Parte sin título 61

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Capítulo 61

En el otro lado del mundo, Juan Carlos Bolé sujetaba la mano de Lois, más bien la muñeca. Llevaban rato forcejeando. Scisolbon no intervenía a pesar del pedido del licenciado.

—Tienes que detenerte. Párale —exhortaba una y otra vez el adulto al menor.

Lois retrocedió, lanzó el cuchillo y le dijo a quién lo detuvo:

— ¿Qué pasa? ¡Rayos! ¿Por qué no me dejas asesinarlo? Así mismo, durmiendo, para que quede condenado a ser un fantasma. Solitario, añorando sus años de gloria, sufriendo por lo que tuvo y nunca volverá a tener. En fin, lo mataré.

Fue agarrar de nuevo el cuchillo, pero el señor Bolé lo pateó antes de que lo recogiera.

—Escúchame niño. Es-cú-cha-me.

Lois se detuvo. El señor Bolé lo sujetó por ambos brazos. Le dijo con la voz más calmada:

—Matarlo, durmiendo, despierto, como sea, es un crimen en este lado del mundo, como ustedes le llaman. Soy un abogado. Ver que lo mates me convierte, dependiendo como posteriormente actúe, en un cómplice, o en un testigo. La ley es mi campo. Si eso no te convence, bien, estoy seguro que sientes algo por mi niña. Ella no le gustaría saber que asesinaste a alguien, no importa quién. La he criado con valores y ella es bastante lista para su edad, de que la pena de muerte, no importa a quien, no es solución. En fin, si después de estas palabras, todavía quieres cometer el crimen, tu venganza, pues; adelante, es más, yo mismo te daré el cuchillo, impregnaré también mis huellas digitales.

Se dobló, agarró el cuchillo y se lo puso en la mano del adolescente.

En el otro lado del mismo mundo, el dion temblaba. Tambaleaba mientras caminaba hacia el frente, tambaleaba caminando hacia atrás; seguía tosiendo. Volvió a manifestarse en gigante. Todavía tambaleando mientras caminaba, aplastó sin querer a unos cuantos de sus seguidores. Empezó a rascarse la nariz en un momento dado, hasta que un estruendoso estornudo, que provocó un leve temblor de tierra, lo hizo aliviarse.

Una gran flema salió expulsada de las fosas nasales del dion. La gran flema color rosado fucsia cayó justo a los pies de Grenka. Lo que era como pegajoso se volvió Yamirelis. Ella se incorporó. El dion volvió a su estatura normal. Le gritó:

—Te subestimé, niña. Eres grandiosa. Qué lástima que ahora tenga que matarte.

Fue corriendo hacia ella. Grenka le dijo casi al oído:

—Corre hacia él ¡Acábalo!

Todos se hicieron a un lado. Casi estaban cerca, a punto de colisionar...

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!