Capitulo 43

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Steven dio un beso en mi mejilla y comenzamos a caminar hacia su auto. Como todo un caballero –Nada del Adler que había conocido- me abrió la puerta. Entre en el auto y mientras el daba la vuelta para entrar, saque de mi cabeza aquella escena sospechosa en el salón. El entro e hizo que lo mirara. No me dijo nada y sonrió.

Carrie: ¿Qué? 

Steven: ¿Me deja secuestrarla, Señorita Fiennes? –dijo con una enorme sonrisa.

Carrie: Adler, tengo trabajo que hacer. –Pase mi mano por su rostro-. Secuéstrame otro día. 

Steven: No funciono con el permiso, así que voy a secuestrarte de igual manera. 

Encendió el auto y salió del estacionamiento rápidamente. Aún tenía su hermosa sonrisa en su rostro y mirada fija en el camino. Me coloque rápidamente el cinturón y lo mire.

Carrie: Steven, no puedes “Secuestrarme” 

Steven: Claro que puedo, ¿No ves que lo estoy haciendo? 

No pude evitar sonreír y mirar por la ventana. Íbamos a camino a su casa, el camino había quedado grabado en mi memoria para siempre. Ninguno de los dos dijo algo más en el camino, el silencio invadió el auto. Al llegar el bajo y me abrió la puerta, yo me cruce de brazos y me negué a bajar. 

Steven: ¿Qué pasa? –dijo observándome fijamente.

Carrie: Esto es un secuestro, ¿No? –Él sonrió-. Debo poner resistencia. 

El rio y miro hacia los lados. Yo seguía cruzada de brazos mirándolo fijamente. De pronto Steven, me tomo en sus brazos y comenzó a caminar hacia la casa. Con este secuestrador, Pff cualquiera se deja. Al entrar a la casa el me llevo hacia el sofá y me acostó en él. 

Carrie: ¿Ahora me obligaras a tener sexo contigo? –levante una ceja.

Steven: No. Señorita Fiennes, no voy a obligarla a tener sexo por dos cosas. 

Carrie: ¿Ah si? ¿Cuáles? 

Steven: La primera es que sé que se muere por estar conmigo. –yo sonreí-. Y la segunda es que no vamos a tener sexo. –lo mire confundida-. Haremos el amor. 

Antes de que dijera algo, Steven me callo con un beso. Necesitaba tantos sus besos, lo necesitaba a él y estaba comprobando que no podía estar lejos del imbécil, odioso y estúpido Steven Adler. Steven comenzó a subir mi camisa y me separe un poco de él, el me miro atento y dio un corto beso en mis labios. 

Carrie: No en el sofá. –reí.

Volvió a tomarme en sus brazos y comenzamos a subir las escaleras. Entramos en su habitacion y el con delicadeza me acostó en la cama. Termino lo que había comenzado, mi camisa ya había desaparecido. Su dedo pasaba por mi abdomen y provocaba escalofríos en mí. Mientras así eso, su mirada estaba fija en mí, se me hacía imposible no sonrojarme. Pase mis manos por su cuello y lo atraje de nuevo a mis labios. Sentía que sus prendas comenzaban a estorbar, así que era hora de que yo me desasiera de ellas. 

Quite su camisa y rápidamente baje mis manos hacia el botón de su pantalón, era hora de que desapareciera. Lo arroje al piso junto a las otras prendas y lo observe. En ese momento él era mío… solo mío, no pude evitar y mordí mi labio inferior con ese pensamiento. Steven, no tardo en quitar mis pantalones y jugar con mi sostén. La necesidad de que quitara esas prendas me estaba matando. Si esto no era lo correcto… ¡Al diablo!, no se debe hacer siempre lo correcto. 

Quitamos las ultimas prendas que nos quedaban y el busco en su mesita de noche un preservativo. Hace un par de días comencé a tomar las pastillas así que antes de que se lo colocara lo detuve. Él me miro un poco confundido y tome aire para hablar. 

Carrie: No es necesario. –dije con un tono poco audible-. Estoy… tomando las pastillas. 

Steven: ¿Segura?

Carrie: Sí. 

Dejo el preservativo a un lado y se acomodó entre mis piernas. Sería la primera vez que… lo sintiera de esta manera, sin nada de látex de por medio. Steven, penetro en mi suave y me dolió un poco, solo un poco. Mis manos recorrían su espalda desnuda y mis labios eran devorados por los de él. Steven, comenzó a moverse más rápido y el dolor… quedo atrás. Era maravilloso sentirlo así, era distinto y me gustaba. Las embestidas de Steven eran cada vez más rápidas, aunque a veces detenía el ritmo. 

Llegamos al orgasmo casi al mismo tiempo. Steven se acostó a mi lado y me abrazo por la cintura. Nuestras respiraciones estaban tomando su punto normal, poco a poco. De vez en cuando me daba besos en el cuello o acariciaba mi espalda, provocando una corriente eléctrica en mí. 

Steven: Ni siquiera te imaginas cuanto te amo. –dijo en mi oído.

Carrie: Quizás lo mismo que yo a ti. –Dije y cerré mis ojos-. Quizás si lo imagino. 

Me aferro más a él y yo abrí mis ojos. Él me hacía sentir las mejores sensaciones del mundo. 

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