única parte.

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Harry pinta sobre el lienzo con suaves trazos rojos lo que es un charco de desgracia, con la presencia de Louis haciéndose presente detrás de él. Suaves labios que besan su hombro desnudo mientras su mano no puede parar de plasmar sobre no más blanco una gran mancha de pérdida que se mantuvo presente durante la pesadilla que tuvo antes de despertar de un salto, el lado se su cama habitado por cabello castaño esparcido como olas por encima de la arena fría y húmeda. Harry lo dejó cuando el hueco en su corazón se agrandó y el aire entrando allí le causó escalofríos que los brazos pesados y cálidos de Louis no podían apartar.

—Esto es una horrible costumbre —Louis se sienta a su lado, rodeado de una sábana blanca que combina tan bien con las ojeras debajo de sus ojos. Combina mejor sobre el demacrado rostro de Harry, por supuesto, que deja sus enormes ojeras a la vista de todos para obtener un premio de ello de una no anunciada batalla, seguramente eso siendo lo único bueno—. Pensé que las pastillas habían estado funcionando, ¿hum? —Louis vuelve a besar el hombro de Harry para tener la atención que el rizado nunca podrá darle por completo. Sin embargo, deja de pintar y se gira para verlo, triste y acabado, desnudo y frío sobre un banquito alto que es tan fuerte que también sostiene su dolor.

—Funcionaron —Harry prueba su voz, encogiéndose de hombros tan lento que Louis nota por fin su desnudez y le comparte de su sábana. No la vuelve a colocar en su lugar cuando se cae como una cascada sobre la piel de Harry, él mismo levantándola y abrigándose en ella—. Creo que soy yo quien está mal...

Louis vuelve a tener esa mueca en sus labios que Harry creó, que no le gusta porque los ojos de Louis dejan de brillar de la nada, haciéndole creer a Harry que realmente le importa. Que realmente se apagan las estrellas cuando él está triste. Ni siquiera la luna parpadea cuando es así, Harry usualmente asomándose con frigidez a admirarla y dibujarla.

—No me cansaré de decirte, Harry, que odio cuando te tratas así —Pese a sus palabras, Louis le sonríe de lado y estira su mano, esperando que Harry la tome y salga del agujero donde sólo él mismo se ha metido, y la mano estando tan lejos que no puede alcanzarla desde lo profundo—. Vamos a tratar de dormir un poco, ¿sí? Mañana terminarás tu dibujo.

Harry mira al cuadrado que estuvo pintando, sus dedos manchados de pintura blanca. Y se obliga a soltar la respiración, le impone a su corazón seguir latiendo, y le suplica a sus lágrimas mantenerse en su lugar. Ha aprendido a controlarlas con el tiempo, con cada segundo escuchándose cerca del oído de Harry.

—Pero mañana no lo recordaré —le susurra, sus ojos sin despegarse de su absurdo cuadro sin sentido—. Déjame quedarme un poco más —Mira a Louis, esperando que lo entienda.

Él no lo hace cuando mira al cuadro, ladeando su cabeza hasta que sus cabellos pican sobre Harry como cada una de las noches y mañanas donde amanecen tan amarrados que buscar sus extremidades es un gran problema. Pero Louis sigue sin entenderlo, riendo un poco y sacudiendo su cabeza.

—¿Qué es? —pregunta, y Harry tiene la respuesta en la punta de la lengua para decirla entre posibles sollozos. Pero tendría la misma escena aburrida repitiéndose una y otra vez, con Louis sosteniéndolo contra su pecho mientras le dice que nada fue su culpa, que volverán a intentarlo. Lo están intentando, y no está funcionando—. Parece ser una gran mancha roja y más colores sin forma.

Los hombros de Harry bajan al igual que lo poco de su humor. Aburrido, se levanta del asiento de madera arrancándole a Louis el resto de la sábana.

—Es una gran mancha roja —repite con voz monótona, encogiéndose de hombros y restándole importancia a la mezcla de sus pensamientos en un intento de ser plasmado—. Vamos a dormir.

Sin esperar o decir más, pone en marcha su cuerpo sin vida hacia una desordenada habitación llena de papeles de Louis por todos lados, una cama fría donde se recuesta y un cuerpo a su lado acompañándole sin dar algún rastro de calor. O de querer estar allí, eso hasta que la oscuridad quita la vergüenza y la mano de Louis se arrastra delicada por encima de su cintura, llevándolo hasta el pecho del dueño del brazo cubierto de seguridad y confortabilidad. Cuando Harry se gira a encarar su rostro, sus ojos azules engatusan con una facilidad vergonzosa para el rizado, que se sonroja con sus mejillas perdiendo la batalla por permanecer pálidas. Tienen más color cuando Louis se acerca más y besa sus labios.

but loving him was red | larry stylinsonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora