¡Qué sentimiento! (Parte I)

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Cuando dejó de mirarse a través del empañado cristal de la tristeza, la chica hizo una solemne promesa. No permitiría que una cara y un cuerpo atractivos la cegaran de nuevo. No heriría otra vez a sus seres queridos con una mentira para encubrir una relación dañina. Y por sobre todas las cosas, jamás volvería a estar con alguien que despreciara sus sueños. No le exigiría a nadie que compartiera sus ideales, pero tampoco permitiría que estos fueran pisoteados.

Al haber permitido que el joven Escalante comenzara a entrar en su vida, ¿estaba cumpliendo con aquel juramento? No podía saberlo todavía, pues apenas estaba empezando a conocerlo de verdad. Sin embargo, con cada día que pasaba, las dudas acerca de él iban diluyéndose como gotas de agua bajo el sol. Poco a poco, el paralizante miedo que cargaba sobre los hombros comenzaba a ser sustituido por la esperanza.

Una enorme sonrisa iluminó el semblante de la muchacha cuando sus más dulces recuerdos por fin salieron a flote. Mauricio había estado haciendo méritos considerables para ganarse su confianza y su afecto. En lugar de presionarla para que la relación avanzara a un ritmo forzado, como ya lo habían hecho otros chicos, él respetaba su espacio y sus tiempos sin impacientarse o reclamarle. Además, demostraba de muchas maneras el genuino interés que sentía por todas las cosas que a ella la apasionaban.

Los significativos mensajes que el muchacho había escrito sobre las estrellas de papel todavía acariciaban el alma de la jovencita. La respuesta ante la invitación para la función de esa noche había dejado muy claro lo honrado que se sentía al tener la oportunidad de acompañarla. ¿Y cómo podría olvidarse de la hermosa confesión que había desencadenado el primer beso entre ellos?

Al evocar todos esos preciados momentos, el espíritu de la chica rebosaba de ilusión. "Voy a confiar en él, de verdad quiero hacerlo". A la silenciosa resolución le siguió una sentida plegaria. Con los ojos cerrados, la chica rogó al cielo para que su corazón la estuviese llevando por el camino correcto. Tras respirar profundo, la artista se posicionó a un lado del escenario, a la espera de la señal que le indicaría cuándo iniciar con la presentación.

♪ ♫ ♩ ♬

En cuanto escuchó los primeros acordes de la pista ochentera titulada He's a Dream, Fiorella comenzó a caminar despacio, imprimiéndole un aire de sensualidad a cada paso. Llevaba puesto un traje de ejecutiva en azul oscuro que combinaba con sus brillantes zapatos de tacón. Después de realizar algunos movimientos sugestivos con los brazos, la muchacha se deshizo del saco y de los pantalones lentamente. Un perchero móvil se llevó las prendas innecesarias en un santiamén. El baby doll de tono naranja que traía colocado por debajo mostraba las curvas femeninas a la perfección. Algunos integrantes del público le dedicaron agudos silbidos a manera de cumplido.

Acto seguido, una silla de cuero negro apareció sobre el tablado. Fiorella se sentó sobre esta y arqueó la espalda hacia atrás, al tiempo que extendía los brazos y las piernas de manera elegante. Un veloz cambio de posición la dejó con la cabeza apoyada sobre su mano derecha, mientras le dirigía una mirada provocadora a la audiencia. Luego se puso de pie y empezó a deslizarse sobre el mueble desde distintos ángulos, como si lo acariciara con el cuerpo entero. Más de una quijada masculina cayó al presenciar la sugerente coreografía.

Poco después, la bailarina se alejó del asiento y dio un giro rápido utilizando las puntas de los pies. En ese momento, hubo un cambio abrupto en el ritmo de sus movimientos. Aquella era la señal para que las otras actrices tomaran sus puestos. Varias chicas más entraron a escena para acompañar a la joven Portela en su despliegue de seducción dancística. Mientras las demás se desplazaban por todo el escenario, Fiorella continuaba posicionada en el centro del mismo.

En cuestión de segundos, la joven argentina estaba recostada sobre el suelo, desabrochándose los botones del pequeño camisón. En medio de una compleja voltereta, se puso de pie otra vez y arrojó la prenda al suelo. Un ajustado leotardo de color rojo quedó en su lugar. Luego de ello, la joven regresó hacia donde estaba la silla. Se dejó caer sobre esta con gracia, al tiempo que estiraba el brazo derecho para tirar de una cadena que colgaba del techo. Un chorro de agua fue liberado sobre su torso arqueado. Las gotas que ahora recubrían su cuerpo y su cabellera brillaban bajo los reflectores como pequeñas luciérnagas escurridizas.

La mayoría de las personas comenzaron a hacer comentarios en voz baja acerca de la buena organización de la coreografía y del gran talento de la bella bailarina principal. Sin embargo, los oídos de Mauricio no captaban ningún sonido más que el de su propia respiración acelerada. Si bien conocía la película en la que se inspiraba la obra, nada podía haberlo preparado para ese día. Fiorella lucía abrumadoramente sexy enfundada en el llamativo maillot de ballet. Cada nuevo movimiento que ejecutaba resultaba más excitante que el anterior. Y por si eso fuera poco, la humedad en la piel femenina había puesto a volar su imaginación.

Una danza muy diferente se estaba llevando a cabo en la privacidad de la mente del muchacho. El vívido recuerdo de las reacciones que le había provocado el beso de la joven Portela se entremezclaba con las sensaciones que le producía la presente escena. Un ardiente episodio protagonizado por ambos daba vueltas en su cabeza una y otra vez. Agradecía como nunca antes la costumbre de usar traje entero, pues el saco le había servido para ocultar los poderosos efectos de la muchacha sobre la zona más ingobernable de su anatomía.

La serie de coincidencias que lo había llevado a encontrarse con ella aún le parecía increíble. Había conocido a muchas otras chicas atractivas y talentosas a lo largo de los años, pero ninguna de ellas logró sacudir su mundo de la manera en que Fiorella lo hacía. En ese preciso instante, se sentía como el hombre más afortunado sobre la faz de la Tierra. Aunque a mucha gente le pareciera una gran mentira, lo que más lo atraía de la jovencita trascendía su belleza física. Poseía una amalgama perfecta entre inteligencia, entusiasmo, inocencia y extraversión que lo había cautivado desde el primer encuentro.

El temor a enamorarse de verdad por momentos asomaba en la linde de la consciencia para atormentarlo. La sola idea de que su antigua y repulsiva forma de ser regresara le horrorizaba. Sin embargo, el afecto sincero de Fiorella le daba las fuerzas necesarias para mantener a sus demonios a raya. Lejos de sentirse avasallado ante la muchacha, él la percibía como una gran fuente de apoyo. Ya había hallado buenas razones para convertirse en una mejor persona desde antes de conocerla, pero ahora tenía el doble de motivación para continuar.

Mientras se extasiaba mirándola bailar, Mauricio se preguntaba cuál sería la reacción de ella cuando volvieran a estar frente a frente. Si dependiera de él, no dudaría ni un segundo en darlo todo por llevarla hasta la cima del placer. Se moría por besarla como si no hubiese un mañana. El inagotable fuego que ardía en su interior le infundía deseos de acariciar cada rincón de la piel de la chica. A veces se costaba muchísimo trabajo refrenar sus impulsos, pero sabía que todo esfuerzo en pro de no presionarla valdría pena.

"¿Qué irá a pensar de la sorpresa de hoy? Estoy deseando ver su cara cuando la descubra", se decía el chico. Una amplia sonrisa colgaba de sus labios conforme repasaba mentalmente los pasos a seguir. Si resultaba bien, se lo contaría todo a su madre apenas pudiera, pues ella había sido la artífice de aquel plan sin siquiera darse cuenta. El joven Escalante estaba resuelto a hacer de aquella noche una ocasión inolvidable para Fiorella.

Fiorella a cappellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora