Capitulo I

30 6 0

Hace mucho tiempo, en un alegre pueblo campesino, vivía un joven apuesto llamado Dipper Pines, él y su hermana Mabel perdieron a sus padres cuando eran pequeños, fueron acogidos por sus tíos, su tío Stanley un hombre de negocios algo codicioso y su tío Stanford un aventurero que debes en cuando viajaba por el mundo en busca de rarezas y anotaba sus descubrimiento en una seria de diarios.

Los tíos de Dipper habían sido muy ricos, después por desgracia sus negocios empezaron a ir mal tanto que la familia Pines se vieron obligados a vivir en la pobreza. Dipper siempre se ocupaba de todos los trabajos domésticos y de cuidar de su hermana Mabel. Su hermana en cambio prefería pasar los días en el ocio.

Durante el invierno sus tíos se irían de viaje por negocios, a los mayores no les gustaba la idea de dejar a los jóvenes gemelos solos, generalmente cuando uno de los mayores iba de viaje el otro se quedaba a cuidar de los gemelos menores, pero esta vez era necesario que ambos fueran por lo que en compensación por su ausencia les preguntaron a los menores que querían que les trajeran como obsequio.

— ¿Podrían traerme un vestido de obsequio y unos hermosos zapatos que haga juego?— pido la joven Mabel a sus tíos quienes se estaban terminando de alistar para su largo viaje.

—bien un vestido y uno zapatos— dice el tío Stanley haciendo recuento de lo que debía comprar para su amada sobrina.

— ¿Y tú que quieres Dipper?— pregunto el tío Stanford a su sobrino quien estaba ayudando a sus tíos empacando la comida que el mismo preparo para su viaje.

—Yo no quiero nada tío, gracias, solo deseo que regresen sanos y a salvo— respondió cortésmente Dipper.

—No te preocupes por nosotros, regresaremos con bien, pide algo que te gustaría tener, no te preocupes te traeremos lo que quieras— insistió el mayor a su joven sobrino.

El menor lo pensó unos breve momento —bueno... creo que me gustaría una rosa— dijo el menor con una dulce sonrisa.

El mayor se quedó confundido — ¿una rosa?, Dipper las rosas no crecen en pleno invierno— corrigió el mayor de manera amable a su sobrino, le extragña tal petición, después de todo Dipper no era ningún tonto al contrario era un joven brillante y debía saber muy bien que era imposible que hubiera rosas durante el invierno.

El joven castaño rio ante el comentario de su tío y respondió —lo que significa que no necesito nada— fue cuando el mayor en tendió lo que quería decir su joven sobrino, era una manera Cortez de decir que no deseaba nada en realidad más que su regreso.

—De todas formas hare lo posible por traerte tu obsequio— dijo el mayor a lo que Dipper ya no objeto después de todo sabía que era imposible que consiguiera aquel obsequio.

Así los mayores Pines partieron de pueblo comenzando su largo viaje, para su fortuna todo había salido bien, habían conseguido el dinero suficiente para salvarse de la quiebra. Después de comprar cosas necesarias para sus siguientes negocios más los obsequios para su amada sobrina, partieron camino a su hogar donde sus queridos sobrinos aguardaban su llegada.

Durante su camino a no mucho tiempo de llegar a su hogar los hermanos Pines cabalgaban en sus caballos felices de volver a su hogar pero a diferencia de su hermano, el Señor Stanford se sentía mal por no poder conseguir el obsequio a su amado sobrino, aun cuando él sabía muy bien que a Dipper no le importaría el no recibir obsequio, quería recompensarlo por su esfuerzo, él se esforzaba mucho en lo labores de la casa y cuidando de su hermana, se merecía algo.

Al poco tiempo los hermanos pudieron divisar un enorme castillo que pertenecía a las tierras de su pueblo, lo cual les pareció extraño a ambos, durante toda su vida jamás se enteraron acerca de un rey o que su pueblo era un reino, aun así no le dieron mucha importancia y siguieron su camino, estando más cerca del castillo ambos señores pudieron apreciar algo realmente extraordinario, en el castillo había dos climas, en la mitad de este estaba nevando de acuerdo a la estación presente y en la otra mitad era un clima cálido, lo cual les llamo mucho la atención.

Pensaron en seguir su camino sin adentrarse en aquel castillo después de todo ya estaban a poco de llegar a su hogar. Pero a lo lejos algo llamo la atención del Señor Stanford, en el lugar donde había un clima cálido había un arbusto de rosas, al ver las no lo dudo dos veces en bajar de su caballo y entrar en aquel castillo, su hermano le llamo la atención pero este hiso caso ominoso de su llamado.

— ¡Mira Stan estas hermosa rosa!, ¡le llevare una a Dipper!— dice emocionado a su gemelo señalando el hermosos arbusto de rosas.

—oye no deberíamos estar aquí, este lugar de seguro esta embrujado ¿Qué no vez el clima raro?, deja eso y vámonos, los niños nos esperan— dijo Stanley, aquel lugar no le daba buena espina.

—solo tomare una rosa no afectara en nada, además... Dipper se lo merece— dice Stanford a su hermano el cual no pudo objetar ante ese hecho, la gran ayuda que les brindaba el joven al hacer los deberes de la casa y cuidar de su hermana, ya era hora de recompensar de alguna forma su esfuerzo.

—Está bien pero apresúrate este lugar me causa escalofríos—dice resignado esperando a que su hermano no demorara en conseguir aquella rosa para irse de una vez de aquel lugar.

Stanford observaba todas y cada una de las rosas esperando escoger la mejor para su sobrino, escogió aquella que aún permanecía en su capullo, le durara más tiempo. Una vez teniendo la flor en su mano, llamo a su hermano para volver a emprender su camino.

Pero antes de poder cruzar la enorme reja, antes ellos se hiso presente una figura, un hombre de ropas finas, cabello dorado como el sol, ojos hermoso y a la vez penetrantes y una sonrisa retorcida en su rostro.

—vaya, vaya, vaya pero que tenemos aquí, intrusos que no solo invaden mi propiedad sino que también toman lo que no les pertenece—aquella voz sonaba como si muchas voces hablaran al unísono.

— ¿saben que hago con aquellos que cometen tal osadía? — dice aquel hombre sujetando sin esfuerzo alguno a ambos hombres del cuello, haciendo ligera presión con sus manos.

—Por favor perdónenos, no quisimos cometer tal ofensa—Dice Stanley tratando de calmar a el dueño de ese lugar.

—No me interesa, los matare sin piedad alguna— dice aquel hombre con burla, le parecía divertido verlos suplicar por sus vidas.

— ¡No por favor tenemos 2 sobrinos que nos esperan en casa!— habla esta vez Stanford tratando de soltar de su agarre.

—con que tienen niños esperando por su llegada—dice burlonamente, para nada le interesaba, su patética historia, igual podría seguirlos hasta su hogar y matar a todos, eso sería más divertido.

— ¡Si son niños maravillosos que nos esperan en casa y no podemos morir por que no queremos dejarlos en este cruel mundo!— dice Stanley esperando convencer a aquel hombre.

— ¡Si es por eso que tome la rosa como obsequio para mí querido sobrino que se lo merece por su esfuerzo!— aquello último le llamo la atención al hombre, quien inmediatamente ideo un plan.

—Bueno, que tal si hacemos un trato— dice el hombre soltándolos al fin.

— ¿Un trato?— cuestionaron los gemelos al unisonó.

—sí, les perdonare la vida y se pueden llevar la rosa a cambio de su sobrino aquel que le será obsequiada la rosa— dice el hombre admirando por un momento aquella hermosa rosa que tenía en sus manos.

— ¿¡a Dipper!?— responde Stanford impresionado por aquella propuesta.

—Sí, tengo algo muy especial para el joven— dice el hombre mirando a los hombre con burla.

— ¿Qué dicen... cerramos el trato?— cuestiona el hombre extendiendo su mano en la cual aparece rodeándola un extraño fuego azul.

Continuara........










Nota del Autor:

Bueno esta es mi primer historia de uno de mis Ships favoritos "BillDip" espero que les sea de su agrado, sin mas que decir me despido de ustedes, espero que se la estén pasando bien y los veo en la siguiente actualización. 

El Joven y La Bestia.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora