—Era mi intención —bromeó y, a la vez, esquivó sin mucha dificultad un puñetazo en el brazo—. Ah, ¿ya hemos empezado?

—Hace ya un rato.

Alice ya se había colocado en posición defensiva con una sonrisa en los labios. Le daba la sensación de que, nada más moverse, él ya sabía lo que iba a hacer. Rhett estaba de pie delante de ella, mirándola fijamente. Cuando se centraba, le brillaban los ojos. Intentó darle unos cuantos golpes, pero los esquivaba moviendo la cabeza o ligeramente el cuerpo. Casi parecía que se estaba riendo de ella.

Alice apoyó el pie tal y como le había enseñado, adelantándose para darle en la cara. Él bloqueó el brazo con facilidad y, cuando intentó retenerla, Alice pasó por debajo de su otro brazo y se libró, asestándole un golpe suave en las costillas con el codo.

—¡Te he dado! —quizá hubiera deseado no estar tan feliz de haberlo conseguido—. Si esto hubiera sido una pelea de verdad, iniciado, ahora mismo no estarías tan tranquilo.

Pero él no la escuchaba, porque Alice se había puesto a dar saltitos sobre las puntas de sus pies y él tenía la mirada clavada en sus pechos. Alice dio una vuelta a su alrededor sin darse cuenta, divertida.

—¿Qué gano si consigo tirarte al suelo? —preguntó, deteniéndose delante de él.

Rhett enarcó una ceja, mirándola a la cara.

—La pregunta es: ¿qué gano yo?

—Dímelo tú —le lanzó un puñetazo en el hombro y él atrapó el puño con su mano, sonriendo. Alice intentó soltarse, pero su sonrisa se acentuó cuando la sujetó con más fuerza—. Suéltame.

—¿Qué quiero ganar? —preguntó, divertido, adelantando la mano para agarrarla de la muñeca—. Tengo que pensarlo. Hay muchas ideas tentadoras.

—Pues, si yo gano —Alice tiró de su brazo inútilmente—, quiero que me debas un favor. Y que no puedas negarte a él cuando te lo pida. Cuando sea. Donde sea.

—Muy bien. Pero no hace falta ser tan específica. No creo que tengamos que acordarnos cuando te tire al suelo.

—¿Y por qué no lo has hecho todavía, eh?

—Porque es divertido verte dando saltitos por aquí —se burló de ella. 

Alice aprovechó el momento en que la soltó para intentar desequilibrarlo con una técnica que había aprendido en sus clases. Se adelantó para enganchar una de sus rodillas con su pantorrilla, pero Rhett se movió justo a tiempo y giró su cuerpo. Alice sintió que caía por un momento, justo antes de que él la sujetara del brazo y volviera a ponerla de pie. Se separó, irritada.

—Eso te lo enseñé yo —dijo él, divertido—. ¿Crees que te enseñaría algo sin saber cómo esquivarlo?

—¿Tienes miedo a que use tus trucos contra ti? —sonrió.

—Como has dicho antes, querida alumna, ya me has dado un puñetazo. Hay que tener cierta precaución.

Alice dejó de dar saltitos, algo decepcionada.

—Si hubieras sido un buen profesor, ahora sería una experta en defenderme y podría tirarte al suelo sin parpadear —lo acusó.

—Si hubieras sido una buena alumna, ahora sabrías que has bajado la guardia.

Alice se puso colorada cuando vio que había bajado los puños. Se volvió a colocar enseguida. ¿Por qué estaba cometiendo esos errores de principiante?

—Kenneth no me enseñó así —intentó defenderse—. Te aseguro que él no se detenía si me tiraba al suelo, pero me enseñó algunos trucos útiles.

Ciudades de Humo (CORRIGIENDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora