Capitulo 24

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-         ¿Por qué no me dijiste que estabas herida? - replicó.

Llamo a Alena por el woki, antes que yo pudiese hablar.

-         Santiago no es para tanto - puse los ojos en blanco.

-         ¡Naomi estás herida! - me miro con los ojos muy abiertos - Tienes vidrio incrustado, no es cualquier cosa - argumento - Se supone que mi deber es proteger a mi líder.

Solo su deber, claro. Asentí e hice silencio. Nose porque su comentario me había irritado ciertamente. En realidad toda su presencia me molestaba.

-         ¿Es profunda? - preguntó con curiosidad.

-         No lo creo - dije y seguidamente solté un gruñido porque sentí un puyaso.

-         Se que quizás te resulte incómodo pero ¿Podrías quitarte la chaqueta? Así puedo verla bien y hacer el reporte.

-         Lo hará Alena - vocifere - No debe tardar.

-         ¿Y perder puntos con mi superior? - dijo en broma - Quiero salir en el cuadro de honor al final del lapso - comento - Vamos, te lo estoy pidiendo amablemente como tú trabajador, así puedo pedir de una vez al médico.

-         Esperemos por Alena - repetí y empecé a sentir mucho dolor.

-         Alena tardará un poco, la deje con Alan - comentó - No prolongues el dolor - pidió.

No tenía opción, no iba a espera que mi asistente terminara de follarse a mi colega. A regañadientes me quite la chaqueta y él se acercó para detallarla.

-         Tienes algunos pedazos aún enterrados - decía para luego hacer la solicitud del médico vía woki, sentado a mi lado - ¿Estabas sacándotelos sin anestesia? - preguntó al ver mi botiquín desordenado.

-         Ajá - conteste aun incomoda y suspiré.

-         Si que tienes ovarios – expreso, sorprendido.

-         Bastante – asentí, viendo a un punto muerto.

-         ¿Es nuevo? - acarició muy cerca de la zona herida, haciéndome contraer todo - El tatuaje, me refiero.

Y repentinamente su pregunta me hizo sentir unas ganas inmensas de llorar. Tanto que me sentí ahogada para contestar. Lo mire para responder pero fui salvada por el toque en la puerta. Santiago se levantó, abrió y por suerte era el médico. Mientras me sacaban los vidrios incrustados, aparecieron Alan y Alena, al notar mi estado palidecieron.

-         ¡¿Guess, Por qué no me avisaste que te hirieron?! - Alan se acercó a mí, desplazando por completo a Santiago y con mucha preocupación, de hecho demasiada. Tanta que hasta me incomodó. Más de lo que ya estaba.

-         Estoy bien - respondí.

-         ¿Segura?

-         Segura - dije.

Y noté que la única incomoda no había sido yo. Alena no tenía buena cara, ojalá esto no crease asperezas en nuestra amistad.

-         Si Alan - afirme - Estoy bien ¿Y tú?

-         Si, si claro... Logramos vencerlos - me miró - ¿No te hicieron más nada?

-         No por suerte, casi me hace perder la cordura el pitido ensordecedor - explique - Pero tú no lo oíste, seguías disparando.

-         Sebastián y yo estábamos protegidos con audífonos.

-         Entonces era en serio que yo era la distracción - afirmé.

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