Parte sin título 52

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Capítulo 52

—Grenka, al sótano ahora —le dijo desesperado el religio de los ojos cubiertos con su cabello y a quien ella le contestó:

—Topo, que sucede.

Él no le respondió. Ella lo siguió hasta llegar al sótano no sin antes agarrar a la adolescente por la mano. Una vez allí Topo le explicó que le llegó un mensaje por el telégrafo, cual prácticamente lo despertó en su turno de guardia. Le dijo que le daría los detalles tan pronto los demás, incluyendo los ateos, bajaran al sótano estando ya avisados.

—Espero que sea algo importante, desperdicié la mitad de mi desayuno —dijo Piersolain, quien llegó acompañado de su sobrino y los otros dos ateos que lo acompañaban en la estadía en esa guarida.

—Es una mala noticia más para nosotros que para ustedes.

—Continúa —en un tono muy firme, Piersolain.

—Llegó un telegrama. Uno de nuestros espías informó que en el cuartel de este sector y posiblemente en todos los sectores de la ciudad, publicaron un edicto afuera del cuartel. Informan que antes de que caiga el sol, será ejecutado un prisionero. El mismo malévolo estará a cargo del acto sin especificar si lo hará él mismo o simplemente supervisión directa. El público en general está invitado como testigos del ajusticiamiento. Demás está decir el nombre del infortunado.

Tras un breve silencio, Grenka golpeó la mesa en la que se encontraba el telégrafo y que por poco cae al suelo.

—El maestro, No, el maestro —dijo casi gritando.

— Hay que notificarle a la señora —dijo el topo.

—No. Luego yo mismo lo haré —dijo Piersolain.

—No recibo órdenes de usted —le ripostó el topo, dejándose ver brevemente sus ojos.

— ¿Te atreves a desafiarme (señalándolo a centímetros de sus ojos)?

—Basta topo. Él está al mando. Sabes cómo funciona la alianza. Vuelve arriba, al tercer piso. Ve a vigilar también —le dijo con rudeza, Grenka. Él la obedeció volviéndose a cubrir sus ojos.

— ¿Qué haremos al respecto? —preguntó la adolescente.

—Ya estamos haciendo. Tu amigo está en una operación. Con suerte puede que finalice con la misión antes que decapiten a tu benefactor.

— ¿Eso es todo? No puede ser. Él ha sido muy bueno conmigo durante este breve tiempo. Tenemos que hacer algo. ¡Yo tengo que hacer algo!

—Niña ¿Qué propones? ¿Una misión suicida de rescate? ¿Tú, la gran diona, la vas a encabezar? No juegues.

—Primero, deja de llamarme niña, al menos, no con ese tono despectivo. Segundo, si eso es posible, pues ahí le vamos, sin miedo.

—No arriesgaré a mis hombres, ni a los de ustedes. El mismo Figoren estaría de acuerdo. Grenka lo sabe (ésta bajo la cabeza).

—Mi papá algo me ha inculcado desde muy pequeña: a los tiranos no se les debe temer, de eso se alimentan. También me inculcó que es mejor morir luchando contra la tiranía, que dejar todo en manos de la esperanza.

—Tío. Esta vez ella tiene la razón. Detesto admitirlo. Hay que pelear.

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!