Parte sin título 50

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Capítulo 50

En el otro lado del mundo, en la casa del señor Juan Carlos Bolé, se encontraban en la sala de comedor desayunando el dueño de la casa y su huésped (tostadas con mantequilla, panqueques, café, jugos y frutas tropicales). En un momento dado entró una llamada al teléfono celular del dueño de la casa, y al identificar el número, le pasó el dispositivo electrónico a Lois.

—Tu representante.

El señor Bolé muy atento mientras Lois conversaba con su representante.

—Envió alguien a recogernos, pero hay un problema, digo, no es un problema, un detalle más bien.

—Escupe tus palabras.

No llegó a contestar en ese instante. Alguien abrió la puerta y Lois se asustó. No se acordaba que el señor Bolé tenía otra hija mayor; mucho menos que tendría llaves de esa casa. Ella apresurada fue a donde estaba su padre. Le contó que tuvo muchos problemas para llegar hasta la casa. Tuvo que dejar su automóvil afuera de la urbanización. Periodistas, camarógrafos, público en general... Los primeros tuvieron acceso al complejo de residencias con acceso controlado, invocando el derecho protegido por la primera enmienda. El público general, en su mayoría ¨fans¨, hubieron trepado y brincado muros y verjas. En los predios también se encontraban muchos de los mismos residentes o vecinos del lugar. El guardia de seguridad de ese turno perdió el control de esa situación, por lo que había llamado a la policía, quienes se personaron, intervinieron, no para sacar a los curiosos, se limitaron únicamente a que no bloquearan ni la puerta principal de la casa, ni la puerta de la marquesina (garaje).

—Será difícil irnos al aeropuerto —dijo el señor Bolé.

—Espera papi. ¿Cómo que al aeropuerto?

—Es una larga historia, Carla. Voy acompañar a él (lo señala).

— ¡Austin Live! ¿El desaparecido? Lo último que escuché sobre él fue dizque un grupo de fanáticos radicales lo tenían secuestrado y congelado en una clínica criogénica secreta —dirigiéndose a su padre—. Oh, papá, los amigos de Yamirelis están aquí, vinieron conmigo. Están abajo en el recibidor. ¿Pueden pasar?

—Qué más da. Adelante.

Un grito se escuchó tan pronto la adolescente lo reconoció:

—Sí, sí, sí. Es él. ¡Oh dios mío! ¡Ave María Purísima! Aguántenme que me desmayo. ¡Gracias Carla!

Lois primero fue a saludar al chico extendiéndole su mano derecha. Haciéndose el despistado, no le correspondía el saludo. Pero un leve y disimulado codazo a su costado por parte de Valerie, le hizo corresponder el saludo.

—Tú debes ser Daniel.

— ¿Cómo lo sabes?

—Yamirelis me habló una vez de ti, de hecho, de ambos (señaló a Valerie con su mirada). No me preguntes donde, ni cuando, ni como la conozco, historia compleja.

Entonces fue a saludarla, mas ella se abalanzó sobre él dándole un fuerte abrazo.

—No puedo creerlo. Estoy abrazando a Austin Live (volvió a gritar).

Con disimulo, Daniel la apartó de Lois y le dijo:

—Por favor, déjalo quieto. A las celebridades les molesta que los hostiguen.

Austin los miró,se rascó la barbilla. El señor Bolé entonces le dijo a Lois:

—Llama a tu representante. Necesitamos un helicóptero para salir de aquí.

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!