Capítulo 10

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Desde la tarde que Cristina me esperaba con todas mis cosas fuera de casa. A partir de ahí, solo la he visto un par de veces en la televisión cuando algún programa trataba de entrevistarla. Para la prensa todo es jocoso, no solo era la esposa de un escritor conocido, sino que también era una abogada muy reputada y había llevado casos importantes en su carrera que la hacían figurar públicamente.

Cuando llegué a su oficina, en la que ya no se encontraba Vicente, me encontré con Alicia en la entrada, me saludó muy afablemente y me hizo saber que no era conveniente de que yo pasara. Cristina había dado la orden de que no me dejaran entrar. Sin embargo, a pesar de que me hizo saber lo que estaba pasando y me alertó, no me importó y lo hice igual. Al guardia y al recepcionista que cuidaban la entrada los conocía desde hace mucho tiempo, incluso apostábamos dinero cuando nuestros equipos de fútbol jugaban. Sé que fue difícil para ellos y los comprendo, pero no me dejaron ni siquiera acercarme al ascensor, por más que les supliqué y les conté mi plan, fueron buenos trabajadores y fieles al mandato que su jefa les había ordenado.

Pasé tres horas sentado en la banca que está afuera del edificio. Aunque finalmente no me dejaron entrar, el recepcionista fue muy amable y me trajo un café para la espera. Me quedaré hasta que salga, no me iré de aquí sin conversar. Tenía que saber mi arrepentimiento, debe conocer lo que siento y no me voy a rendir fácilmente, estoy totalmente decidido a que esto no puede acabar así. Es por esto, que mientras le daba un lento sorbo al café la vi aparecer a mi lado:

— Me dijeron que quieres hablar conmigo. – Cristina se sentó a mi lado y se mostraba muy serena, así que al menos esto era un buen indicio de que podríamos conversar tranquilamente.

— Sé que ha pasado mucho tiempo de que no hablamos, pero se hace imperioso que conversemos. – Es tan difícil encontrar las palabras precisas para dar a entender lo que sentía.

— Entiendo. Si ese es el precio para que no sigas viniendo, creo que podemos hablar una vez más.

— Cristina hay mucho qué tengo que decir, quiero pedirte perdón, las cosas entre nosotros llegaron a un punto en el que al menos yo, no medí las consecuencias y quiero disculparme contigo. Todo este tiempo que ha transcurrido, me he dado cuenta de lo que siento y de lo mucho que quiero recuperar lo que teníamos. En estos últimos días he recordado todos los momentos hermosos que hemos vivido y en los errores que yo cometí para llegar a este punto.

— Tienes razón en mucho de lo que dices, pero te olvidas de decir que tú fuiste el que me engañó con otra persona para justificar la supuesta soledad que estabas viviendo.

— No es escusa, reconozco lo que hice, sé que me equivoqué y soy responsable de que todo se desencadenara de esta forma.

— Sí, eres responsable, porque mientras yo pensaba en cómo solucionar lo nuestro, tú estabas de paseo revolcándote ¿Qué acaso pensaste que todo era indiferente para mí? Si pensaste eso, te equivocaste y mucho. Yo te amo Martín, pero tu falta de voluntad para todo ha sido tremenda. Es cierto, tu aventura solo fue la gota que rebalsó el vaso, pero me apena saber todo lo que hemos pasado en este último tiempo y la poca voluntad que pusiste para superar todas las trabas que hemos tenido. Nunca quisiste que fuéramos a visitar a un terapeuta para que nos ayudara, nunca me has acompañado a la clínica para mi problema de fertilidad, ni siquiera sabes en qué he estado, no tienes idea si puedo tener hijos o no, porque desde que lograste «El éxito» te olvidaste de mí y me relegaste a un segundo plano. Solo te interesas en ti, no existe nada más en tu vida que tú mismo – No sabía que responder, tenía razón en todo, como esposo me había despreocupado enormemente y hasta me daba vergüenza estar ahí pidiéndole que me disculpara por todo lo que hice.

— Cristina tienes razón en todo. No tengo que reprocharte nada... - No me dejó terminar y arremetió nuevamente...

— ¿Sabes que se siente estar en la boca de todos? ¿Caminar por la calle y que todos te apunten como la engañada? Durante varios días me siguieron de la prensa para conocer mi situación emocional ¿Dónde estabas tú todo este tiempo? Supongo que encerrado en algún lugar viendo como todo pasaba y las ventas de tus libros se incrementaban... tal vez estuviste escribiendo una nueva historia que develara todo lo que te ocurría conmigo para tener otro éxito de ventas. Me imagino que en eso estuviste... - No pudo terminar de hablar cuando comenzó a llorar de forma descontrolada y solo atiné abrazarla mientras de alguna forma se dejaba consolar por mí. Tenía razón, me sentía como un estúpido por no darme cuenta de todo lo que yo había provocado. Su llanto era tan intenso que me dolía el corazón y no podía evitar sentirme de igual forma. Concebía que ambos estuviéramos conmovidos por lo que nos estaba pasando y era muy difícil volver atrás.

¿Será Muy Tarde?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora