Segunda Parte - Capítulo 9

25 6 2

9

Cada vez que me han entrevistado acerca de mis historias y mis personajes, me provoca un aburrimiento tremendo siempre tener que decir lo mismo. Todas las historias tienen algo de verdad. Los libros que han logrado alguna repercusión mediática, se basan en historias reales, ya sea porque surgieron de mi imaginación u otros me han contado todo lo que sienten referente a sus asuntos del corazón. Sin embargo, esto de escribir verdaderamente acerca de mí es bastante novedoso y espero que resulte. Durante toda la noche he estado recordando mi historia y en todo el rato que ha transcurrido, no puedo generar alguna idea que me ayude a recuperar su amor. Por otra parte, hoy tengo que hacer algo demasiado incómodo, me debo encontrar con Francisca Sonetto. Es raro y complejo, es la mujer con la cual engañé a Cristina. La primera vez que nos vimos fue por intermedio de María José quien es nuestra agente literaria. Este encuentro se dio en una conferencia de escritores, luego compartimos una cena y las conversaciones ocasionales que teníamos en los pasillos. Existía simpatía mutua, a pesar de que siempre competimos en la taquilla de ventas. Si dijera que no tiene ninguna virtud literaria, estaría diciendo una gran mentira, es muy inteligente, interesante, entretenida y muy bella. Puede sonar estúpido, pero algo que me atrajo mucho, es que sea pelirroja y yo nunca había estado con una. Esto de ser un infiel no es fácil, porque quien se entera de que hice algo que faltara a la moral le sorprenderá y lo contará a todo el mundo, pero ser famoso o mejor dicho medianamente conocido, tiene sus complicaciones y no solo mi círculo se enteró de lo que hice, sino que la prensa rosa se ha encargado de difundir mi situación personal. Todavía recuerdo los titulares de hace unos meses que decían: Martín Heredia Jamás volverá a estar con su esposa, porque tiene una Amante Escritora. Este titular era un juego de palabras por mi libro y lo de Amante Escritora, era por el título de un libro de Francisca. Durante mucho tiempo nuestros acercamientos fueron un ir y venir, nos topábamos en los encuentros literarios o nos invitábamos a los lanzamientos de nuestros libros, de hecho, yo estuve en el lanzamiento de Amante Escritora que ha vendido millones de copias.

En aquel tiempo las cosas con Cristina no andaban nada bien y la llama de amor se había pagado hace rato, ya no nos aguantábamos, ninguno de los dos soportaba los gustos y costumbres del otro. Detestaba que yo me levantara tarde y yo odiaba que siempre se levantara tan temprano. Yo lo hacía porque en la noche se me daba mucho mejor escribir en el día y ella porque su vida estaba regida por un horario de oficina que debía respetar. No hacíamos el amor y con suerte nos saludábamos de besos, ni siquiera teníamos deseos de sentirnos, todo poco a poco se fue derrumbando y esto fue nuestra culpa. Nunca conversábamos lo que realmente nos ocurría, nunca nos decíamos lo que nos molestaba del otro para tratar de arreglarlo y creo que lo más importante, que por muchas razones no habíamos podido tener hijos. Por esto, que en uno de los tantos viajes fuera del país que éramos enviados por la editorial y planificados por María José, sucedió lo que ya he relatado. Un poco de vino, un poco de risas furtivas entra ambos, y el deseo que ambos teníamos de apaciguar algo que hace mucho deseábamos tener del otro. Nada más ni nada menos... que pasión reprimida.

Debo ser justo, Francisca nunca quiso verse involucrada en la farándula que lleva que alguien conocido engañe a su esposa, pero fue víctima de algo que yo no pude controlar y fue develado por una camarera que me vio quedarme en su habitación. Sé que suena demasiado estúpido, pero así fue, y es como se enteró Cristina de lo que había pasado. No podía pretender que al llegar a casa, no tuviera la maleta con toda mi ropa y alguno objetos que sabía que eran muy valiosos para mí.

Al bajarme del Uber, supe de inmediato lo que se me venía. Cristina estaba sentada en la terraza esperando que yo tomara mis cosas, intenté hablar, pero no me respondió y desde ese día... que no hemos vuelto a cruzar palabra. He sabido por Romina que esto le ha afectado profundamente y se cuestiona mucho por haber llegado a ese punto, pero aunque se debatía en demasía, no quiere mirar hacia atrás y quiere olvidar todo lo malo que el último tiempo ha vivido. Fue la gota que rebalsó su vaso. Hoy después de este encuentro que tengo con Francisca iré a su trabajo. Imagino que no soy nada grato, pero asumo el costo de mis errores y las ganas que tengo de remediar una equivocación de la cual estoy profundamente arrepentido.

¿Será Muy Tarde?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora