Parte sin título 59

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Capítulo 59

Se había convertido en un escudo, justo a tiempo. Detuvo la espada en la que había manifestado su mano el dion. Siendo todavía un escudo, le golpeó la cara. Sangre comenzó a brotar de su nariz.

— Su dion sangra —gritó la diona.

Acto seguido él la abofeteó tan fuerte que la hizo caer al suelo. Ninguno de los espectadores se movía. Algunos de los seguidores del dion gritaron jubilosos. Grenka se decía a sí misma:

—Vamos niña, levántate.

Ella se levantó. Se manifestó en un extraño mamífero, más bien un tipo de primate con alas. Él se manifestó como en un hibrido de dragón y humano, también alado. Se enfrascaron en un cuerpo a cuerpo. Primero en tierra, luego en el aire. Combate parejo, hasta que se agarraron como hacen los boxeadores mientras seguían el ascenso vertical. Empezaron a caer, no pudiendo sostener el vuelo apenas entraron a la estratósfera; pero el forcejeo se mantenía aún en la caída. Hasta que cayeron (se estrellaron) con una de las torres del castillo. Rebotaron, muchos bloques de piedra dispersos, algunos de los cuales cayeron encima de algunos de los combatientes de ambos bandos; hiriendo y matando algunos en el acto. Al suelo cayeron los diones. Inertes quedaron.

En el otro lado del mundo, Scisolbon llevó al señor Bolé y a Lois a un cuarto secreto que estaba en el sótano, detrás de un estante de libros que se movió con el toque de un botón de un control remoto que llevaba en uno de los bolsillos de su pantalón. Ni siquiera al sótano dejó a sus guardaespaldas entrar. El lugar no estaba tan limpio ni aseado ni recogido como el resto de la mansión. Tal vez solo él era el único que accedía ahí y por ende el personal doméstico no realizaba tareas ahí. Sin embargo, el cuarto o recámara secreta estaba un poco más aseado que el sótano en general. Un cubo con un trapeador, guantes de látex, limpiadores líquidos en una esquina; una cama y una mesita con varias jeringas. Ni cuadros ni ornamenta alguna sobre las blancas paredes. Sin que le preguntaran, él explicó que tomó un curso en línea de enfermería.

Allí estaba, inerte, dormido. En un coma profundo. Unas máquinas monitoreaban sus signos vitales. Suero vía venas y otras sustancias que confirmaban las sospechas de los líderes de la coalición. Su coma era inducido por barbitúricos y opioides. Una bata naranja llevaba puesta. Estaba barbudo. El tatuaje que representa a la Gran Estrella sobre su ojo, brillaba por su ausencia.

—Entonces, él es dios allá.

— Dion —le aclaró Scisolbon a señor Bolé.

En cambio, Lois no decía nada. No se movía... Así estuvo por un rato; hasta que algo se movió de su cuerpo, más bien salió de su cuerpo una lágrima, después otras de las cuencas de sus ojos. Empezó acercársele poco a poco hasta que acercó su boca a su oído.

—Sé que no puedes escucharme. He estado en tu posición. De hecho, en este instante lo estoy. De todos modos te hablo —pausó un rato, luego siguió diciéndole mientras los otros callados estaban— .Asesinaste a mis padres. Los ejecutaste tras uno de tus injustos juicios. El maestro hasta el día de hoy no lo sabe, me escapé de su casa el día de la ejecución. Lo vi todo, mezclado entre la muchedumbre. Así como breves y viciados son tus juicios, así te haré uno similar. Aquí yo soy un dios y tu un subversivo. Señor Cornelius Rhoads, por todos los crímenes que has cometido, te hallo culpable. Sí, ése es el veredicto: culpable, te condeno a morir.

Extrajo un cuchillo pequeño pero afilado, que estaba escondido en un bolsillo de su pantalón, arma blanca que debió haber ¨cogido prestado¨ de la casa de los Bolé. Lo alzó hacia arriba.

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!