Cap. 1: Escuadrón Cebra

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¿Pueden un beso o una caricia ser eternos, el amor ser intangible?

De hecho sí. Alguna vez, en un futuro no muy lejano, Cris Kelvin confirmará esta interrogante. Pero eso no es algo que pueda atender ahora. Se encuentra en medio de la nada, en un punto intermedio entre Ciudad de la Costa e Isla de Flores. Un moderno y rápido medio de transporte aéreo, transita esa región del Río de la Plata camino a la plataforma petrolera Icarus, perteneciente a la multinacional: UHR, división: Fuels. Sobrevuelan por encima de unas olas embravecidas y reconvertidas a un estado salvaje. Al tiempo que Kelvin se hace algunas de estas interrogantes, la aeronave atraviesa una cortina de lluvia furiosa, intensa, la cual cae desde hace veintinueve días casi sin pausa.

Cris está muy seguro de lo que quiere hacer, completamente seguro de que debe intentar salvar a las personas que han quedado atrapadas en la planta, luego de un accidente. Debe intentarlo a cualquier costo, aunque no será nada sencillo.

──¡¿Cuánto falta?! ──Le pregunta a Cris el camarada que tiene a la derecha, Herman Mieldric. Dentro de la cabina donde se encuentran, se viven instantes tensos y reflexivos. El sonido de la lluvia repiquetea contra el metal exterior, genera gran ruido. Más adelante, las maniobras del piloto Kevin Narváez sacuden a los demás camaradas de Kelvin. Los gritos alocados del siempre acelerado Mieldric, se ahogan en intensa turbulencia.

──¡Dos minutos! ──Le responde a Herman su mejor amigo, Ian Dembovics, a idéntica intensidad de voz superpuesta a los enfurecidos elementos de la naturaleza.

La plataforma Icarus, colosal estructura situada al sur del Océano Atlántico, extrajo hasta el día de ayer, domingo de noche, varios cientos de galones de petróleo crudo. Los barriles estaban listos para enviar a la refinería de ANCAP, ubicada en la bahía de Montevideo, con la finalidad de procesar la materia prima. Icarus lleva más de dos décadas de éxito en esta tarea. También se extrae algo de gas natural, con el cual se abastece al país y a parte de esta región sudamericana. Pero hasta los países neutrales pueden acarrear consecuencias de una guerra incoherente, al punto del holocausto final. En algún instante incierto de la madrugada de lunes, Icarus fue alcanzada por la onda expansiva de una ignición.

En alguna parte del océano, lejos de Icarus aunque no lo suficiente, una bomba termonuclear gestó un estallido de enormes dimensiones. Cuando la onda expansiva alcanzó Icarus, las consecuencias fueron inmediatamente catastróficas. Sufrió un inesperado incendio en los procesadores cinco y siete, lo cual derivó en violentas explosiones que destrozaron las alas este y sur de la plataforma. Los daños causados fueron irreversibles. En menos de dos horas después, la alerta llegó al teléfono personal del general en jefe del ejército. De inmediato, dio orden de enviar al Escuadrón Aéreo número cinco de las fuerzas aéreas del ejército, conocidos por ser los mejores rescatistas del Estado.

No obstante, la compañía multinacional UHR, propietaria de la plataforma y empleadora de todas las personas que trabajan allí, decidió hacerse cargo y enviar a sus propios hombres desde la división UHR Security. Antes que los rescatistas del ejército nacional partieran con sus helicópteros viejos, heredados de países que ya no los utilizan, UHR Security envió la moderna aeronave Épsilon I para traer de regreso a casa a supervivientes. Nueve soldados de élite viajan en esta aeronave camino al infierno. Se trata de ocho soldados especialmente entrenados para este tipo de situación, liderados por un coronel llamado Iván Elek. Este último es un condecorado estratega de ambición hambrienta.

Montevideo 2077¡Lee esta historia GRATIS!