Parte sin título 45

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Capítulo 45

— ¿Cómo me queda? —preguntó Yamirelis.

— Se nota que te sientes cómoda —le contestó Grenka sobre el pijama de una sola pieza.

—Eso sí. ¡Cómoda! Tan suave.

—Acuéstate niña. Al amanecer entrenaré en la azotea. Mañana es día de practicar tácticas de combate cuerpo a cuerpo. ¿Me acompañarás mañana?

La adolescente la miró con gesto de incredulidad, Grenka lo notó y le dijo:

—Cada vez que te ataquen no siempre estarás manifestada. Debes aprender a pelear tanto como diona que como humana.

La adolescente le contestó alzando sus hombros y parando sus labios. Grenka le dijo buenas noches, antes de cerrar la puerta de esa pequeña habitación. En un momento dado, Yamirelis se masticó las uñas de su mano izquierda aunque fue breve. Se sentó en la cama y dio un largo suspiro. Distrajo su atención un breve momento el movimiento de la cortina que cubría la ventana. Se levantó y fue hasta llegar y quedar frente a una mesita de noche. Apagó la vela que estaba sobre un pequeño plato de porcelana. Lentamente y utilizando sus manos como guía, llegó hasta la cama, se puso de rodillas y empezó a orar en voz baja:

—Dios, o ¿La Gran Estrella? Creador. ¡Eso es! Creador dame fuerzas para entre otras cosas, no volverme loca.

Una lágrima le salió a toda prisa de su ojo izquierdo, aunque pronto le acompañaron más desde ambos ojos, río abajo sobre su rostro.

—Cuida a mi padre, a mi hermana, a todos los habitantes de donde yo vengo y de donde estoy. Ya estoy convencida de que esto no es un sueño. Guía a Lois. Es una persona muy especial. Ya entró en mi corazón (esa última oración la susurró). No sé por lo que esté pasando en este momento, solo cuídalo...

En ese instante, en el otro lado del mundo, Lois corría mientras el guardia de seguridad trataba de detenerlo sonando su silbato una y otra vez. Pidió refuerzos a través de su radio. Frente a la tercera casa, a mano derecha de la tercera calle recorrida, el adolescente se detuvo de repente, frente a una casa de dos niveles, cuyo patio exterior estaba adornado con flores, velas y cartelones con fotos de su amiga, algunas de las que decían: despierta, vuelve, entre otros emotivos mensajes. Pudo tocar fuerte la puerta, obviando el timbre varias veces hasta que el guardia lo puso bajo arresto. El guardia, sumamente fatigado, le dijo:

—Se acabó, enseguida vendrá la policía a recogerte. ¿Qué carajo te sucede? iba a ser una noche fácil para mí. La arruinaste, caramba.

Se abrió la puerta de la casa. Un enojado señor Bolé preguntó que estaba sucediendo al ver al guardia de seguridad del complejo de viviendas con una rodilla sobre la espalda de un joven esposado. El guardia se disculpó por el incidente, explicándole que el mozalbete (como lo llamó) entró sin autorización al complejo.

—Pues, que enseguida lleguen las fuerzas del orden público y se lo lleven. Seguramente entró a robar o sabrá Dios que otra fechoría hubiera intentado. ¡Buen trabajo!

—Gracias

El señor Bolé se volteó después de decir:

—Buenas noches.

Cerró la puerta. Entonces Lois gritó:

—Subrogación 

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!