los años, terminó apreciando al híbrido.

......

Horas después, la energía de Elizabeth no se sentía en absoluto, así que Kagome y Sesshomaru preocupados se acercaron a su habitación para ver si estaba bien.

-Elizabeth, ¿Estas bien?- Dio suaves golpes en la puerta, aún así no hubo respuesta- ¿Elizabeth?- Preguntó una vez más, pero como la primera vez, no hubo respuesta.

-Princesa, vamos a entrar- Esta vez habló Sesshomaru, entrando junto con la sacerdotisa, encontrándose con una habitación vacía.

-No está aquí...- Susurró comenzando a tener miedo por el bienestar de su hija. Mientras que ella se quedó allí sin entender, Sesshomaru hizo lo primero que se le vino a la cabeza, y corrió hacía la habitación de Naraku al detectar su aroma.

-Elizabeth- Llamó abriendo la puerta de golpe, observando como el lugar también estaba vacío, sin embargo la ventana estaba abierta, y él recordaba que se encontraba cerrada antes del fallecimiento del híbrido. Ella efectivamente se había ido- Maldición- Susurró entrando a la habitación, encontrándose tirado en el suelo una pequeña caja vacía, algo que se le hizo raro.

Mientras tanto, fuera de la mansión un híbrido de cabello plateado volvió a aparecer después de haberse ido sin explicar nada.

........................

-Eliset.

Protector demoníaco |Sesshome|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora