Clanes

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El bullicio del garito comenzaba a ser agobiante, demasiada gente, demasiado humo y demasiado griterío mezclado con la música algo distorsionada a causa del volumen. En la mesa ya casi no cabían más cervezas, y el cenicero recibió una nueva colilla.

- Vamos tío, anímate. Ahora vamos a ir a un club que descubrimos el otro día, lo pasaremos bien – rió uno de los chicos pasándole el brazo por encima a otro mientras daban otro brindis y engullían el liquido de un trago dejando el vaso de chupito de un golpe sobre la abarrotada mesa.

Cuando salieron del antro cinco se metieron en el BMW serie 3 azul y otros tres en el Audi A3 negro.

- ¡Eh Wolf! Síguenos tío – gritó el conductor del primer coche.

El aludido asintió tras ponerse el casco y encender con un rugido su moto deportiva, se subió dando gas siguiendo a los coches de donde resonaba la música y los gritos de los demás llevando la juerga al límite.

Wolf los siguió sin dificultad por la oscura carretera, pronto tomaron un desvió y la ruta se retomó por un estrecha carretera de curvas que reseguía un paisaje oscuro y árido que de pronto se tragó un espeso bosque que con su aire frío animo los sentidos de Wolf que dio gas a su montura y adelanto a los dos coches en un tramo más ancho. Aprovecho para darle caña un rato para desquitarse u dejo que sus colegas volvieran a pasar delante siguiéndoles colina arriba adentrándose en otro mundo. Al cabo de una hora llegaron a destino, se metieron por una entrada de gravilla y aparcaron delante de un edificio cuadrado, las luces de neón inconfundibles parpadeaban sugerentemente el nombre del antro “La cueva de los deseos”. Afianzo el pie en el terreno irregular y buscó el lugar más seguro para apoyar la moto hasta que vio un trozo asfaltado donde la dejo. Desmontó y ató el casco. Se revolvió el pelo y observó la fachada de vivos vivos con siluetas Pin Up de mujeres. Fue hasta la puerta donde lo esperaban los demás y entró con ellos que seguían riendo y haciendo barullo; algunos empezaban a ir ya pasados. Se rió para sus adentros y entró pasando por al lado de un segurata que parecía un armario empotrado todo vestido de negro.

Cuando la puerta se cerró tras de él una oleada de calor le obligó a sacarse la chaqueta, el bosque hacía que hubiera una temperatura agradable, más bien fría, pero a él le gustaba, lo relajaba a diferencia del calor asfixiante del interior. Observó a su alrededor, al fondo a la izquierda quedaba una barra larga con cristales en la pared, a lo largo del lugar se repartían pistas de baile, unas redondeadas, otras como pasarelas, unas con barras y otras no. 

Una chica que portaba una bandeja vacía los acompañó hasta una mesa grande para grupos, los chicos fueron repartiéndose por el sofá redondeado y los que no cabían se aposentaron despatarrados en las butacas. La chica, que iba vestida de conejito empezó a tomarles nota de las bebidas que querían tomar. Wolf la miró de arriba abajo y una sonrisa perversa cruzó momentáneamente su atractivo rostro, un conejito siempre era una presa deliciosa; se aposentó y apoyó el brazo en el respaldo hasta que le toco su turno para pedir, la chica se demoró en él.

Wolf era un chico atractivo, irresistible para las mujeres, su camiseta negra dejaba entrever un torso fuerte, musculado en el punto justo como sus brazos por donde asomaba una piel tersa de un tono miel. Era alto, tenía unas facciones varoniles y algo marcadas, pero a su vez el conjunto de su cara tenía un punto aniñado, sexy, redondeado pero anguloso, sus labios llenos y carnosos era cálidos y apetecibles y sus ojos de un intenso azul claro con tonos grisáceos brillaban en la penumbra del local iluminados por pequeñas lámparas con forma de seta.

La mujer retiro un vaso de la mesa justo donde él estaba y acarició deliberadamente la rodilla de este al llevarlo a la bandeja, le guiñó un ojo con su amplia sonrisa y se fue hacía la barra meneando la diminuta colita que llevaba su traje.

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