Parte sin título 58

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Capítulo 58

No faltaba mucho para que el sol se escondiera. Pocas nubes en el cielo le hacían compañía. El sol se había puesto naranja a esa hora del día, combinaba con el cielo blanco y casi despejado de nubes. Parecía una bandera celestial del gobierno del dion, como aquella que estaba izada en la torre principal con idénticos colores.

El dion, callado, observaba el combate desde lo alto. Veía como los rebeldes avanzaban. En un momento dado, ordenó a sus concubinas a retirarse e internarse en la alcoba. No pudo más... Gritó, tan fuerte, como si todos los oídos de los habitantes de Ciudad Mundial le pertenecieran. Tan impactante fue el sostenido grito, que las hostilidades cesaron.

Se transformó en una especie de serpiente voladora. Abrió sus alas color naranja y deslizó su cuerpo verdoso y escamoso por el aire, aterrizando justo al frente de la diona. Volvió a ser él mismo.

— Parece que no me temes. ¡Um! Eso es bueno. Después de todo eres una diona.

Se volteó, dio varios pasos alejándose unos cuantos metros de ella. Se volteó de nuevo. Le dijo:

— Pudiste ser la princesa de esta ciudad, de facto, la princesa del mundo. Y en un futuro una reina a mi lado, heredando todo esto, pero no, tenías que unirte al bando perdedor. ¡Son unos envidiosos! Deben temer u obedecer a sus diones. En el libro sagrado que los religios usan de referencia, el primero mandamiento es: (gritando) deben temer y obedecer a sus diones. Claro, fue alterado y borrado con el pasar del tiempo (se escuchaban en voz baja las palabras calumnia y herejía de muchos de los allí presentes).Prosiguió:

—Por algo estamos aquí, fuimos, y seremos enviados a este lado del mismo mundo —pausó un rato, prosiguió diciendo— .Soy un dion justo. Diría que tú has sido llevada al sendero del engaño por los subversivos religios herejes y ateos soberbios que no siguen el destino trazado por la Gran Estrella, (en voz algo baja) son astutos. Se han aprovechado de la inocencia de una niña apenas llegada.

De nuevo en voz alta, como si los oídos de todos los allí presentes y de todos los residentes de la ciudad le pertenecieran, dijo:

—Por eso he decidido perdonar tu sublevación —pausó brevemente, extendiendo su mano derecha aunque en voz baja— .Regiremos este mundo, juntos.

Silencio humano. Todo lo demás hacía su respectivo ruido o sonido: la bandera siendo estrujada por el viento. Alguno que otro pájaro cantando, volando o estrellando sus heces. El discurrir del agua por una pequeña quebrada cercana al castillo.

Ella hubo movido su mano derecha, para acercarla a su boca y masticarse sus uñas. Pero eso fue un gesto breve. Extendió sus brazos y contestó:

—No, este mundo debe ser de los hombres y mujeres libres: no de diones ni dioses, como quiera que nos llamen.

—Interpretaré tu respuesta como un no a mi oferta.

Con sus brazos todavía extendidos y tras una fuerte inhalación, ella dijo en voz alta:

—No deben temer a este hombre. Un falso dion. Es solo un hombre. Aparte de eso: un tirano es. Ni ateos, ni religios, incluso los pragmas, deben venerarle ni seguirle. Ni a él, ni a mí. Ustedes deben ser dueños de sus propios destinos.

— ¿Terminaste? —preguntó, pausó un breve rato— .Yo soy dion. Soy su todo, en breve, el único, el que debe ser. La suerte que le deparará a ella, le deparará a todos los que se sublevaron —dirigiéndose a ella—. ¿Estás lista?

Ella le contestó:

— ¿Tú lo estás?

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!