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Me dispongo a hacer las maletas para irme al internado, no les he puesto pegas ni me he cabreado con ellos, al principio sí, pero después, estuve un largo rato dándole vueltas y caído en la conclusión de que es una muy buena oportunidad para cambiar mi vida, y la verdad, me da totalmente igual todo, soy así desde pequeña, no entiendo a qué viene ahora, a mis 17 años, querer cambiarme, pero en fin, me irá bien en el internado, siempre que pueda estar en mi mundo y nadie me moleste, claro.

Mis padres me han dicho que puedo llevar mi portatil, he pensado en abrir un blog y utilizarlo como mi diario, si me llevo el de papel, corro el riesgo de que me lo quiten y mis secretos y pensamientos salgan a la luz, claro que, será un blog privado y nunca dejaré la contraseña guardada, sino... No Serviría de nada abrir un blog-diario online pudiendo llevar uno a mano, claro que siempre he preferido los de papel, en mi casa, bueno, en casa de mis padres tengo varios, como 17, si, uno por cada año, no he dejado de escribirlos ningun dia, llegaba la noche y siempre, después de cenar me dirigía a mi habitación, abría mi cuadernos y empezaba a escribir mi dia con todos los detalles, acto después, colocaba el candado y lo guardaba en su respectivo puesto de la estantería, y me iva a la cama, y asi dia tras dia.

Media hora después me encuentro en el coche dirección "el internado", y me doy cuenta de que esta fuera de mi ciudad.

- ¿Esta muy lejos de la ciudad mamá?

- A unos 40 km hija, llegaremos en 10 minutos más.

Veinte minutos más tarde, llegamos, papá se ha perdido dos veces, ¿os a pasado alguna vez que vuestra madre dice que debe girar a la derecha y vuestro padre gira a la izquierda? Nunca lo he entendido, ¿no quiere hacerle caso o simplemente pierde el sentido de la orientación? La verdad es que les voy a echar de menos.

Salimos del coche y vemos a la directora, es una mujer más o menos mayor, debe de tener entre 40-50 años, o quizás su apariencia engaña, es de estatura baja, morena con ojos azules, nos vamos acercando a ella.

- Buenos días, soy la directora Wayn, tu deves de ser Ainoah Davis, encantada.

- Prefiero que me llamen Noah - le tiendo la mano - Encantado Dr.Wayn.

- Vosotros debéis de ser los padres, no se preocupen, su hija esta en buenas manos, acompañadme, enseñaremos la habitación a Noah y hablamos en mi despacho.

Entramos en el edificio, al entrar, encontramos una recepción enorme, a la izquierda se encuentran los despachos de la residencia, más las habitaciones de los revisores, si, esos profesores que no llegan a ser profesores, son más sustitutos, se encargan de vigilar los pasillos y vigilar que todo el mundo está en su habitación a la hora de dormir o al toque de queda, además de ser el responsable de firmar las autorizaciones para salir a comprar, ya sea ropa, comida o material escolar, a la parte derecha se encuentran unos sofás donde hay estudiantes hablando, bebiendo café, al centro se encuentran las escaleras que suben a todas las habitaciones, ah y los ascensores, los cuales solo pueden utilizar los profesores o todo aquel que tenga algún problema.

Subimos hasta la segunda planta del edificio, andamos por unos pasillos larguísimos y nos paramos en una de las puertas, la 231.

- Bien Noah, este será tu cuarto. - abre la puerta, hay una chica, de mi misma estatura, rubia con ojos verdes. - Esta es Samantha, tu compañera.

- Hola Samantha, soy Noah.

- Hola, puedes llamarme Sam. -parecía bastante maja, quizás pueda empezar a hacer amigos. Pero...Pensándolo mejor, creo q prefiero quedarme como estoy, nadie me entendería de todos modos.

- Samantha, por favor, ayuda a Noah a instalarse y enséñale el campus.

- Si Directora.

La directora y mis padres se van y me dejan con Samantha, me dirijo hacia mi maleta y la abro encima de la cama que esta libre. Saco de una de las maletas mis sábanas de cama, he traído mis favoritas, unas donde se pueden ver la torre eiffel de París, es uno de mis lugares favoritos, al que solo he podido viajar una vez, con mi abuelo, parecía que era el unico que me entendia y me sentia muy bien, hasta que llegó el momento y nos dejó, lo pase muy mal, pero nadie lo sabía, todo el mundo pensaba que no me importaba, pero me importaba, siempre he preferido llorar donde nadie pueda verme, dicen que es de cobardes, pero yo no lo veo de ese modo, y me da igual.

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