1. La fiesta

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Me puse aquél vestido de raso que desde siempre me gustó. Ese tono azul marino siempre había creído que me quedaba bien. Me miré al espejo, aprobándome el modelito delante del espejo por última vez. Cogí el bolso y fui a la sala de estar, donde estaba mi madre.

-Adiós mamá -dije besándole la mejilla.

-Adiós cariño, diviértete.

Me fui al garaje, arranqué el coche y puse a Inna a todo volumen. De allí me dirigí a casa de Natalia, mi mejor amiga desde los 3 años. Allí, en el portal, me esperaba ella, con un precioso vestido rojo de lycra. Su melena rubia, suelta, destacaba sobre el vestido, y sus ojos color avellana estaban perfectamente maquillados.

-¡Hola Nati! Estás muy guapa con ese vestido.

-¡Hola Vero! Me encanta tu maquillaje, se ve que te has tenido que esmerar para que te quedara tan perfecto -me sonrió Nati-.

Me decepcioné. Esperaba una alusión a mi vestido favorito. ¿Quizá le parecía feo? Sería extraño, en cuestión de ropa, siempre nos ha gustado el mismo estilo. Pero era mejor no darle más vueltas a eso y aceleré. La fiesta iba a ser en una ciudad vecina, así que tardamos como 10 minutos en llegar. Alli nos encontramos a las demás chicas del grupo: Jessica, Carla y Lucía.

-¡Hola chicas! -dije- Estáis todas preciosas.

Jessica lucía un vestido negro de gasa que le quedaba como un guante, Carla un vestido con estampado de flores y escote palabra de honor, y Lucía un vestido de lentejuelas verde que también les sentaba genial.

-Gracias, tú tampoco estás mal -dijeron ellas en respuesta-.

Igual que la respuesta de Nati, la suya me dejó un poco K.O. Un "tampoco estás mal" para mi vestido. ¿O para mí? No, no podía ser para mí, ellas no me harían esto, además, mi look se me veía perfecto en mi habitación...

-¿Entramos? Aquí hace frío -dijo Carla.

Solo entrar, nos recibieron unas mesas enormes repletas de comida de distintos olores y colores, que debajo de las luces que iban cambiando de color, les daba un efecto mágico. En una de las esquinas había un barril de 5 litros de cerveza, y, en otras dos esquinas había dos mesas auxiliares llenas de distintas bebidas, también de distintos colores. A mis 16 años, aún no era capaz de distinguir todas esas bebidas, ya que ni yo ni mis amigas habíamos bebido nada de alcohol nunca salvo alguna cerveza ocasional comprada sin problemas en los paquistaníes.

Nos acercamos a hablar con Nacho, "nachete para la titis" ya que era el anfitrión de la fiesta.

-Muchas gracias por invitarnos, Nacho. Si podemos hacer algo a cambio para que te sientas bien...

-Si me dejaras tocarte ese culito que tienes Nati, yo sería feliz.

Mi amiga se echó a reír, y uniéndome a la broma, le dije a Nacho:

-Si te sirve el mío ¡jajajajaja! -empecé a reírme, hasta que me dí cuenta que era la única que lo hacía, así que me callé.

Durante unos segundos todos estuvieron en silencio, desviándome la mirada y con cara de estar incómodos. Realmente no entendía que estaba pasando. ¿Por qué todo el mundo estaba tan raro hoy?

-Bueno, yo os dejo, tengo que ir a saludar a más invitados -dijo Nacho yéndose a toda pastilla-.

-Tengo hambre, ¿vamos a comer algo? -dije señalando los trozos de pizza que había en una parte de la mesa-.

-Yo no tengo mucha hambre, pero ve tu si quieres -dijo Carla-.

-La verdad es que yo he comido antes de venir y no me cabe nada más... -dijo Jess-.

-Yo tampoco tengo hambre, más bien ganas de ir al baño. Chicas, ¿me acompañáis? Así mientras tú, Vero, puedes ir a buscar la pizza y comértela... -dijo Naty-.

- ¿Y tú, Lucía? -dije-.

-También hacía rato que tenía ganas de ir al baño...

Así que yo me dirigí hacía la mesa donde se encontraba la pizza, mientras ellas iban al baño. Cogí el pedazo más grande de pizza y me lo empecé a comer. Hoy todos están muy raros, ¿acaso les he hecho algo?

Me terminé la pizza, y al ver que no habían regresado, decidí ir a buscarlas yo y pedirles perdón por lo que fuera que les había hecho. Justamente iba a abrir la puerta del grandioso baño cuando oí mi nombre en la voz de Carla, entonces una voz en mi cabecita me dijo que escuchara detrás de la puerta.

-¿Habéis visto a Vero? ¿Cómo puede tener el valor de ponerse ese vestido con semejante cuerpo? -dijo Carla-.

-Parece una pelota de grasa azul jajajajaja -carcajeó Jess-.

-Chicas, os lo digo yo, que lo sé, que ella usa una 42 y además le queda justa... Debería vestirse más acorde con su peso -dijo Naty. Y ese fue el comentario que más me dolió porqué no me lo esperaba-.

-Y pesando tanto y lo primero que hace tan solo al llegar es ir en busca de pizza... Vaya foca -dijo Lucía-.

Noté como una lágrima se deslizó por mi mejilla, y luego otra, y otra. Y así se fueron sucediendo una detrás de otra, como una cascada. No podía quedarme ahí, debía huír, escaparme de todo. Esto no podía estar pasando. Esto... no podía pasarme a mí.

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¡Hola! Ésta es mi primera novela por aquí, y espero que a los que la leáis os guste y/o comentéis.

Voy a publicar mínimo una vez a la semana (salvo en época de exámenes) y no tengo un máximo.

Para conoceros más: ¿qué pensáis sobre la anorexia y la bulímia?

Un beso,

A.

Ana me ama¡Lee esta historia GRATIS!