Primera Parte

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Blog novela que se va publicando a entregas en lunes alternativos en el Blog Literarias:

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No siempre es fácil encontrar ideas para una historia, ni siquiera sabía donde me metía cuando me  dijeron «Venga, será sencillo, tú puedes hacerlo. Se te da genial, es un don natural» Y una berenjena con patas… Era de todo menos sencillo, «sólo has de escribir un guión para una escena porno sin caer en lo burdo, ya sabes, que sea más bien sensual, erótica y que invite a fantasear y suba la temperatura» ¿De dónde iba a sacar yo una escena así? Más con la sequía que llevaba, y no una literaria precisamente hablando sino de lo otro… ¡Oh, sí! Lo habéis acertado, ando a dos velas desde que mi supuesto novio me dejo y no, no porque se tirase a otra no, sino porque decidió que quería descubrir más mundo, y por tanto le sobraban ataduras, y… ahí va lo mejor, estaba re-direccionando su sexualidad, y es que el muy… no se como calificarlo, sin llamarle feliz de la vida, me soltó así a bocajarro de agua fría que le molaban más los tíos y que se había liado con mi primo segundo en mi fiesta de cumpleaños. Toma motivo para que el pedazo de tarta se quedase atascado y no bajase ni para un lado ni el otro, creo que desde ese día odié el pastel.

Desde luego que mi vida de los últimos días se podría resumir en un cúmulo de acontecimientos que podrían dar lugar a la típica comedia de sobre mesa, si hasta mi amiga y sus flashizapatillas se reían de mi. 

Suspiré mordisqueando la parte superior del bolígrafo, y lo dejé caer sobre el diario, cerré la tapa y miré el pobre vaso de cacao que había pedido caliente, no soltar ni un hilito de humo. Casi podía imaginar la mirada acusadora de Gen, la camarera, diciéndome en silencio «para eso haberlo pedido natural y no me haces hacer faena en balde» Por suerte ya me conocía, siempre con la cabeza en las nubes o con las manos en la libreta.

—¿En que andas esta vez?

La voz de Gen justo detrás de mi me hizo dar un bote, me llevé la mano al corazón soltando una blasfemia y seguí con la mirada los pasos de esta que se se sentó en la silla vacía de delante de mi. Su cara estaba apoyada en la mano izquierda, su oscuros ojos fijos en mi y sus gruesos labios, hinchados. El delantal azul de la cafetería se le arrugaba en la falda, debajo, como siempre, llevaba una camiseta de manga corta, los tejanos y sus enormes bambas blancas que resaltaba sobre su oscura piel. Llevaba el pelo recogido en una cola alta y sus trencillas con gomas de colores se desparramaban al rededor de su rostro ovalado.

Puse los ojos en blanco sopesando que decirle, y di el primer sorbo a la bebida.

—No quieras saberlo…

—Ahora me ha entrado la curiosidad, ya puedes estar soltando flacucha.

Sonreí sin poderlo evitar cuando se movió con toda su gracia característica, llevándose las manos a la cintura e inspiré. Ese no era el único tópico que usaba conmigo cuando quería pincharme.

—¿No tienes mesas que atender?

—Ya ves que no, y sino que esperen un momento.

—No se como no te despiden —.Sonreí meneando la cabeza.

—Soy la mejor y lo saben, ahora suelta.

—Quieren que escriba una escena “hot”.

—¡¿Y cuál es el problema?! Ni que fuese la primera que escribes.

—Es para filmarla luego y no puede ser burda, típica ni pim-pam y estoy en blanco porque además tengo a mi amiguito con el cartel de abandonado —.Señalé hacia abajo con una mueca.

Gen empezó a reír dando palmadas.

—Nena, pues eso se soluciona yendo de caza y sino, búscate un folla amigo y listos.

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