Capítulo 5

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Llegué a mi casa con el corazón en la mano. Era perfecta para mí. Tenía la mala costumbre de ser muy enamoradizo, pero no me esmeraba en cambiar ese aspecto de mi personalidad, simplemente, porque sentía que eso me hacía sentir humano y cada día más vivo. En casa teníamos un almacén como sustento familiar y mis padres trabajaban en él durante el día y a veces con Rodrigo colaborábamos. Cuando llegué, mi mamá ya se había ido acostar y solo estaba mi papá tomando un poco de vino y sacando algunas cuentas y al verme me pidió que me sentara junto a él:

— ¿Cómo estás hijo? – Me preguntó mientras me servía una copa de vino para acompañarlo.

— Todo normal, no sé qué te puedo contar.

— ¿Estás seguro que no hay nada que contar? - Con mi padre teníamos una muy buena relación e infería que se estaba refiriendo a Cristina.

— La verdad sí, conocí a una chica.

— Imagino que es la misma que te vino a dejar el otro día.

— Es ella.

— ¿Cómo la conociste?

— En el paradero de la micro.

— Antes de que me sigas contando detalles, que créeme que me interesa mucho lo de esa chica y espero que la traigas para conocerla, no puedo dejar de preguntarte por Natalia. – Ella había sido parte de mi última relación y entre nosotros no todo terminó de la mejor manera. Sufrí mucho con su partida y con lo que sucedió después, cuando mi padre me recordaba ese detalle, me maldecía por ser tan apasionado con mis sentimientos.

— Ya ha pasado un tiempo, no puedo decir que no la pienso, no sé si aún conservo sentimientos de amor, pero creo que el tiempo que ha pasado y lo que sentía por ella también.

— Me alegra saberlo, sabes que nunca me gustó mucho. – Mi padre fue mi fiel compañero en eso momentos en que me quería morir de amor. Pasé por lapsos profundos de desesperación que me dejaron en un letargo depresivo que si no fuera por su apoyo, seguiría sumido en lo mismo.

— Bueno... sobre esta chica que conociste ¿Te gusta? – Mi padre no andaba con rodeos y trataba de sacarme mentira por verdad mientras se servía su segunda copa.

— La verdad no lo tengo muy claro, pero siento una enorme atracción.

— ¿Tú crees que también la siente? – Siempre me complicaban sus preguntas, era muy directo y hacía que me cuestionara.

— No lo sé, nos estamos conociendo, no tengo claro eso, pero esta vez quiero hacer todo con calma. Desde que Natalia me terminó, he pensado que hay que hacer todo lento y no acelerar procesos.

— Me alegra que hables así, no quiero verte sufrir nuevamente. Pero en fin, reitero que quiero conocerla. Conversamos un rato sobre algunos detalles del negocio antes de que fuera a dormir. – Mi padre se levantó y antes irse me dio un abrazo que siempre me reconfortaba y me devolvía la vitalidad que muchas veces se me escapaba.

Estaba muy eufórico, ansioso y recuerdo que antes de ir a dormir, y para no dejar pasar el tiempo, tomé mi teléfono e ingresé a mi cuenta de facebook para agregarla como amiga. No lo había hecho antes, puesto que no me quería mostrar desesperado y esperaba tener mucha más confianza para interactuar de forma cibernética. Todavía recuerdo que inmediatamente aceptó mi solicitud de amistad y me saludó:

— ¿Todavía despierto?

— Acabo de acostarme.

— Anda a dormir que ya es muy tarde.

¿Será Muy Tarde?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora