Capítulo 12

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Con el paso de los días he tratado de digerir todo lo que me ha dicho Cristina, pero tanto pensar, ha hecho que me coloque ansioso y me envuelva en una serie de conductas erráticas que en vez de mejorar todo, sin duda lo han empeorado. Por mi rabia y mis celos sin sustento, me trencé a golpes con un compañero de ella junto con el que almorzaba. No nos habíamos puesto de acuerdo, pero nos parecíamos tanto, que solíamos visitar frecuentemente los mismos lugares. Desde que me había separado, que no visitaba lugares tan públicos, ese día almorcé solo, todos los días anteriores había buscado alguien que me acompañara para pasar el tiempo y no pensar tanto en todo lo que me atormentaba. Mientras pedía, me di cuenta de inmediato que Cristina estaba almorzando amenamente con ese tipo. Esa situación no me agradó en absoluto e impulsivamente me levanté para aclarar lo que estaba viendo. Ahora que las horas han pasado, lo coloco en un plano racional y la verdad no estaba en condiciones de pedir explicaciones, pero ese tipejo, también me provocó cuando me enrostró que no tenía nada que reclamar si yo la había engañado. Bastó solo que hablara, para que no lo dejara pensar y le puse un combo que no permitió uno de vuelta de lo aturdido que quedó, es por eso, que todos los que estaba ahí comenzaron a reconocerme y a sacar fotografías de lo que sucedía y solo provoqué la ira de Cristina que me dio un bofetón y solo con su mirada... reaccioné que lo que había hecho estuvo mal.

***

Con todo lo que he dicho y ha sucedido entre nosotros, no sé si es lo mejor o lo recomendando, pero estoy en la parroquia San Diego de Alcalá esperando a Vicente. Él no solo es el padre de Cristina, sino que también es un gran amigo y se convirtió en un gran apoyo cuando mis padres fallecieron. Él ha sido muy importante y conocer su historia de vida que la plasmé en mi libro Mi Verdadera Dirección, ha sido muy enriquecedor para mi vida. Sin embargo, a pesar de que siempre respeté su decisión, nunca entendí como se hizo sacerdote. Él era un tipo exitoso, sin necesidades de ningún tipo, tenía todo lo que quería y de un día para otro nos anunció a todos que entraría al seminario. Cuando lo dijo todos pensamos que era una broma, no podía ser cierto, pero todavía recuerdo que inmediatamente todos miramos Alicia buscando la afirmación de que eso era cierto. Ellos dos estuvieron juntos cerca de tres años antes que Vicente optara por este camino y estoy seguro que fue un tremendo impacto, siempre se amaron como grandes amigos y lo apoyó incondicionalmente en su decisión. Para Cristina no fue fácil, ya estaba grande y su carrera la había terminado hace poco y él creía que estaba lo suficientemente preparada para manejar sus asuntos y ser la nueva socia de Alicia. Carlos quien también formaba parte de ese triunvirato, había decidido dedicarse a los asuntos políticos y si bien ninguno había dejado de ser amigos, consideró que para sus planes, lo mejor era venderles su parte para que el negocio continuara. Siempre supe que era apegado en la religión y en el libro que retrato su historia se muestran pasajes de su fe y de la vida. Siempre he creído que nunca ha dejado de amar a la que fue su esposa y madre de Cristina, es por eso que en alguna oportunidad me confesó que lo hacía para consagrar su vida a Dios, a la oración y a la sinceridad del profundo amor que nunca había perdido por Carina. Reconozco que desde que sucedió todo, ha tratado de conversar conmigo y yo no he respondido sus mensajes, desconozco si el motivo por el que quiere hablar es para recriminarme o para preguntarme detalles de todo lo sucedido. No obstante, si lo hace, escucharé todo lo que me tenga que decir sin reprochar nada, al fin de cuentas... todo esto me lo merezco. Veo que se dirige hacia mí y su mirada no se nota molesta, es más bien serena y feliz. Cuando está frente a mí, me abraza como dos buenos amigos que han dejado de estar juntos por mucho tiempo y sin decirme nada, me invita a pasar al templo para que nos sentemos en una de sus bancas. Es un día de semana, no hay nada de gente, aunque al llegar una señora me reconoció de inmediato, lo bueno que no fue por ser el infiel de moda, sino porque le había encantado Jamás Volverás a Estar, aunque me pidió disculpas, porque me reconoció que no tuvo dinero para comprar el original y solo pudo leerlo pirateado, si hubiese tenidos alguna copia de algún libro en mi auto, sin duda le habría regalado uno por su gesto.

Estar dentro de la iglesia me hacía recordar cuando era pequeño y junto con Rodrigo mi madre nos preparó para que realizáramos la primera comunión, tal vez esta ha sido una de las pocas experiencias que he tenido de cerca con la fe, nunca he sido apegado a tener una relación directa con Dios. Me atrevería a decir que las oportunidades de acercamiento que he tenido han sido desde que Vicente tomó la opción de ser sacerdote.

— ¿Cómo estás? – Vicente preguntó.

— Intento estar bien.

— Me había intentado comunicar contigo antes, pero nunca tuve respuesta ¿Te llegaron mis mensajes?

— Sí, me llegaron, perdóname por no responder, pero estaba pasando por un momento complejo y no sabía que decirte. Tuve vergüenza de hablar contigo y reconocer mi error. – Todas las conversaciones que tenía con Vicente, me permitían hablar con la verdad, esa era su principal cualidad, siempre hablaba e inspiraba confianza.

— Entonces... ¿Reconociste tu error?

— Sí, me siento muy arrepentido, le fallé a la persona que más amo en este mundo y no he podido solucionar nada, al contrario, solo lo he empeorado.

— ¿Cuánto tiempo que nos conocemos Martín? – Su pregunta me descolocó un poco porque esperaba que me dijera otra cosa.

— Nos conocemos cerca de doce años aproximadamente.

— Todavía recuerdo cuando te vi llegar la primera vez que venías con Cristina. ¿Recuerdas que fue el día que tuvieron problemas con la micro?

— Lo recuerdo perfectamente, ese fue el día en que hablé por primera vez con ella.

— Cuando te vi entrar, inmediatamente me di cuenta de que la querías.

— Pensé que lo había ocultado lo suficientemente bien – Siempre creía que no había sido tan evidente, pero al parecer estaba en un tremendo error.

— Bien sabes que nunca me has podido engañar, pero en un comienzo intuí, que no eras una mala persona y con el paso de los años, he comprobado que no me equivocado.

— Hasta ahora. – Yo me apresuré a decirlo, porque me dolía y me afectaba lo que me expresaba.

— Mira Martín, sé que tú no tienes mucho apego con el tema de la fe, pero que mejor enseñanzas son las que no has dejado la biblia. En una de las cartas de los corintios se menciona: «El amor es sufrido y bondadoso. El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta del daño». Lo más valioso que has hecho en este tiempo, es reconocer que cometiste un error, pero el amor que ustedes tienen con Cristina es verdadero. Sin embargo, aunque se siente en parte responsable de lo que ocurrió entre ustedes dos, es lógico que tenga un resentimiento en su corazón, y te aseguro que eso solo se traduce en el rompimiento de la confianza que tenía hacia a ti. Ahora no te queda nada más que luchar, hacerle saber cuan arrepentido estás, demuéstrale que puede volver a confiar en ti, pero por sobre todo, hazle saber que todavía la amas. Recuerda lo que ya te dije, el amor es sufrido y bondadoso, pero cuando es real, no lleva cuenta del daño. – Mientras yo colocaba mi mirada fija en el piso, para evitar que él se diera cuenta de que estaba llorando, me dio un abrazo que con solo sentirlo, me hizo desangrarme en lágrimas de tristeza. No sabía que decir mientras en silencio me consolaba. No entendía como me dejé llevar por tantos errores en los cuales yo mismo provoqué que no estuviera conmigo, pero tenía razón, debía buscar la fórmula para reconquistarla y hacerle entender que yo no había dejado de amarla y que jamás dejaría de hacerlo, porque es el amor de mi vida y más que mi amor verdadero, simplemente... es mi vida. 

¿Será Muy Tarde?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora