Mía.

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Noah fue la cura y la enfermedad, el caos y la calma. Me destruyó pero sobreviví y hoy estoy aquí contando su historia.

*un año antes*

Pasaba de la media noche. Me había quedado despierta viendo la luna llena que aquella noche estaba, podía haberme quedado un par de horas pero el frio comenzaba a azotar con fuerza mis brazos y piernas.

Mi abuelo salió al patio a buscarme y me pidió que fuera a mi habitación a dormirme porque el día siguiente comenzarían las clases. Le obedecí y me pare de la silla en la que estaba sentada, caminamos juntos hasta mi cuarto y se despidió de mí, me dio un beso en la frente y se fue a su cama.

Estaba nerviosa por entrar así que ver el cielo nocturno me hacía estar en calma y dejaba que los pensamientos que me aterrorizaban huyeran de mi mente. En cuanto me recosté en mi cama y me cobije, sentí cansancio y dentro de pocos minutos me quede profundamente dormida.

Me levante muy temprano al día siguiente, de hecho me desperté tan temprano que pude ver como salía el sol. Escuchaba a lo lejos el cacarear de algunos gallos y gallinas y poco a poco los pájaros se unieron al majestuoso canto de la naturaleza al despertar pero después de unos minutos como en cualquier urbe podía escuchar las motocicletas y automóviles moverse por las calles.

Me pare de la cama luego de un par de horas, baje a la cocina a comer algo. Saqué del refrigerador comida del día anterior y la calenté en el microondas, mi abuelo se sentó a la mesa y repartí en dos platos la comida.

-deberías ser chef. Dijo mi abuelo con sarcasmo mientras se llevaba una cucharada arroz a la boca.

-lo sé. Dije inclinándome hacia el frente como lo haría quien hubo terminado un acto de magia.

Vivía únicamente con mi abuelo materno. Mi mama murió en el momento en que yo nací, mi padre me había cuidado por un par de años pero un día cuando regresaba después del trabajo un asaltante le disparo en el pecho y después murió. Mi abuelo se había hecho cargo de mí desde entonces, él y yo manteníamos una conexión especial.

Tomamos los dos una taza de café, comimos algo de pan pero pronto el almuerzo se acabó. Me regresé a mi habitación y mi abuelo se sentó en la sala a mirar la televisión. Mientras estaba en mi cuarto revise mi celular, aunque jamás tenia notificaciones lo tomaba porque quizás llegaría un mensaje. Esperaba mensajes ¿de quién? De quien fuera únicamente rogaba que me llegara uno pero jamás aparecían.

Tome un par de toallas y me dirigí al baño. Tome una ducha de alrededor 20 minutos. Salí y como siempre me mire al espejo, quitando antes con mi mano lo empañado del espejo. Retire de mi cara un par de chinos que escaparon de la toalla y me quede allí un minuto observando mi cara. Me puse unos jeans y una camisa roja y unos tenis sencillos. Observé la hora en mi celular y me di cuenta que era hora de irme.

Tenía que caminar por casi 40 minutos para llegar a la escuela así que lo mejor era que saliera con tiempo de sobra de mi casa. Tome una vieja mochila azul y metí en ella un par de cuadernos y algunos lápices y lapiceros. Me despedí de mi abuelo, quien me deseo suerte y salí de mi casa.

Cuando llegue al salón la mayoría de los estudiantes ya se encontraba allí. Podía escuchar murmullos de algunos estudiantes pero la mayoría de ellos no prestaba mucha atención a quien entraba por la puerta del salón estaban inmersos en sus propios asuntos.

Me senté al frente de una chica llamada Mía, tenía cejas arqueadas que acompañaban sus grandes ojos cafés, sus mejillas rojizas si como su boca, su cabello lacio y oscuro y por ultimo su piel bronceada. Desde que me senté allí frente a ella no había escuchado salir ni una sola palabra de su boca pero escuchaba risas en algunas ocasiones suponía que se reía con la persona a la cual le enviaba mensajes.

Quería saludarla pero antes de que pudiera hacer un primer movimiento un profesor alto y muy delgado entro al salón y comenzó con las clases. Me dolía la espalda de estar sentada, aprovechaba en los descansos entre las clases para estirarme y después volver a mi mesa. Las primeras dos horas con el maestro de algebra se pasaron lentas en especial porque no recordaba nada de lo que había visto en el último grado de secundaria, ahora que recuerdo ni siquiera tuve maestro por unos cuantos meses, quizá por eso me sentía tan desorientada.

Seguimos con la última clase antes del receso, se trataba de química, tampoco sabía nada pero la maestra únicamente se dedicó a darnos indicaciones para las clases futuras y algunas reglas para próximas visitas al laboratorio. Dentro de poco sonó la campana, con el rabillo del ojo pude observar como Mía se paraba de su asiento, voltee a verla, me pare y sin pensar más le dije.

-¿vas a comer? Frunció el ceño lo cual me hizo darme cuenta que la pregunta era bastante torpe dado que en sus manos llevaba una manzana y en la otra una bolsa en la cual claramente llevaba más comida.- ¿puedo ir contigo?- no quería sonar desesperada pero creo que con esa pregunta era casi imposible.

-claro vamos. Caminó y yo la seguí nos dirigimos al comedor y nos sentamos en silencio.

Me quede allí callada esperando a que ella dijera algo pero de su boca no salió ni una sola palabra se dedicó únicamente a observar la pantalla de su celular en todo el receso. Ensaye en mi cabeza algunas palabras que quizá podría decirle. Sin pensármelo más dije abruptamente.

-me llamo Athis. Apartó por un momento la mirada de su celular y con soberbia contestó.

-lo sé. Por unos segundos medite la idea de pararme de la silla y alejarme pero solo respire profundamente y me quede sentada.

Los minutos que pasamos sentadas se pasaron tan lentos como las clases, pero en ese momento deseaba que sonara la campana. Después de 20 minutos por fin sonó el timbre nos paramos simultáneamente de la silla y caminamos hacia el salón. Llegando allí me senté en mi mesa y tomé mi celular.

El día se pasó más rápido después de eso y la noche cayó. Sonó el último timbre y todos los alumnos salieron de la escuela como en una estampida, estaba ya muy cansada así que no me preocupe mucho cuando varias personas me empujaron mientras intentaba salir.

Estaba ya en un lugar a salvo, una cuadra delante de la escuela, voltee hacia el cielo y pude observar la luna brillando, comencé a caminar por las calles para dirigirme a mi casa con la luz de los faros de la calle alumbrando y como una opción para hablar conmigo misma.

Sin Condiciones Solo DestrúyemeWhere stories live. Discover now