Parte sin título 67

7 2 2


Breve historia derivada (¨spin off¨) y preludio a: Yamirelis

El regreso de los dioses

En el año 32 d.C. Un hombre llegó a una casa de piedra y argamasa, en una aldea de Galilea. Recién había caído la noche. Ni siquiera tocó la puerta, la abrieron al instante. Se quitó un manto de su cabeza.

—Al fin llegaste hombre. Al menos yo no dude que vendrías. Adelante —le dijo un anciano. Otro hombre que le acompañaba, frunció el ceño.

—Es el infiltrado especial, del que todos en la organización hablan.

—Pensé que era una leyenda.

—Siéntese, enseguida nos traen un poco de vino (Hizo un chasquido con sus dedos y apareció una mujer con un jarrón y varias copas). Prepárale la alcoba a nuestro invitado (a sintió ella con su cabeza y dejo a los hombres solos en ese espacio de la casa).

—Pensé que tras mi última misión, dejarían retirarme —dijo el recién llegado.

—Sabes que no existe el retiro como tal, más bien, la desactivación pero dependiendo de las circunstancias, se le activa de nuevo.

—No sé. No creo que sea el indicado —dijo dudando el que anteriormente había fruncido el ceño.

El recién llegado le contestó, luego de enseñarle un pequeño tatuaje encima de uno de sus pectorales , una espada plateada sobre una estrella de diez lados o picos color amarillo- blanco : —He sido fiel a esta organización desde que me reclutaron, siendo yo apenas un niño huérfano. Ni estando ebrio con mujeres, que me preguntan siempre por el tatuaje, les he soltado información.

En un tono firme, el anciano dijo:

—Rubén, déjalo quieto. Ambos bajen la voz. Sabes muy bien de su trayectoria. Acabó no hace mucho con tres dioses a la vez. Los famosos reyes misteriosos de oriente.

—Cierto. De hecho, es la primera vez que te reportas a un superior. Supimos del éxito de tu misión por otras fuentes.

—Estoy aquí. Una mujer me localizó. Me enseñó su tatuaje .Después de haber terminado y dejado atrás los efectos del vino, me dijo a dónde dirigirme y aquí estoy.

—Suerte tienes que el antiguo top ya no está. La misión de esa chica hubiese sido aniquilarte —comentó Rubén.

— ¡Ese maldito! No lo dudo.

—Tenemos un nuevo top. De hecho, infiltrado como un prominente senador romano —dijo el anciano—. El nuevo top es más calculador, menos impulsivo. Entiende la naturaleza de esta misión.

— ¿Y quién es el nuevo dios? ¿Otro rey? ¿Un rico? ¿Qué habilidad tiene que él que preocupa con urgencia a la Espada de la Estrella? ¿Toca el arpa melodiosamente? Esos reyes de Oriente eran inofensivos para la humanidad.

—Lo ves, duda de los motivos de la organización —dijo Rubén.

—Eso hasta el top lo sabía, pero sabía también que mi lealtad está sobre todas las cosas. Tú no me conoces.

—Ya basta, Rubén, él tiene razón. Nada, el dios que tenemos que eliminar es el hijo de un carpintero.

— ¿En serio? Cualquiera puede eliminarlo. Tardé años con los reyes magos, no por sus trucos de magia, que solo lo que hacía era deleitar a los más pequeños. Más bien porque eran reyes. Séquito. Muchos soldados. El plan costó tiempo y muchas, muchas monedas que como siempre, corrompen a todo el mundo.

—Este hijo de un carpintero, tiene una habilidad que nos preocupa, desde que los dioses, par de milenios atrás, dejaron de manifestarse. Tiene el don de la palabra y la sugestión.

—Nada formidable.

— No estás entendiendo. Hace un par de años, enviamos a uno de los nuestros. ¡Él lo convenció y se cambió de bando! Afortunadamente una de nuestras infiltradas hizo que ese traidor perdiera la cabeza.

El recién llegado sonrió luego de tocarse el cuello. Luego dijo:

—Ya entiendo. Temen que el hombre sin cabeza le haya revelado todo. La organización.

—Exacto. Eventualmente te encargarás de eliminarlo, pero antes debes averiguar que sabe, cuanto sabe y desacreditarlo. Que su propia gente lo mate. Esta zona es convulsa, no queremos un levantamiento. Creémos que es lo que él busca.

—Entiendo, porque soy un judío piensa que se me hará más fácil infiltrármele.

—Eres de Judea, no de Galilea, pero eres hebreo. Un romano hablando hebreo, por más perfecto que lo hable, ese sujeto es listo y notará que es un infiltrado. Él espera a alguien de Roma. No lo verá venir, y con tu experiencia, eres nuestra mejor opción. Los dioses ya no tienen cabida en este mundo. ¡Qué viva el libre albedrio!

— ¡Qué viva! —exclamaron también en voz baja los otros dos. El anciano, sin pestañear, pegó su frente a la del recién llegado y le dijo:

—No nos falles, Judas Iscariote.

© 2018, J.C.Vega-Ramos

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!