Capítulo 9

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El regreso de Bress Mercusen.

Analicé cada rostro, no tenía ni la menor idea sobre qué era más extraño en ese preciso instante.
Admes estaba tan dudoso, con una expresión aturdida que hacía temblar hasta sus dedos; cada partícula de su cuerpo experimentaba el miedo, Elodie en cambio lucía tan perdida como yo, como si ambas hubiéramos tomado el desliz perfecto directo a la paranoia.

Y, Heng Holbein nos miraba inexpresivo, recordándonos lo frío que podía llegar a ser. Ahí tenía al hijo menor de papi, frente a mí, molestando nuevamente mi vida. Él y su hermano eran peor que una plaga, ya estaba harta, de su llegada, de la posible asquerosidad de pasado que se cargaban.

—Una c-chica —titubeó Elodie — apareció muerta en la orilla del lago.

Fue como si de la nada alguien atrapara sus mentes, dominándolos, hasta ser víctimas de un gran transe. Aquel en el que sólo Admes y Heng entraron a la perfección.

¿Por qué? Quizá compartían algo más que un simple odio...

—¿Cómo sabes eso? — los labios de Heng obtuvieron un color muy pálido. Su voz sonó preocupante.

Exacto, ¿Cómo sabía Elodie eso?

Rizos color rosa se puso nerviosa, el asunto estaba demasiado claro, Elodie ocultaba cosas, era otra mentirosa más sumándose a la lista. Otro descuido y mi amistad con la chica pasaría a zona roja; debía acercarme más,  hacer citas de chicas y reforzar nuestro afecto lo más antes posible. Salirme del mapa era lo que menos quería.

—¡Carajo, habla! — jamás había visto tan desesperado a Admes.

—¿Qué sucede contigo Giesler? — preguntó Heng, tocando una mancha de sangre en el rostro del chico.

—El ciervo me recordó a los insurgentes — respondió con una pequeña sonrisa, jugó con sus manos y después miró a Heng—. Finalmente perdió. Y es increíble como algo que odias puede ayudarte a vencer tus peores miedos.

Elodie y yo compartimos expresiones dudosas, aunque en mí habitaba más la decepción que el asombro o la duda.

¿Descargar su furia con un animal inocente? ¿En qué asquerosidad de persona se estaba convirtiendo?

—¡Yo me largo! — exclamó Elodie molesta.

—Tu no vas a ningún lado Wolff —Heng la tomó del brazo con salvajismo, levantó su barbilla y la miró fijamente —. Di lo que sabes de una vez.

—Estás lastimándola Heng— intervine molesta.

—Déjalo — me sorprendió Admes, tomando mi muñeca.

¿Cómo? ¿Siempre no lo odiabas Admes?

—¿Qué pasa contigo? — golpeé su pecho desesperada —. ¿Señor contradicciones?

—Oye Admes — me detuve al oír la voz de Heng, quien nos veía confundido—. ¿Crees que ella...?

—NO — pronunció con firmeza.

¿No qué?

— Entonces vayamos al lago — insistió el chico.

—NO, yo no voy a ningún lado. Y menos teniendo a una basura como líder — Admes y su bipolaridad constante hacia Heng.

—Me largo a casa, mueránse todos — pateé con fuerza mi linterna.

—Ese es el punto Dagna, no podemos volver a casa — Heng se quitó su abrigo y me lo aventó. El sujeto fingía ser gentil de maravilla —. Todavía no quiero que mueras.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora