Parte sin título 54

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Capítulo 54

Lois convenció a su manejador de que hiciera las gestiones para aterrizar en Atlanta, Georgia. Este último estuvo tratando de convencerlo de ir a Nueva York, en específico a las oficinas de la más importante estación de televisión relacionada con el ambiente musical y de exposiciones de videos musicales. Lois le prometió que al día siguiente iría, que retomaría su carrera pero tenía que arreglar un asunto personal y que el señor Bolé era su asesor legal.

—Siempre me has cuestionado mi pasado. ¿De dónde vengo? Miedo a que alguien descubra que me creaste una identidad falsa; miedo a que te demanden y te quedes sin un centavo. Arreglaré todo, pero no puedes venir. No pueden relacionarte con ninguna irregularidad.

—Sí, sí, seguro —le interrumpió, Donny Murray.

—Has los arreglos, ven por mí mañana. El licenciado regresará a Puerto Rico en un vuelo comercial.

Al principio el señor Bolé estuvo cabizbajo, tal vez porque sabía que Lois le mentía a su representante artístico; pero luego irguió su cabeza, como si el salvar la vida de su hija se anteponía a toda aflicción de índole moral. Un apretón de manos selló aquel acuerdo entre representante y representado. Ambos sonreían...

El piloto no tuvo dificultad en conseguir autorización para aterrizar en el aeropuerto internacional Hartsfield- Jackson. Lois y el señor Bolé abordaron un vehículo de transporte privado que les fue proporcionado a través de una aplicación móvil, y cuyo conductor ya sabía el destino de manera predeterminado.

En el otro lado del mismo mundo, reunidos en un cuarto, Grenka, Piersolain Sabridas y Yamirelis. El líder de los ateos y de facto de toda la coalición ante la ausencia del maestro Figoren, les explicaba a las féminas que ya todos los grupos de combatientes de cada uno de los sectores de la ciudad estaban listos y comenzando a desplegarse hacia el castillo del dion.

—En grupos pequeños. En un punto cercano al objetivo nos reuniremos. ¿Escuchaste diona?

—Eh lo siento. Repítelo, por favor —dijo ella, luego se masticaba las uñas de su mano izquierda, estuvo distraída observando las nuevas dos largas trenzas sueltas de Sabridas en cada una de ellas estaban incrustadas y separadas por más o menos una pulgada, canicas de acero inoxidables, más o menos de una pulgada de diámetro.

En el otro lado del mundo, el señor Bolé y Lois se hallaban frente a la mansión de un reconocido jugador de béisbol. Detrás del portón de la residencia, recién se había colocado un guardia de seguridad, quien enseguida les cuestionó por qué estaban allí sin previa invitación. Les ordenó irse. Lois, sin presentarse, le dijo:

—Mira, estamos cortos de tiempo. Dígale a su jefe, me refiero al jefe de su jefe, o sea al dueño de la casa, que nos iremos en seguida si él lo ordena personalmente. Dígale que alguien de Ciudad Mundial quiere hablar con él...

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!