Capítulo 10

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Noche eléctrica.

Una semana.

Nadie sabía nada de aquél chico castaño, de hermosos ojos azules como el océano. La policía hacía muy bien su trabajo, por eso seguía desaparecido. Su nombre escapaba de cualquier boca, era la noticia catastrófica que unió a todos los habitantes de Piotet.

La desaparición de Admes Giesler alertó a cualquier ciudadano, los padres cuidaban mejor de sus hijos rebeldes, y aquellas fiestas ocasionales se esfumaron por un breve momento. Los sitios estaban más vacíos durante las noches, los niños se ausentaron del parque de diversiones; todos estábamos angustiados, aquella ola de terror nos sacudía con fuerza.

—¿Sabías lo de la chica? — Elodie apagó el televisor, teníamos la vieja costumbre de ver un maratón de nuestra serie favorita todos los viernes. Aunque sin Admes, todo se sentía muy extraño y melancólico.

—El tema ponía muy sensible a Ad —seguía helada por la noticia, aún no podía creerlo —. Jamás intenté arrastrar su pasado, el presente es mucho más importante y no quise lastimarlo.

Fue una gran sorpresa que la historia que algún día vivieron los Giesler... estuviera repitiéndose.

— Jamás encontraron el cuerpo de Audrey Giesler.

Vaya que ese pueblo tenía secretos, era tan oscuro y estremecedor, que un nuevo suceso podía cambiarlo todo.

—¿Crees qué el tipo de la gabardina es el mismo que asesinó a la hermana de Admes? —curiosa, se sentó frente a mí.

—No lo sé Elodie — continué enviándole mensajes a Darel, en toda la semana se la pasó evitándome en el instituto, ahora más que nunca necesitaba hablar con Haiol.

—¿A quién le escribes tanto? — sonrió al aventarme un pequeño cojín —. ¿Lowell?

Su sonrisa se amplió más, jugó con uno de sus rizos y se acercó. ¡Oh, vaya! Si que le gustaba mi novio falso.

Apagué la pantalla del celular a tiempo y lo alejé —. Dar...Corwin Eulberg me evitó en toda la semana.

Casi se me escapa el nombre verdadero. En verdad que necesitaba decírselo a alguien, estaba tan desesperada.

—¿Y Corwin te importa más que tu fiel traidor? — cómo se atrevió a preguntármelo.

Cada día, al ver a través de mi ventana, el dolor recorría mis mejillas, recordaba al atractivo chico sonriéndome, con su pijama de coca cola; su favorita.
Lo extrañaba tanto que escribía mis súplicas en cualquier lugar. Mi gesto era muy tonto e insignificante, pero al menos podía liberar un poco de dolor.

—Creo que Corwin puede ayudarnos a encontrar al traidor — Elodie se apartó al oírme.

—¡Corwin, oh! — la idea le pareció fatal—. Ese chico es hermoso, tiene unos rizos tan oscuros y fantásticos que no me molestaría en acariciar. Puede ser el hombre de tus sueños, y el mío también...pero es un microbio, como tú y yo, sin autoridad, sin poder.

Elodie a veces era insoportable.

—Exacto, ¿Y sabes qué sucede cuando microbios tan distintos se unen...? — mi mirada desafiante asustó a Elodie.

—Caos — su respuesta fue tan: Ni se te ocurra Dagna.

—Eso producen las epidemias, ¿Y sabes qué? Muy pronto seremos una — le dije más decidida que nunca.

Admes Giesler era tantas cosas, pero no podíamos negar que aquel lado tonto y traidor me pertenecía.

Y nadie, mucho menos un extraño usando gabardina iba a quitármelo para siempre.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora