01 | ¿Quién en realidad es malo?

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     Somos buenas personas hasta cierto punto; somos capaces de permanecer en paz y mantener buenas relaciones si no nos vemos amenazados por otros. Somos seres racionales hasta que nuestras emociones nos lo permiten. Se supone que debemos mantener un equilibrio entre aquello que sentimos y aquello que pensamos, pero… ¿qué pasa si toda emoción agradable fue destruida en menos de lo que pensabas? ¿Cómo aprender a controlar esos sentimientos que sólo te provocan pensar en destruir y arrastrar?

¿Cómo detener tus pérfidos planes cuando eres capaz de justificarlos?

No había vuelta atrás, no había forma de tomar otra decisión.

Recordar en su totalidad cómo fueron tomados los procesos, recordar desde aquella corta edad, cómo todos decidían por él y hablaban de un testamento perdido, el cual le había provocado terminar en la profunda miseria después de muchos conflictos frente a un tribunal, resultaba molesto.
Aquél pequeño niño había sido cubierto por el brazo del Estado, éste asignándole un tutor que cumpliera con todos los requisitos; el poder suplir sus gastos básicos y tener la capacidad de invertir en una buena educación. 

Jeon Jungkook había sido acogido en una buena familia. Creció rodeado de mucho amor y aprecio hacia su persona, creció enterado de que su apellido había sido reemplazado por el del señor que tomó la decisión de tenerlo junto a él. No preguntó, no objetó, simplemente se quedó callado.

Estaba bien. Era lo importante.

Muchas de sus noches habían sido cubiertas por llantos y pesadillas que sólo se calmaban cuando sentía brazos cálidos rodeando su débil cuerpo. Ese que en su momento fue capaz de notar cómo las personas que más amó, se enfriaban y endurecían como el mismísimo cemento.
Tenía en cuenta, también, cómo sus fibras hervían ante la constante necesidad de hacer algo. Lo que sea necesario para saciar la sed de sangre que controlaba cada uno de sus pensamientos y acciones. No se sentía mal, no sentía una pizca de arrepentimiento. Y es que, ¿por qué sentirlo cuando aquella persona no fue capaz de empatizar con su madre, la cual lo único que hacía era suplicar por su vida?

La primera vez que sintió verdadera tranquilidad después de mucho tiempo, fue cuando encontró a una pequeña paloma que se mantenía hilada de una de sus patas; casi estaba mutilada. Jungkook a sus cortos diez años tuvo la intención de ayudarla, mas su ayuda fue más que la simple acción de soltarla y dejarla ser libre. Lo que optó por hacer, fue tomar una gran piedra y aplastar ese pequeño cuerpo contra el piso. Mucha sangre corrió por debajo del duro objeto, sus ojos no se despegaron de ella y se colocó de cuclillas mientras observaba.

Estaba feliz. La había ayudado. O bueno, eso creyó, ya que después de que su tutor se sercioró de su acción, lo regañó severamente hasta llamar a sus lágrimas. Según ellos, estaba mal, pero, ¿por qué Jungkook no lo veía de esa forma?

Sentimientos extraños empezaban a absorberlo; le daban a entender que no podía confiar y que muchas personas tenían el descaro de exigirle tipos de comportamientos cuando él, estando joven, no entendía o prefería ignorar.
Según su concepto, habían muchas formas de ayudar y solucionar los problemas. Claramente, no siempre siendo de la forma en que todos por lo general lo plantean.

¿Por qué hacer que esa paloma desarrolle problemas estando viva y mutilada, cuando es claro que va a sufrir de esa forma y, en algún momento, querrá ponerle fin a todo?

Jungkook sólo aceleró el proceso. Y hasta el día de hoy, sigue pensando que no estaba equivocado.

Ese niño de diez años fue creciendo reprimido, pensando mayormente en temas que un niño a esa edad ni podría imaginar. Sus días eran tranquilos, sus tardes pacíficas, después sus noches resultaban siendo agotadoras y su madrugadas… esas terminaban siendo tan turbias, como la noche en que su madre encontró un cuchillo de cubiertos bajo su almohada por “seguridad”.

Irusu [KOOKV]¡Lee esta historia GRATIS!